Por, Carolina Pérez, editora Revista Ecociencias.
El sarampión, una enfermedad que se consideraba erradicada en varios países, ha resurgido con fuerza en distintas partes del mundo, reviviendo con ella un debate que dábamos por superado, mas, está lejos de serlo. Según datos de UNICEF, entre 2010 y 2017, alrededor de 169 millones de niños no recibieron la primera dosis de la vacuna contra el sarampión, lo que ha contribuido al aumento de brotes a nivel global. Estas cifras son alarmantes y escalofriantes, por lo menos. La desconfianza sobre las vacunas está en el aire como un virus, y a pesar de que Chile lidera en América Latina con su programa de inmunización, hay autoridades que sin ser expertos en la materia, osan a cuestionar su efectividad, dejando en el olvido uno de los avances científicos más importantes de la humanidad.
Para ponernos en contexto, actualmente, en Estados Unidos, se han registrado casi 400 casos recientes de sarampión, con dos fallecimientos, lo que ha afectado principalmente a personas no vacunadas. Este fenómeno enciende las alarmas en Chile, donde, aunque no se han reportado casos de transmisión interna, se mantiene una vigilancia epidemiológica activa para prevenir posibles brotes.
Chile ha sido reconocido por su sólido Programa Nacional de Inmunizaciones (PNI). Un estudio publicado en la Revista Panamericana de Salud Pública en 2019 posicionó a Chile y Panamá a la cabeza de los programas de inmunización en América Latina, destacando la vacunación en el primer y segundo año de vida. Este éxito se debe a políticas públicas consistentes y a una alta tasa de cobertura en la población infantil.
Sin embargo, este panorama se ve amenazado por el auge persistente de movimientos antivacunas, sumado a eso las declaraciones de figuras públicas que cuestionan la seguridad y eficacia de las vacunas, tampoco ayudan. Recientemente, el diputado y candidato presidencial Johannes Kaiser afirmó que el calendario de vacunación en Chile incluye “72 dosis”, cifra que posteriormente rectificó, aclarando que correspondía a datos de Estados Unidos. Sus declaraciones fueron calificadas por el Gobierno como un “retroceso” y una muestra de desconocimiento sobre el efecto positivo de las vacunas.
Es fundamental recordar que las vacunas han sido una herramienta clave en la erradicación y control de enfermedades infecciosas. La Organización Panamericana de la Salud insta a reforzar la vacunación y la vigilancia para prevenir brotes de sarampión en el continente Americano.
En Chile, la vacunación es gratuita y está disponible en vacunatorios públicos y privados en convenio con las Secretarías Regionales Ministeriales de Salud. Mantener altas coberturas de vacunación es esencial para proteger a la población y evitar el resurgimiento de enfermedades prevenibles.
Cuando gozamos de buena salud, rara vez cuestionamos el papel que la ciencia moderna ha desempeñado en la mejora de nuestra calidad de vida. Sin embargo, este reconocimiento se ha visto empañado por la manipulación de la realidad con fines perniciosos, generando un clima de desconfianza difícil de erradicar. Como una enfermedad virulenta, esta desinformación se ha propagado, impulsada por la ignorancia y la falta de empatía.
Más que nunca es imperativo que la sociedad chilena continúe confiando en su programa de inmunización y que las figuras públicas actúen con responsabilidad al referirse a temas de salud pública. La desinformación y las dudas infundadas sobre las vacunas pueden socavar décadas de avances en salud y poner en riesgo la vida de miles de personas. La información y educación son herramientas clave en este y tantos otros temas que al día de hoy, son puestos en duda.