Astrónomos chilenos descubren un nuevo objeto interestelar que se dirige al Sol

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Ilustración: ʻOumuamua Representación artística del primer objeto interestelar detectado en 2017.

Desde la Región de Coquimbo, el Sistema de Alerta de Impacto Terrestre de Asteroides (ATLAS-4), operado en Chile por astrónomos del Instituto Milenio de Astrofísica (MAS), vuelve a ser protagonista en el escenario científico mundial. Esta vez, por la detección de un objeto interestelar que avanza a gran velocidad hacia el Sol.

El hallazgo ocurrió el pasado 1 de julio en la comuna de Río Hurtado, cuando el observatorio El Sauce —sede de ATLAS-4 en Chile— captó un visitante cósmico proveniente de más allá del Sistema Solar. Cada noche, desde este lugar, astrónomos chilenos monitorean el cielo con sistemas computacionales de última generación para alertar sobre cuerpos potencialmente peligrosos que se acercan a la Tierra. Pero esta vez, lo que observaron fue un fenómeno excepcional.

Imagen: Órbita de 3I/ATLAS
Diagrama que muestra la trayectoria del cometa interestelar mientras atraviesa el Sistema Solar. Se acercará al Sol en octubre. Créditos: NASA / JPL-Caltech.

Se trata de 3I/ATLAS, el tercer objeto interestelar detectado en la historia, tras el misterioso ʻOumuamua en 2017 y el cometa Borisov en 2019. La detección fue posible gracias al trabajo del equipo chileno del MAS y su participación en la red ATLAS, integrada además por dos telescopios en Hawái y uno en Sudáfrica.

Un nuevo viajero de las estrellas

Según el investigador del MAS Alejandro Clocchiatti, el objeto fue clasificado como un cometa —una “bola de nieve sucia” compuesta por polvo, roca y hielo— que, al momento del hallazgo, se encontraba a unos 679 millones de kilómetros del Sol y se desplazaba a más de 60 kilómetros por segundo.

“No proviene del Sistema Solar, solo está de paso. A medida que se acerque al Sol, continuará aumentando su brillo y alcanzará su perihelio (punto más cercano al Sol) el 29 de octubre, para luego alejarse definitivamente”, detalla el astrónomo.

Defensa planetaria con sello chileno

El descubrimiento de 3I/ATLAS resalta la importancia de las iniciativas de defensa planetaria. “ATLAS Chile monitorea zonas que no son cubiertas por otros sistemas. Había muchas imágenes previas al hallazgo que no habían activado las alertas, pero fueron claves para calcular con precisión su órbita y confirmar su naturaleza interestelar”, explica Clocchiatti.

Comet 3I/ATLAS
Observación del cometa realizada el 1 de julio de 2025 por el telescopio ATLAS-4, operado en Chile y financiado por la NASA. Créditos: ATLAS / Universidad de Hawái / NASA.

El cometa, de entre 10 y 20 kilómetros de diámetro, no representa amenaza para la Tierra. “Aunque la estimación aún es preliminar, estamos hablando de un objeto significativamente mayor a otros que han impactado nuestro planeta. Por ejemplo, el meteoro de Chelyabinsk medía menos de 20 metros, y el de Tunguska unos 30. Incluso el que provocó la extinción de los dinosaurios, Chicxulub, tenía un tamaño similar al de este nuevo cometa”, compara el científico.

¿De dónde viene?

Se estima que 3I/ATLAS proviene desde la dirección de la constelación de Sagitario. Durante su viaje, pasará a 0,19 Unidades Astronómicas de Marte, es decir, a más de 28 millones de kilómetros —unas 74 veces la distancia entre la Tierra y la Luna.

Será visible desde nuestro planeta hasta inicios de septiembre de 2025. Sin embargo, durante su paso más cercano al Sol no podrá observarse desde la Tierra debido a su posición respecto a nuestra estrella. En ese periodo, las naves espaciales ubicadas en Marte podrían desempeñar un papel clave para continuar su observación.

La comunidad científica ya planea realizar un seguimiento con telescopios terrestres y espaciales, e incluso con sondas marcianas, para estudiar su composición, la evolución de su actividad, su rotación y posibles aceleraciones no gravitacionales.

Una rara joya cósmica

El descubrimiento de 3I/ATLAS representa una oportunidad única para explorar los orígenes y la diversidad de los cuerpos celestes que provienen de otros sistemas estelares. A diferencia de sus predecesores, este nuevo cometa parece combinar características tanto de ʻOumuamua —que no mostró signos de actividad cometaria— como de Borisov, que sí lo hizo.

Si en futuras observaciones se detectaran compuestos orgánicos como aminoácidos, podría abrir nuevas puertas en la búsqueda de vida en otros rincones del universo. Se estima que en cualquier momento podrían haber hasta 10 mil objetos interestelares cruzando nuestro sistema solar, aunque la mayoría serían demasiado pequeños para ser detectados.

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