La iniciativa busca reducir la dependencia de insumos importados y democratizar el acceso a la ciencia mediante tecnologías libres y colaborativas.
¿Es posible hacer biotecnología avanzada sin depender de costosos equipos extranjeros ni laboratorios de última generación? Un grupo de científicos del Instituto Milenio de Biología Integrativa (iBio) está demostrando que sí es posible, y lo están haciendo desde Chile. A través del desarrollo de reactivos biológicos y equipamientos científicos de bajo costo, están llevando la ciencia a territorios remotos, establecimientos educacionales y comunidades que tradicionalmente han estado al margen del quehacer científico.
La propuesta tiene un enfoque claro: impulsar la soberanía científica, reducir la dependencia de productos importados y facilitar que la biotecnología pueda practicarse en cualquier lugar, sin barreras geográficas ni económicas. Para lograrlo, el equipo de iBio está apostando por tecnologías abiertas, modelos colaborativos y un enfoque de propiedad intelectual que permita el libre acceso, reproducción e incluso la comercialización de sus desarrollos por terceros.
“Queremos que hacer biotecnología en terreno o en el aula no dependa de tener un laboratorio de punta en Santiago o de esperar el envío de reactivos desde Estados Unidos”, explica la investigadora de iBio, Séverine Cazaux. “Por eso estamos trabajando bajo un modelo que promueve la apertura y la colaboración”, agrega.
Reactivos biológicos sin células: una tecnología portátil y segura
Uno de los ejes centrales del proyecto es la producción de reactivos biológicos abiertos, fabricados mediante una técnica llamada “cell-free” o libre de células. Tradicionalmente, la biotecnología ha dependido del uso de células vivas —como bacterias o levaduras— para producir proteínas y enzimas. Sin embargo, este nuevo enfoque extrae los componentes activos de las células, como enzimas, ribosomas y factores de transcripción, y los utiliza de forma independiente.
“El jugo celular que obtenemos funciona como una mini fábrica biológica, pero sin los riesgos que implican los organismos vivos. Además, puede secarse y transportarse como si fuera una sopa instantánea, lo que lo convierte en una herramienta ideal para hacer ciencia en zonas remotas, con total seguridad”, explica Cazaux.
Este método ya ha sido utilizado con éxito para producir reactivos esenciales como los necesarios para pruebas de diagnóstico molecular tipo PCR o LAMP, incluso en terreno, tras viajes en avión o recorridos de varias horas por carretera. La portabilidad y estabilidad del material permiten que se almacene fácilmente y se utilice cuando y donde se necesite.
Ciencia abierta al alcance de todos: equipamiento low-cost y colaboración internacional
El segundo componente del proyecto es la creación e integración de equipamiento científico de bajo costo y código abierto, especialmente diseñado para complementar el uso de estos reactivos. Termocicladores portátiles, incubadoras, colorímetros y otros instrumentos han sido desarrollados por el equipo de iBio en colaboración con una red global de expertos.
Estos dispositivos permiten realizar experimentos de biología molecular en contextos donde la infraestructura científica es limitada o inexistente. Gracias a esta estrategia, se han podido ejecutar protocolos de laboratorio en colegios públicos de regiones como Magallanes y Los Ríos, llevando la ciencia a salas de clases que, hasta hace poco, carecían del equipamiento necesario.
La iniciativa se articula también con la red internacional Reclone, cofundada por el Dr. Fernán Federici (Chile) y la Dra. Jenny Molloy (Reino Unido) durante la pandemia, con el objetivo de compartir protocolos, conocimientos y materiales para producir reactivos científicos en cualquier parte del mundo. Actualmente, más de 500 laboratorios en 50 países acceden a estos recursos abiertos, fortaleciendo la biotecnología comunitaria y descentralizada a nivel global.
Este esfuerzo ha sido ampliamente reconocido: la Chan Zuckerberg Initiative apoyó el proyecto, y la revista Science destacó su potencial transformador para la ciencia mundial.
Hacia una biotecnología descentralizada, educativa y con impacto territorial
“Hemos probado estas tecnologías con profesores en regiones australes y los resultados han sido muy prometedores. Estamos demostrando que, con creatividad, colaboración y ciencia abierta, es posible hacer biotecnología de calidad en cualquier parte del país”, destaca Cazaux.
El equipo de iBio no planea detenerse. Actualmente trabajan en la expansión de esta red colaborativa y en la adaptación de sus tecnologías a nuevas necesidades educativas, científicas y territoriales. Su objetivo es claro: inspirar a más personas a involucrarse en la ciencia desde sus propios contextos, con herramientas accesibles, seguras y de alto impacto.
Esta apuesta por una biotecnología accesible, colaborativa y territorialmente situada representa una nueva forma de pensar la ciencia en Chile: no como una práctica exclusiva de laboratorios sofisticados, sino como una herramienta que puede estar al servicio de cualquier comunidad, escuela o territorio que desee desarrollarla.











