Científicas chilenas recurren a bacterias del desierto de Atacama para recuperar suelos agrícolas

0
711

Ante el avance del cambio climático y el deterioro de los suelos productivos, un grupo de investigadoras chilenas trabaja en una solución inspirada en la naturaleza. Se trata del proyecto «Desarrollo de eco-consorcios microbianos para la recuperación de suelos en proceso de desertificación», que busca aprovechar la resistencia de bacterias originarias del desierto de Atacama para devolver fertilidad a tierras agrícolas degradadas.

La iniciativa está a cargo de Andrea Calixto, investigadora del Instituto de Neurociencias de la Universidad de Valparaíso (UV) y del Centro Interdisciplinario de Neurociencia (CINV), junto a la doctora Yoanna Eissler, del Instituto de Química y Bioquímica de la misma universidad.

El propósito principal es crear comunidades microbianas beneficiosas y estables que puedan revertir problemas como la salinización y la pérdida de nutrientes. El desierto de Atacama, uno de los entornos más áridos y extremos del planeta, alberga microorganismos que han desarrollado adaptaciones únicas frente a condiciones similares a las que hoy desafían a la agricultura global.

Una respuesta local a un desafío mundial

“Decidimos poner ciencia y acción para enfrentar una crisis que trasciende fronteras y afecta directamente a quienes dependen de la tierra para vivir”, explica Calixto. La degradación del suelo disminuye la productividad agrícola y amenaza la seguridad alimentaria de comunidades enteras.

Para evaluar la efectividad de estos eco-consorcios bacterianos, el equipo recurre al nematodo Caenorhabditis elegans, un gusano microscópico usado como organismo modelo en biología. La presencia y desarrollo de este nematodo es un indicador de la salud de los suelos: los ambientes fértiles lo albergan, mientras que los más deteriorados suelen carecer de él.

Investigadoras de la Universidad de Valparaíso, Andrea Calixto y Yoanna Eissler.

El C. elegans se alimenta de bacterias, lo que permite observar cómo influyen en su crecimiento y fertilidad. Además, las bacterias atacameñas producen vitamina B12, nutriente esencial para el sistema nervioso que acelera la reproducción de los nematodos y favorece la biodiversidad del suelo.

Del laboratorio al terreno agrícola

El proyecto se apoya en tres ejes: la caracterización de las bacterias del desierto, la validación de los nematodos como bioindicadores y la futura aplicación en cultivos. Para trasladar estos hallazgos al campo, las investigadoras trabajan en conjunto con la empresa regional Agroqtral, integrada por mujeres agricultoras de Valparaíso.

“Queremos que estos consorcios microbianos se establezcan junto a las bacterias nativas, generen comunidades estables y duren en el tiempo. No buscamos fertilizantes químicos ni soluciones pasajeras”, enfatiza Calixto.

Las pruebas preliminares en laboratorio han mostrado resultados positivos: los microorganismos del Atacama logran adaptarse y prosperar en suelos de la región. Con una duración de dos años, el proyecto entra ahora en su siguiente etapa: identificar y reintroducir las especies microbianas necesarias en terrenos agrícolas degradados.

“El objetivo final es contar con una herramienta sustentable que regenere los suelos locales y que también pueda ser aplicada en otros países donde la desertificación avanza con rapidez”, concluye la investigadora.

- Publicidad -