La quinoa hereda memoria materna y transmite resistencia al estrés ambiental a su descendencia

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Panoja de quinoa/UdeC.

Además de ser reconocida por sus notables propiedades nutricionales, la quinoa (Chenopodium quinoa) se distingue por su capacidad de adaptarse a condiciones ambientales adversas. Una investigación reciente de la Universidad de Concepción demostró que esta fortaleza no solo pertenece a la planta madre, sino que puede ser transmitida a sus hijas, gracias a un mecanismo conocido como “memoria materna”.

El estudio observó que las plantas de quinoa sometidas a estrés nutricional registran esa experiencia en su fisiología y metabolismo. Esa “memoria” heredada confiere a la descendencia una mayor capacidad de adaptación en ambientes difíciles, lo que podría ser clave para el manejo de cultivos en suelos pobres en nutrientes.

“Este grano originario de los Andes ha sido cultivado ancestralmente por pueblos originarios, en el norte por los incas y en el sur por los mapuches, y actualmente ha ganado mucha atención por sus altas cualidades nutricionales”

Domesticada hace miles de años en los Andes Centrales, entre Perú y Bolivia, la quinoa hoy se cultiva en una amplia diversidad de territorios: desde el altiplano y las costas de Sudamérica hasta Asia, Europa y África. Su resiliencia, sumada a su alto contenido proteico (12 a 20%) y ausencia de gluten, ha sido valorada por la FAO como estratégica frente a los desafíos de la seguridad alimentaria global.

“Lo que vimos es que las hijas de plantas estresadas son capaces de producir y rendir mejor en las mismas condiciones adversas en las que vivió la madre”, explica la Dra. Luisa Bascuñán Godoy, académica del Departamento de Botánica de la Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas de la UdeC y líder de la investigación.

Los ensayos, realizados en invernadero con la variedad Faro, evidenciaron que las semillas hijas de plantas cultivadas con bajo nitrógeno germinaron más rápido, desarrollaron raíces más grandes y mostraron mayor biomasa en comparación con las descendientes de cultivos con buena disponibilidad de este nutriente.

Estos hallazgos, agrega la Dra. Bascuñán, abren la puerta a nuevas estrategias de cultivo más resilientes en un contexto marcado por el cambio climático y la creciente preocupación por la seguridad alimentaria. “Entender los mecanismos que permiten a la quinoa adaptarse a condiciones extremas es fundamental para proyectar sistemas agrícolas más sostenibles. Chile, con su biodiversidad única y sus variados estresores climáticos, puede ser un laboratorio natural para avanzar en estas soluciones”.

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