Investigación de la Universidad de Concepción muestra que la distribución del felino más pequeño de Sudamérica depende más de la disponibilidad de alimentode la presencia humana.
Un estudio reciente publicado en Conservation Biology por investigadoras e investigadores de la Universidad de Concepción (UdeC) está cambiando la forma en que entendemos la supervivencia de la güiña (Leopardus guigna), el felino salvaje más pequeño de Sudamérica y una de las especies más misteriosas del continente.
Durante años, se proyectó que esta especie perdería hasta un 40% de su hábitat hacia 2050 debido al cambio climático y las transformaciones en el uso del suelo. Sin embargo, el nuevo análisis propone una mirada distinta: la disponibilidad de presas y las precipitaciones son los factores más determinantes para su distribución actual y futura, más incluso que la huella humana.
“Mientras haya comida y refugio, las güiñas deberían tener la capacidad de permanecer en esos lugares”, explica Francisca Zamora Cornejo, bióloga y estudiante del Doctorado en Sistemática y Biodiversidad de la UdeC, autora principal del estudio.
Nuevas perspectivas ecológicas
El equipo utilizó modelos de distribución de especies que combinan variables climáticas, antrópicas y bióticas —como la interacción depredador-presa—, una aproximación innovadora para el estudio de carnívoros neotropicales.

Incorporando información de terreno, literatura científica y bases de datos como el Sistema Global de Información sobre Biodiversidad (GBIF), el modelo incluyó diez de las especies más comunes en la dieta de la güiña, entre ellas pequeños mamíferos, conejos y marsupiales.
Los resultados revelan dos principales zonas de hábitat idóneo:
- Desde el matorral chileno hasta la cordillera de Nahuelbuta, en el límite del Biobío con La Araucanía.
- Desde el sur de La Araucanía hasta Chiloé y áreas adyacentes de Argentina, abarcando el Bosque Valdiviano.
Aunque la idoneidad de hábitat en el valle central de Chile ha disminuido por la urbanización y el cambio de uso de suelo, el estudio destaca que la especie aún persiste en zonas verdes periurbanas, como el Cerro Caracol en Concepción, siempre que existan presas y refugios disponibles.
Un delicado equilibrio
Las precipitaciones también juegan un papel relevante, no de forma directa sobre la güiña, sino sobre sus presas. Los ciclos de vida de roedores y marsupiales, influenciados por la lluvia, determinan la disponibilidad de alimento.
“Un poco de lluvia o calor no es un problema para este gato. El problema surge cuando las alteraciones climáticas afectan a sus presas”, señala Zamora.
Una especie aún vulnerable
Pese a las proyecciones menos pesimistas, Leopardus guigna continúa clasificada como vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
El equipo enfatiza que, más que modificar su categoría, los resultados invitan a redirigir los esfuerzos de conservación hacia otras amenazas: la competencia con especies domésticas (perros y gatos), los incendios forestales, los atropellos y las cacerías en represalia.
También subrayan la urgencia de fortalecer áreas protegidas, crear corredores biológicos y fomentar la educación ambiental para mejorar la coexistencia entre fauna nativa y comunidades humanas.
“La naturaleza nos sorprende una vez más: la güiña demuestra una gran capacidad de adaptación si encuentra alimento y refugio”, comenta el Dr. Enrique Rodríguez Serrano, académico del Departamento de Zoología UdeC y coautor del estudio.

El estudio de la UdeC no solo redefine la comprensión ecológica de la güiña, sino que resalta la importancia de considerar las interacciones biológicas en los modelos de distribución y conservación de especies.
Más allá del cambio climático o la expansión humana, la supervivencia del pequeño felino depende de algo esencial y natural: mantener el equilibrio de la cadena alimentaria.











