Estudio de la Universidad Católica del Maule revela sesgo de género en los textos escolares de matemática y STEM

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Una investigación liderada por Karina Vilches Ponce, académica de la Universidad Católica del Maule, analizó más de 700 tareas de textos escolares de matemáticas y evidenció omisiones, despersonalización y una mirada adultocéntrica que perpetúa brechas de género en la enseñanza STEM.

Por Carolina Pérez Muñoz

Las brechas de género en áreas STEM comienzan desde cómo se enseña matemática en las aulas. Así lo revela el estudio encabezado por la académica Karina Vilches Ponce —integrante del equipo InES Género y del Observatorio ADA de la Universidad Católica del Maule— junto a Darlis Panqueban, Jaime Huincahue y Mariana Lázzaro-Salazar, que analizó cómo se representan el género y la diversidad en los libros de texto de matemáticas utilizados en la educación media chilena. La investigación titulada “Sesgo de género en tareas STEM e interdisciplinares: el caso de los libros de texto de chilenos”, examinó 735 tareas distribuidas en cuatro textos escolares entregados por el Ministerio de Educación, identificando la persistencia de sesgos y omisiones en las actividades STEM e interdisciplinares. El estudio fue publicado en la Revista Chilena de Educación Científica (2025).

Una marcada ausencia de perspectiva de género y una tendencia a la despersonalización en los ejercicios revelaría la investigación de la UCM. Más del 60% de las tareas no incluye personajes, lo que sugiere un distanciamiento del componente humano en la enseñanza de las matemáticas. Cuando sí aparecen figuras, los hombres están sobrerrepresentados, mientras que las mujeres son minoría y no se registran menciones a personas de la comunidad LGTBQ+ ni con diversidad funcional. Además, predomina el uso del masculino universal, incluso en casos donde las ilustraciones muestran mujeres, perpetuando una narrativa lingüística que invisibiliza su presencia.

Marcado adultocentrismo en textos

El estudio también identifica una mirada adultocéntrica en los contenidos. Las tareas se sitúan mayoritariamente en contextos científicos y laborales, dejando de lado espacios familiares, comunitarios o escolares que podrían conectar mejor con la experiencia cotidiana del estudiantado. Este tipo de representación reforzaría una enseñanza descontextualizada, que no siempre considera las realidades culturales y sociales de quienes aprenden. La falta de conexión con los territorios y con las etapas vitales de la niñez y la adolescencia aleja a los y las estudiantes de una comprensión significativa de la disciplina.

Karina Vilches Ponce, académica e investigadora. parte del equipo InES Género y del Observatorio ADA de la UCM.

Frente a eso, la investigadora plantea que esta situación no solo evidencia un problema en el diseño de los textos, sino también en la estructura del sistema educativo y en el uso de los recursos destinados a la enseñanza. “Lo primero que es importante señalar es que actualmente se invierte una gran cantidad de recursos —tanto desde el Ministerio como desde los propios apoderados y apoderadas— en materiales didácticos que, en la práctica, funcionan solo como textos de referencia. Estos materiales no siempre se ajustan al contexto local, lo que limita la posibilidad de generar aprendizajes realmente significativos”, explica Vilches.

Repensar la educación matemática

Avanzar hacia una educación con enfoque de género implica repensar también el formato y la función de los materiales educativos. “Una medida que podría tener sentido, y que además fortalecería una mirada con enfoque de género, sería contar con materiales de referencia en formato digital, como ya existe en parte, reduciendo así la inversión en libros físicos que tienden a perderse o quedar obsoletos. Esta reorientación permitiría poner el foco en lo local —el territorio, la sala de clases y el contexto específico—, elementos fundamentales para transversalizar una perspectiva feminista y contextualizada. No es lo mismo enseñar matemáticas en Chiloé que en Estación Central, y el sistema educativo debería reconocer y adaptarse a esa diversidad”, señala la académica.

Vilches agrega que, si se optimizara el gasto en materiales, podrían destinarse más recursos a mejorar las condiciones laborales del profesorado y la infraestructura escolar, dos factores clave para lograr aprendizajes de calidad. En muchas escuelas públicas, especialmente en zonas rurales, las deficiencias en calefacción, ventilación, espacios de trabajo y alimentación escolar son graves. Garantizar condiciones básicas dignas y equitativas —afirma— es el primer paso para crear entornos de aprendizaje adecuados y, con ello, avanzar hacia una enseñanza de las matemáticas más inclusiva, diversa y contextualizada.

Género, diversidad y contexto en el aula chilena

Respecto al rol docente, la investigadora enfatiza que la transformación también requiere confianza y autonomía pedagógica. “Es fundamental que las y los docentes confíen en su propia formación. Muchas veces reconocen que una actividad no se ajusta a las características de su curso o al contexto social de su escuela. En esos casos, resulta clave confiar en la capacidad profesional para rediseñar y desarrollar actividades significativas, que aborden temáticas pertinentes a la edad del estudiantado, reconociendo la diversidad presente en el aula y el territorio donde se ubica”, explica.

La matemática puede recuperar su sentido social si se vincula con fenómenos reales y se trabaja de manera integrada con otras disciplinas. Incorporar la tecnología, las ciencias sociales, las humanidades o la actividad física permite, según Vilches, fomentar aprendizajes más auténticos y colaborativos. “Incluir distintas áreas en el planteamiento de los problemas contribuye a integrar el currículum y fomenta el trabajo entre docentes, pues en equipo se comparten buenas prácticas y se enfrentan en conjunto las dificultades que se presentan en la escuela”, concluye.

La evidencia aportada hace un llamado a revisar críticamente el discurso matemático escolar. Si bien la matemática se concibe como una ciencia exacta y objetiva, el lenguaje, las imágenes y los ejemplos de los libros de texto, reflejan valores y jerarquías culturales. Por ello, incorporar una perspectiva de género y diversidad no solo es una cuestión de equidad, sino una oportunidad para construir una enseñanza más significativa y situada. Los textos escolares, al ser distribuidos por el Estado, representan una herramienta poderosa para formar ciudadanía, y su renovación constituye un paso necesario para transformar la educación científica del país.

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