Ríos atmosféricos alteran las condiciones del océano costero en el centro-sur de Chile

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En el inicio de la COP30, donde el cambio climático vuelve a ocupar un lugar central en la agenda global, los ríos atmosféricos se consolidan como uno de los fenómenos más reveladores —y preocupantes— del nuevo clima planetario.

Durante las últimas décadas, estos verdaderos “ríos del cielo” se han vuelto más frecuentes e intensos en el sur de Sudamérica. Se trata de enormes bandas de vapor de agua que viajan miles de kilómetros desde los trópicos hacia las latitudes medias, transportando una cantidad de agua comparable a la del propio río Amazonas. Cuando tocan tierra, suelen provocar lluvias extremas, crecidas de ríos y deslizamientos. Pero sus impactos van más allá: también transforman profundamente el océano costero chileno.

Un grupo del Centro COPAS Coastal de la Universidad de Concepción analizó más de 2.400 eventos de ríos atmosféricos ocurridos entre 1979 y 2018, revelando que su paso altera el viento costero, la temperatura superficial del mar, la salinidad y los procesos de surgencia y hundimiento, modificando la dinámica de las plumas fluviales y alterando la disponibilidad de nutrientes —como nitratos y ácido silícico— que sustentan la productividad marina.

“Los ríos atmosféricos han sido ampliamente estudiados por sus impactos en la atmósfera y la hidrología continental; sin embargo, sus efectos sobre el océano costero permanecían poco explorados. Esta brecha de conocimiento nos motivó a entender cómo estos eventos, que actúan como puentes entre la atmósfera, los ríos y el océano, modifican la dinámica costera y los ecosistemas marinos”, explica Yosvany García Santos, doctor en Oceanografía y autor principal de dos publicaciones científicas sobre el tema.

Un fenómeno con dos caras

Los estudios identifican dos tipos principales de ríos atmosféricos frente a Chile:

  • Los inclinados (TARs), que ingresan de forma diagonal a la costa arrastrando vientos del norte, generan hundimiento costero (downwelling), elevando la temperatura y el nivel del mar.
  • Los zonales (ZARs), que llegan frontalmente desde el océano impulsados por vientos del oeste, favorecen la surgencia (upwelling), enfriando las aguas superficiales y enriqueciéndolas con nutrientes.

Estas diferencias producen respuestas contrastantes en la circulación oceánica, la estructura térmica y la disponibilidad de nutrientes a lo largo del litoral chileno.

Los investigadores también comprobaron que los TARs predominan en invierno, mientras que los ZARs son más comunes en verano. Ambos intensifican los vientos costeros y modifican la estratificación del océano, aunque de formas opuestas: los TARs confinan las plumas fluviales y aumentan los nutrientes y la clorofila-a cerca de la costa, mientras que los ZARs dispersan las plumas hacia mar abierto, reduciendo temporalmente la productividad en aguas someras.

Observaciones únicas en terreno

Durante campañas oceanográficas realizadas en 2022 y 2023 frente a la bahía de Coliumo, el equipo obtuvo algunas de las pocas observaciones directas del impacto de los ríos atmosféricos sobre el océano costero.

Detectaron un descenso en la salinidad durante y después de estos eventos, acompañado de aumento en la turbidez y el oxígeno disuelto debido a la mezcla vertical del agua. En ciertos casos, incluso observaron picos de clorofila-a tras el paso de los sistemas, evidenciando la rápida respuesta biológica del plancton ante los cambios físicos y químicos del entorno marino.

Estos hallazgos confirman que los ríos atmosféricos ejercen un forzamiento físico y biogeoquímico más intenso que otros sistemas meteorológicos, y que su duración, orientación y potencia determinan la magnitud de su efecto, observable incluso a más de 20 metros de profundidad.

Implicancias en un clima cambiante

Ambos estudios —publicados en Nature y en Journal of Geophysical Research: Oceans— representan un avance clave en la comprensión de las interacciones atmósfera-océano en el Pacífico suroriental, situando a Chile como un laboratorio natural para estudiar los efectos del cambio climático sobre el océano.

El incremento observado en la frecuencia de los ZARs sugiere que los eventos de surgencia podrían volverse más comunes incluso en invierno, alterando los ciclos estacionales de productividad y la disponibilidad de nutrientes en la zona costera. A su vez, los cambios en las precipitaciones y descargas fluviales podrían modificar la extensión y composición de las plumas de agua dulce, afectando a pesquerías y ecosistemas marinos.

“Comprender cómo los ríos atmosféricos transforman la dinámica costera y la productividad marina es clave para anticipar los impactos de eventos extremos sobre los ecosistemas y comunidades del litoral. Este conocimiento revela los mecanismos que enlazan atmósfera, ríos y océano, y permite prever cómo su intensificación bajo un clima cambiante podría modificar los flujos de nutrientes, la estructura del océano y la distribución de especies. Así, ofrece herramientas valiosas para fortalecer la gestión del riesgo climático, orientar políticas de adaptación y promover un manejo sostenible de los recursos marinos y costeros”, señala García Santos.

En un mundo donde el planeta se calienta y los eventos meteorológicos extremos se intensifican, los ríos atmosféricos son un recordatorio poderoso de que el cielo y el mar están íntimamente conectados, cada río que fluye en la atmósfera puede transformar la vida bajo las olas.

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