Una investigación desarrollada en cuatro sectores de la costa chilena reveló el rol clave de variables ambientales —como la concentración de clorofila-a, indicador de disponibilidad de alimento, y las descargas fluviales— en la biodiversidad de los ecosistemas intermareales. Los resultados preliminares fueron presentados en el 6° Congreso Internacional sobre Medio Ambiente, organizado por la Red de Medio Ambiente (Rema) y el Instituto Politécnico Nacional de México.
El encuentro se realizó entre el 12 y el 15 de noviembre en Los Cabos, bajo el lema “Un solo planeta”. En representación del Magíster en Ecología Marina de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), participó Carlos Campos, quien expuso sus avances en la línea temática “Nuevos Caminos hacia un Mundo Habitable”.
Su presentación abordó cómo la variabilidad ambiental local influye en la estructura y dinámica de las comunidades intermareales de la zona centro-sur de Chile. “El estudio se enfoca en comprender cómo el medioambiente y sus variables afectan la biodiversidad y las relaciones entre especies de distintos grupos ecológicos”, señaló el investigador.
La investigación evalúa factores como la clorofila-a, la temperatura superficial del mar y las descargas de agua dulce en cuatro áreas de muestreo: Constitución, Pelluhue, Buchupureo y Bucalemu. El trabajo es guiado por el Dr. Carlos Lara (UCSC) y el Dr. Mauricio Oróstica (Universidad Católica del Maule).
Entre los resultados preliminares, las variables más influyentes son la clorofila-a y las descargas fluviales, estrechamente vinculadas al aporte de nutrientes desde los ríos. “Esto impacta directamente en la disponibilidad de alimento para los organismos marinos”, explicó Campos.
El estudio también incorpora un análisis del cambio de uso de suelo en las zonas de muestreo, revelando una fuerte expansión agrícola durante los últimos 25 años. Este crecimiento podría estar asociándose a presiones ambientales adicionales. “Pesticidas, insecticidas y otros agroquímicos que llegan a los cauces fluviales podrían estar afectando la dinámica comunitaria. No es una relación confirmada aún, pero sí sabemos que hay una expansión agrícola importante en el área”, agregó.
Las comunidades intermareales analizadas incluyen macroalgas y macroinvertebrados, evaluados según su rol trófico (herbívoros, omnívoros) y sus rasgos funcionales, como su movilidad o adherencia al sustrato. “Nos permite entender cómo interactúan las poblaciones y cómo responden a los cambios del ambiente”, comentó el investigador.
La relevancia del estudio radica en la importancia de la biodiversidad y en los servicios ecosistémicos asociados, como el suministro de materias primas, la regulación de procesos ecológicos y la protección frente a fenómenos extremos. “Las formaciones rocosas reducen la fuerza de las corrientes y actúan como barreras naturales ante eventos como trombas marinas o tsunamis. También aportan valor cultural, espiritual y de cosmovisión para comunidades locales”, destacó.
Sobre su experiencia en el congreso, Carlos Campos valoró la instancia de colaboración. “Había participantes de distintos países de América Latina. Fui muy bien recibido, con un espíritu siempre orientado a compartir conocimiento. Conocí estudios sobre cambio climático, inteligencia artificial aplicada al medioambiente y proyecciones futuras”, comentó.
Finalmente, resaltó el rol fundamental de las universidades en la cooperación internacional, destacando tanto a la UCSC como al Instituto Politécnico Nacional de México por facilitar estos espacios de intercambio científico.











