¿Es sostenible la salmonicultura? El Dr. David Costalago revela la cara oculta de la industria

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Hace algunas semanas estuvo en Chile el Dr. David Costalago, científico marino senior de Oceana Internacional, presentando sobre los aspectos menos conocidos en la producción de salmones de cultivo. Tanto en el Festival Ladera Sur como en el seminario “Salmonicultura en tensión: equilibrando ciencia, regulación y naturaleza”, organizado por Oceana en Chile, el científico español analizó críticamente el modo de operar de la industria, incluyendo temas relacionados con la seguridad alimentaria y la eficiencia, así como un cuestionamiento sobre si la industria salmonera es sostenible o no.

Dr. David Costalago, científico marino senior de Oceana Internacional.

Se trata de una materia en la que Costalago y su equipo en Oceana Internacional comenzaron a indagar hace un par de años, pero su interés por las especies que hoy son parte de la dieta de los salmones había comenzado mucho antes. Su tesis doctoral se enfocó en el estudio de la ecología de pequeños pelágicos, peces que forman cardúmenes en aguas superficiales, como la sardina o la anchoa. Posteriormente, trabajando en Sudáfrica, se dio cuenta de que estas especies, muy apreciadas gastronómicamente en países como España, se destinaban casi exclusivamente a producir harina y/o aceite de pescado.

En esta entrevista para Ecociencias, el especialista profundiza sobre esta y otras materias.

¿Cómo comenzó tu interés por el tema de la alimentación en la salmonicultura?
Me sorprendió que especies tan nutritivas como los peces pelágicos se destinaran a alimentar peces en granjas, mientras otros animales, como pingüinos y mamíferos marinos, dependían de ellos para sobrevivir.

Luego de mi paso por Sudáfrica trabajé en otros lugares, incluido Canadá, donde estudié a los salmones salvajes y vi los impactos directos del cultivo de salmones en granjas sobre el ecosistema marino y las especies silvestres. Ahí conecté los puntos: la industria salmonera depende de insumos derivados de peces pelágicos. Desde entonces, el tema se convirtió en una prioridad en mi trabajo, especialmente al abordar la Blue Justice, que busca equidad y justicia social en el aprovechamiento de los recursos marinos.

¿Cuáles son los argumentos más débiles que utiliza la industria para defenderse?
Se destacan dos: la seguridad alimentaria y el impacto económico. Es difícil sostener que sin salmón habría hambre en países como Noruega o Chile, los principales productores a nivel mundial, o en la Unión Europea y Estados Unidos, los principales consumidores de esta especie. Y, aunque efectivamente es una industria que genera ingresos importantes, el beneficio económico se concentra en pocos actores, mientras que las poblaciones locales donde se ubican las fábricas de harinas y aceites de pescado sufren las consecuencias de la contaminación que esta industria genera y quienes se dedicaban a la pesca son desplazadas.

Otro argumento cuestionable es el de la eficiencia: se requieren hasta 62 kg de pescado para producir 1 kg de aceite, insumo clave en la dieta del salmón. Aunque la proporción de harina y aceite de pescado en los pellets ha disminuido, el aceite se mantiene en torno al 10%, sin posibilidad real de reducirlo, ya que los salmones no se desarrollan adecuadamente si su dieta contiene menos ácidos grasos.

¿Cómo funciona la cadena de suministro del alimento para salmones en Chile?
Chile, a pesar de ser un importante productor de harinas y aceites, depende en buena medida de importar estos productos, principalmente desde Perú y, en el caso del aceite, incluso desde países africanos como Gambia. Esto genera una paradoja: recursos nutritivos y asequibles para poblaciones locales en lugares con alta incidencia de desnutrición son desviados hacia la industria salmonera.

En el noroeste africano, donde se ubica Gambia, por ejemplo, el 80% de la población obtiene de los pequeños pelágicos el 40% de la proteína que consume. En solo tres años tras el inicio de la industria de harinas y aceites de pescado en Gambia, la disponibilidad de peces pelágicos en este país cayó de 15 kg a 7 kg por persona al año, agravando la inseguridad alimentaria y fomentando migraciones. Miles de personas cada año intentan llegar a Europa en travesías peligrosas. En 2024, desde Senegal, país vecino a Gambia y con problemas similares, llegaron a las Islas Canarias cerca de cincuenta mil personas, y se estima que otras diez mil murieron durante la travesía en el Atlántico. Todo esto está vinculado, en parte, a la sobreexplotación de pescados de los que dependen las poblaciones locales.

¿Por qué afirmas que la salmonicultura no es sostenible?
Porque estamos utilizando más pescado del que producimos. Para obtener 1 kg de salmón, se consumen unos 4 kg de pescado salvaje, afectando la seguridad alimentaria en países vulnerables y la salud de los ecosistemas marinos.

Los pequeños pelágicos son especies clave en la cadena trófica: transfieren energía del plancton a depredadores como atunes, aves y mamíferos marinos. Su sobreexplotación no solo amenaza la biodiversidad, sino también otras pesquerías comerciales. Y esto sin considerar impactos adicionales, como el uso de antibióticos y la contaminación en las granjas.

¿Qué hay del argumento de generación de empleo?
Tampoco se sostiene. En Senegal, las fábricas de harina emplean a unas 400 personas, mientras que el sector pesquero artesanal da trabajo a dos millones, miles de los cuales se ven desplazados por dicha industria. En algunos casos, las plantas ni siquiera contratan personal local, sino trabajadores extranjeros. Es un modelo que concentra beneficios y distribuye costos sociales y ambientales.

¿Cuál sería la conclusión a la que has llegado luego de los estudios que has realizado?
La salmonicultura, tal como está planteada, depende de recursos finitos y genera impactos sociales y ambientales profundos. Repensar el modelo es urgente para avanzar hacia una acuicultura verdaderamente sostenible. La industria del salmón se defiende afirmando que ha logrado sustituir la proteína animal en la producción de pellets en altos porcentajes, dependiendo menos de la harina de pescado, lo cual es cierto. Sin embargo, ocultan otro antecedente crucial en esta ecuación: aún no existe ningún sustituto para el aceite de pescado que pueda utilizarse a la escala a la que crece la salmonicultura, el cual es esencial para la dieta del salmón por su contenido de omega-3.

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