Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Chile reveló que Liolaemus nigroviridis, una lagartija endémica de Chile central, presenta una capacidad limitada para adaptarse al cambio climático. En particular, la población que habita las cumbres de la Reserva Natural Altos de Cantillana —en la Región Metropolitana— destaca por ser una unidad genética única, aislada y en declive, lo que la convierte en una prioridad urgente de conservación.
La investigación evaluó la estructura genética de la especie a lo largo de su distribución, desde la región de Coquimbo hasta la región de O’Higgins, revelando un escenario complejo marcado por el aislamiento geográfico y la baja conectividad entre poblaciones.
Atrapadas en las “islas de cielo”
Las especies que habitan las llamadas islas de cielo —montañas rodeadas por ambientes más áridos o altamente transformados— enfrentan algunos de los mayores desafíos frente al cambio climático. A medida que aumentan las temperaturas y disminuyen las precipitaciones, estas especies no tienen hacia dónde desplazarse.
Este fenómeno fue evidenciado en Liolaemus nigroviridis por un estudio liderado por el investigador Jorge Mella-Romero, de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile. “Estamos hablando de organismos que viven en cumbres, con muy poca posibilidad de desplazarse hacia otros ambientes cuando las condiciones cambian”, explica. En el caso de Altos de Cantillana, la especie habita a una altitud aproximada de 1.834 metros sobre el nivel del mar.
Genética de alta resolución para entender su historia
Mediante el análisis de marcadores genéticos de alta resolución, como SNPs (pequeñas variaciones en el ADN) y ADN mitocondrial, el equipo reconstruyó la historia poblacional de la especie y evaluó su estructura genética a lo largo del territorio.
Para ello, los investigadores capturaron ejemplares vivos en distintas montañas de la cordillera de la Costa y de los Andes. A cada individuo se le extrajo un pequeño fragmento de la cola, tras lo cual fueron liberados en su hábitat natural sin causarles daño permanente. El trabajo se realizó con permisos del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) y siguiendo los protocolos éticos de la Universidad de Chile para el manejo de fauna silvestre.

Los resultados muestran una marcada diferenciación genética entre montañas, lo que indica la existencia de barreras geográficas y una muy baja capacidad de dispersión entre estas “islas de cielo”. “Cuando estas poblaciones quedan aisladas durante miles de años, comienzan a diferenciarse genéticamente y a volverse cada vez más únicas”, señala Mella-Romero.
En este contexto, la población de Cantillana resulta especialmente relevante: es genéticamente muy distinta de otras poblaciones de la cordillera de la Costa, como Chicauma, Cerro La Campana o Cerro El Roble. A futuro, estos estudios podrían incluso determinar si se trata de una especie distinta.
Una población en declive
Si bien Liolaemus nigroviridis puede desplazarse dentro de una misma montaña, esta capacidad no se extiende entre distintos cordones montañosos. En un escenario de cambio climático, esto implica que difícilmente podrá migrar hacia zonas con condiciones más favorables.
Los análisis genéticos indican que las poblaciones de la cordillera de la Costa y del sector más septentrional de los Andes han experimentado una disminución sostenida de su tamaño durante los últimos dos mil años, posiblemente asociada a cambios climáticos históricos. “Los datos más recientes muestran que esta población está disminuyendo su tamaño. Hay un deterioro en su estado poblacional, y eso no es una buena noticia”, enfatiza el investigador.
La situación de Cantillana es particularmente crítica: se trata de una entidad genética única, en declive y geográficamente aislada, rodeada por una matriz altamente antropizada. Esta combinación aumenta significativamente su vulnerabilidad frente al cambio climático y al cambio de uso de suelo.
Conservación urgente en un reservorio de biodiversidad
Las cumbres de la Reserva Natural Altos de Cantillana constituyen un reservorio único de biodiversidad. Además de Liolaemus nigroviridis, la zona alberga otras especies endémicas, como Liolaemus frassinetti. Si bien se trata de un territorio con baja intervención humana, Mella-Romero advierte sobre la necesidad de evitar presiones antrópicas como incendios forestales o el pastoreo excesivo.
Aunque el cambio climático representa una amenaza global y transversal, existen impactos humanos locales que pueden prevenirse y cuya gestión resulta clave para la protección de estas especies altamente vulnerables.
Más allá del caso particular de esta lagartija, el estudio aporta evidencia fundamental para enfrentar uno de los grandes desafíos de la conservación actual: cómo proteger especies que viven en la cima de las montañas en un planeta que se calienta. Integrar información genética, historia demográfica y escenarios de cambio climático se vuelve así una herramienta esencial para la toma de decisiones informadas y urgentes.
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