La Antártica no es un desierto blanco y vacío. Bajo sus condiciones extremas habita una biodiversidad única en el planeta: microorganismos, musgos, líquenes, pequeños invertebrados y un reducido grupo de plantas y animales que han logrado adaptarse a uno de los ambientes más hostiles de la Tierra.
Aunque la riqueza de especies es baja en comparación con otros continentes, su valor ecológico es incalculable. Estas formas de vida sostienen funciones esenciales para el equilibrio de los ecosistemas terrestres del continente blanco.
Sin embargo, un nuevo estudio internacional publicado en Nature Reviews Biodiversity advierte que este frágil entramado biológico enfrenta un futuro incierto debido al cambio climático y a múltiples presiones humanas.
La investigación reunió a científicas y científicos de Australia, Reino Unido, Francia y Chile, e incluyó la participación de Lohengrin Cavieres, investigador del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) y académico de la Universidad de Concepción.

Más que especies aisladas: entender las redes ecológicas
Uno de los aportes centrales del estudio es que propone dejar atrás la mirada fragmentada de la biodiversidad antártica.
“Sabemos bastante sobre ciertos componentes —plantas por un lado, animales por otro— pero conocemos muy poco acerca de cómo operan los procesos ecológicos de manera integrada y cómo podrían verse alterados por el Cambio Global”, explica Cavieres.
Actualmente, las condiciones extremas —bajas temperaturas, escasez de agua líquida y fuertes vientos— siguen siendo el principal filtro para la vida. Pero la evidencia indica que, una vez superadas esas barreras ambientales, las interacciones entre especies se vuelven determinantes para la estabilidad del ecosistema.
En un territorio con pocas especies, estas redes pueden ser sorprendentemente complejas. Por ejemplo, los musgos facilitan el establecimiento de plantas vasculares; estas interactúan con microorganismos del suelo y sostienen pequeños invertebrados. Si un eslabón desaparece, el efecto puede propagarse en cascada.
Cinco escenarios para el futuro antártico
El equipo propuso cinco escenarios posibles para la biodiversidad terrestre de la Antártica, que van desde cambios moderados hasta profundas reorganizaciones ecológicas.
El escenario más probable sugiere que las condiciones ambientales extremas continuarán siendo el principal filtro, incluso en un clima más cálido y húmedo. Sin embargo, en ese contexto, las interacciones ecológicas —especialmente frente a la llegada de especies exóticas— podrían adquirir un rol decisivo.
“Sobrevivir al frío seguirá siendo fundamental. Pero una vez superado ese umbral, las relaciones entre especies definirán qué comunidades prosperan y cuáles colapsan”, advierte el investigador.
Especies invasoras: una amenaza silenciosa
El estudio alerta sobre el creciente riesgo de especies exóticas invasoras y enfermedades emergentes. Más de 1.200 especies han sido introducidas en la región antártica, principalmente en islas subantárticas. El calentamiento global y el aumento de la presencia humana podrían facilitar su establecimiento en el continente.
Entre las invasoras más preocupantes se encuentra Poa annua, una hierba con alto potencial de expansión que compite directamente con plantas nativas como Deschampsia antarctica y Colobanthus quitensis.
También destaca el caso de Eretmoptera murphyi, conocido como mosquito antártico, que ha generado alteraciones en la calidad del suelo en isla Signy.
Las invasiones biológicas pueden generar efectos en cascada: una especie exótica modifica el ambiente y facilita la llegada de otras, alterando la estructura y funcionamiento del ecosistema.
Enfermedades y efecto dominó ecológico
A las invasiones se suman enfermedades emergentes como la influenza aviar, que ya ha afectado a aves clave para los ecosistemas terrestres, incluyendo pingüinos, petreles y skúas.
La disminución de estas poblaciones no solo implica pérdida de biodiversidad: también impacta procesos esenciales como la dispersión de plantas y el aporte de nutrientes al suelo.
“Si se alteran las poblaciones de aves, se afecta la fertilidad del suelo y la dinámica vegetal. Todo está conectado”, subraya Cavieres.
Cambio climático y presión humana: una combinación crítica
El estudio enfatiza que el cambio climático no actúa de manera aislada. Se suma al aumento de infraestructura científica, turismo, contaminación y cambios en el uso del suelo.
“Analíticamente separamos estas variables, pero en la realidad actúan juntas. Son ingredientes que van todos a la misma juguera”, explica el académico.
En este escenario, reducir la incertidumbre requiere integrar información hoy dispersa, fortalecer el monitoreo a largo plazo y avanzar en el estudio de redes de interacción ecológica, más allá del simple conteo de especies.
Ciencia con responsabilidad
La Antártica sigue siendo uno de los ambientes relativamente más intactos del planeta. Sin embargo, su aparente aislamiento no la protege del Cambio Global.
Comprender quién interactúa con quién —y qué ocurre cuando esas relaciones se rompen— será clave para diseñar estrategias de conservación efectivas.
“Seguir investigando la Antártica requiere una gran responsabilidad. La única manera de seguir aprendiendo de este continente es hacerlo con respeto, cuidado y una mirada verdaderamente integrada”, concluye Cavieres.
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