En las calles y parques de Chile, el plátano oriental (Platanus orientalis) es una presencia habitual, valorada por su sombra y resistencia. Pero en su corteza, que se desprende de manera natural y suele acabar en la basura, un grupo de científicos chilenos encontró la base para un prometedor compuesto contra el cáncer.
Investigadores del Centro de Química Médica (CQM) de la Universidad del Desarrollo (UDD), liderados por el Dr. Cristián Suárez, han logrado aislar y modificar el ácido betulínico —una molécula conocida por sus propiedades anticancerígenas— para aumentar su eficacia y selectividad. El trabajo, recientemente publicado en la revista Biomedicines, forma parte de un proyecto financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) y se distingue por unir ciencia de frontera con aprovechamiento de recursos locales y sostenibles.
Un recurso urbano con potencial farmacológico
El ácido betulínico es un compuesto natural presente en diversas especies vegetales y reconocido por su capacidad para inducir apoptosis, un mecanismo de muerte celular programada que elimina células dañadas sin causar inflamación. En el caso del plátano oriental, la corteza desprendida de manera natural se recolecta manualmente, evitando la tala o el daño al árbol.
Una vez en el laboratorio, el material se limpia, seca y muele antes de someterlo a un proceso de extracción y purificación. Pero el verdadero salto innovador vino después: el equipo transformó esta molécula en una plataforma química susceptible de modificaciones precisas para atacar células tumorales con mayor efectividad.
Un “GPS” molecular para atacar el cáncer
La estrategia utilizada, conocida como direccionamiento mitocondrial, se basa en una diferencia clave entre las células sanas y las cancerígenas: las mitocondrias de estas últimas poseen una carga eléctrica más negativa. Para aprovechar esta característica, los científicos acoplaron al ácido betulínico un catión trifenilfosfonio, una unidad con carga positiva que actúa como guía, dirigiendo la molécula directamente hacia las mitocondrias de las células tumorales.
Una vez allí, el compuesto desencadena la apoptosis de forma selectiva, minimizando los efectos colaterales asociados a terapias convencionales como la quimioterapia. Las pruebas realizadas en diversas líneas celulares y respaldadas por modelos computacionales confirmaron su alta eficacia y especificidad.
Colaboración y proyección global
Este avance fue posible gracias a un trabajo interdisciplinario que involucró a especialistas de la Universidad de Chile y la Universidad Andrés Bello. Para la Dra. Paola Campodónico, directora del CQM, “se trata de un ejemplo concreto de cómo la investigación nacional puede generar soluciones innovadoras, partiendo de un recurso local y con impacto potencial a nivel global”.
El hallazgo no solo abre una ruta para el desarrollo de terapias más precisas y menos invasivas, sino que también subraya la relevancia de explorar el valor científico oculto en elementos cotidianos, incluso en los residuos que la ciudad genera a diario.











