La 3ª Jornada Chilena de Psicología Ambiental se realizará en la Universidad de la Frontera, reuniendo en Temuco a academia y territorios para reflexionar sobre la interacción e influencia humana y el entorno.
Comprender la relación entre las personas y los entornos que habitan se ha vuelto una tarea ineludible en un escenario de transformaciones ambientales, sociales y culturales cada vez más evidentes. Desde esa inquietud los días miércoles 29 y jueves 30 de abril, se realizará la 3ª Jornada Chilena de Psicología Ambiental: “Diálogo de saberes. Transformando territorios desde el Sur”, un encuentro que convoca a investigadores, profesionales y comunidades en torno a una pregunta central: ¿cómo influyen los espacios que habitamos en nuestra forma de vivir, sentir y actuar?
En esta nueva versión la Universidad de La Frontera, se convierte en sede de esta instancia que se ha ido consolidando como un punto de encuentro para reflexionar sobre el vínculo entre sociedad y naturaleza desde miradas interdisciplinarias y situadas en los territorios.
Más que conducta, comprender los vínculos con el entorno
“La psicología ambiental se ha ido consolidando como un campo fundamental desde la ciencia y psicología para comprender la relación entre las personas y sus entornos físicos, naturales y construidos», explica la Dra. en Psicología social y académica de la Universidad de la Frontera, Mireya Palavecinos.
Según la académica, las investigaciones han demostrado que las personas establecen vínculos y apegos con los entornos desde un aspecto tanto afectivo como cognitivo. “Así como establecemos relaciones con otras personas —con nuestros cuidadores, con nuestras familias— también generamos vínculos con los lugares donde vivimos y desarrollamos nuestras experiencias a lo largo de la vida”.
Estos vínculos, sin embargo, no siempre son positivos. “Así como con las personas a veces generamos relaciones que son dañinas, que nos provocan ansiedad o malas experiencias, esto también puede ocurrir con los lugares”, advierte.
Desde esta perspectiva, el entorno no es solo un escenario donde ocurren las experiencias humanas, sino un elemento que incide directamente en la identidad, el sentido de comunidad y las posibilidades de acción sobre el territorio.
De una mirada reduccionista a un enfoque crítico
Uno de los cambios más relevantes en la evolución de la disciplina tiene que ver con la forma en que se comprende el comportamiento humano.
“Durante mucho tiempo la psicología privilegió explicaciones centradas en variables individuales, más bien cognitivas, sin considerar factores estructurales”, señala Palavecinos. Esto daba cuenta de una mirada reduccionista que dejaba fuera dimensiones fundamentales del contexto.
Hoy, la psicología ambiental ha decidido “combatir fuertemente” esa limitación, avanzando hacia un enfoque más amplio. “Se vuelve necesario integrar una mirada sistémica, incorporando dimensiones sociopolíticas, analizando las relaciones de poder y las desigualdades en contextos culturales diversos”.
Este giro ha impulsado también nuevas formas de hacer investigación. “Hemos debido desarrollar metodologías culturalmente pertinentes, participativas, interdisciplinarias y mucho más sensibles a los contextos territoriales”, explica.
Un espacio en crecimiento: más interés y participación
La evolución de esta mirada también se refleja en el crecimiento de la jornada. En su versión anterior, realizada en Valparaíso, participaron cerca de 20 exposiciones y unas 50 personas. Este año, el escenario es distinto.
“En esta versión, organizada en Temuco, hemos recibido 54 postulaciones en distintos formatos —talleres, mesas de diálogo, ponencias y pósters— y esperamos alrededor de 100 asistentes”, detalla la académica.
A pesar de las distancias geográficas, el aumento en la participación muestra que se trata de un espacio valorado y necesario. “Esto nos permite ver que el interés por la disciplina ha ido creciendo de manera importante año a año”.
El programa aborda temáticas como desastres socionaturales, cambio climático, bienestar, conflictos ambientales y acción comunitaria, reflejando la diversidad de enfoques que hoy atraviesan el campo .
Encuentro entre ciencia y territorio
Uno de los ejes centrales de la jornada es el “diálogo de saberes”, una propuesta que busca articular el conocimiento científico con las experiencias de los territorios.
“Estos temas han sido incorporados cada vez más en la formación universitaria, pero también son demandas que vienen desde las propias comunidades”, señala Palavecinos.
En ese sentido, el encuentro funciona como un espacio de articulación entre necesidades sociales y producción académica. “Es un espacio que convoca al encuentro entre la academia y la población, permitiendo que fluya con mayor facilidad el vínculo entre el saber científico, las necesidades y los conocimientos territoriales”.
La académica destaca que hoy la mayoría de las ponencias se basan en experiencias comunitarias. “La vida territorial está presente en gran parte de los trabajos, así como la importancia de abordar estas problemáticas desde la interseccionalidad, la interculturalidad y las diversidades”.
Impactos psicosociales: lo que deja la transformación del entorno
Los cambios en el entorno tienen efectos que no siempre son visibles. Más allá de las pérdidas materiales, existen impactos en la salud mental, en el sentido de pertenencia y en la vida comunitaria.
“En la medida en que el entorno se va degradando, también aparecen dificultades en la percepción de nuestro bienestar”, explica Palavecinos. Esto puede traducirse en ansiedad, malestar o incluso en procesos más complejos asociados a la salud mental.
Además, el vínculo con los lugares influye en la forma en que las personas se involucran en su cuidado. “Dependiendo del tipo de relación que establecemos con los espacios, nuestras acciones pueden orientarse hacia la protección y la sustentabilidad, o bien verse limitadas”.
Desconexión y pérdida de vínculos
Otro de los fenómenos que preocupa a la disciplina es la progresiva desconexión con el entorno.
“Vivimos en una sociedad donde los vínculos se van perdiendo, no solo entre personas, sino también con el entorno”, advierte la académica. La vida urbana y el uso intensivo de espacios virtuales han reducido el contacto directo con la naturaleza.
Esto tiene consecuencias en el desarrollo de conductas proambientales y en la capacidad de empatía. “Se van limitando nuestras capacidades de diálogo, de comprensión del mundo y de desarrollo de los afectos que nos permiten ponernos en el lugar de otros, no solo humanos, sino también de otras formas de vida”.
En este sentido, las experiencias tempranas —en la familia, en la escuela o en el entorno cercano— resultan fundamentales para construir relaciones más conscientes con la naturaleza.
A pesar de los avances en investigación y desarrollo metodológico, aún existen brechas importantes.
“Hay un desarrollo teórico y metodológico, pero su impacto sigue siendo limitado en políticas públicas”, reconoce Palavecinos. Entre las causas, menciona la baja participación de profesionales en espacios de toma de decisiones y la desconexión entre la academia y el ámbito político.
Frente a esto, uno de los principales desafíos es avanzar hacia una mayor incidencia. “Tenemos que desarrollar competencias que nos permitan incidir en políticas públicas, en programas comunitarios y en intervenciones territoriales para fortalecer la gobernanza ambiental”.
Pensar nuevas formas de habitar
La psicología ambiental no solo busca comprender, sino también aportar a la transformación de los territorios.
Al poner en el centro los vínculos entre personas y entorno, la disciplina abre la posibilidad de repensar cómo se construyen esas relaciones y cómo pueden orientarse hacia formas más sostenibles y colectivas.
La 3ª Jornada Chilena de Psicología Ambiental se presenta así como un espacio de encuentro, reflexión y proyección, donde distintas miradas confluyen para abordar uno de los grandes desafíos contemporáneos: comprender y transformar la forma en que habitamos el mundo.
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