Entrevista Jaime Aburto, académico UCN: Un banco histórico bajo presión: fuertes lluvias y la extracción ilegal amenazan a las machas de Coquimbo 

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En julio, las lluvias y la descarga de sedimentos del río Elqui provocaron una varazón de machas en la bahía de Coquimbo. Aunque la magnitud del daño aún debe evaluarse, el evento afectó a un banco que ya enfrentaba dificultades para incorporar nuevos juveniles.

  • Un banco vulnerable: la escasa llegada de juveniles durante cerca de cinco años compromete la renovación de la población de machas.

  • Una recuperación incierta: el banco podría recibir nuevas semillas provenientes de otros sectores, pero su llegada depende de factores oceanográficos difíciles de predecir.

  • Una amenaza persistente: la extracción ilegal podría superar los volúmenes autorizados, agravando los efectos ecológicos, económicos y sociales sobre la actividad pesquera artesanal.

Tras las lluvias que afectaron en julio el norte del país, alerta causó el registró una importante descarga del río Elqui, seguida por una varazón de machas en la bahía de Coquimbo, las que son un valioso recurso de la zona. Aunque todavía no es posible dimensionar la mortalidad, el sedimento fino puede afectar a estos organismos y agravar la situación de un banco que ya mostraba una escasa llegada de especímenes juveniles.

Jaime Aburto Frías. Académico del Departamento de Biología Marina UCN.

Jaime Aburto Frías, académico del Departamento de Biología Marina de la Universidad Católica del Norte, trabaja desde 1997 junto con las organizaciones de pescadores vinculadas a las áreas de manejo de Peñuelas. Aquí, Aburto explica los posibles efectos de la emergencia, las dificultades para recuperar el banco y la presión adicional provocada por la extracción ilegal. 

¿Qué se sabe hasta ahora sobre el estado de las machas después de las lluvias? 

Hicimos algunas inspecciones por el borde costero y los pescadores también recorrieron el sector. Efectivamente, hemos visto presencia de varazón. Es difícil estimar la cantidad de organismos afectados porque hay mucho material acumulado en la costa, como troncos, ramas, totoras, otros restos orgánicos y basura. 

Mi impresión es que no ha sido una varazón tan masiva como otras que han ocurrido, pero todavía debemos evaluar directamente el banco. La parte más productiva está en el área de Peñuelas A, en el sector norte de la bahía Coquimbo y, en este evento, la pluma de descarga se concentró principalmente hacia el sur, en el área Peñuelas B, donde hay menos machas. 

De todas maneras existe una afectación. Las machas filtran agua para alimentarse y respirar. Cuando la descarga lleva mucho sedimento fino, las partículas pueden tapar y saturar sus branquias. Entonces dejan de obtener alimento y pierden la capacidad de respirar. 

Pueden enterrarse más profundamente frente a condiciones adversas, pero no tienen capacidad de nadar. Si las condiciones no se restablecen, mueren. Por eso puede existir una fracción de mortalidad que no aparece en la varazón y que todavía permanece bajo el agua. 

¿En qué condición se encontraba el banco antes de esta emergencia? 

Como estas son áreas de manejo, una vez al año hacemos una evaluación directa junto con los pescadores. Aplicamos un diseño de muestreo que permite estimar cuántas machas hay y, sobre la base de esa abundancia, calcular una cuota de extracción. 

En el trabajo participan buzos de Caleta Peñuelas y Caleta Coquimbo, además de orilleros de Caleta San Pedro. Las tres organizaciones reúnen cerca de 400 personas, aproximadamente la mitad vinculada a la extracción por bote y buceo y la otra mitad a la recolección desde la orilla. 

El banco ya mostraba un problema serio. Llevábamos un periodo largo, cerca de cinco años, sin una llegada importante de juveniles. Lo que se está explotando son principalmente machas adultas, grandes y viejas. Por decirlo de manera simple, el banco tiene prácticamente una sola edad y, en la última evaluación, volvimos a no encontrar semillas. Esa preocupación existía antes de que bajara el río. 

Si el banco sufrió un daño importante, ¿cómo podría recuperarse? 

No tenemos una respuesta simple. En 1997–1998 el banco se perdió por completo. Quedó sepultado y muchos pescadores tuvieron que emigrar hacia el sur de Chile, principalmente a Chiloé, para sostener sus medios de vida. 

Los primeros signos de recuperación aparecieron alrededor de 2000 y 2001, cuando comenzó a observarse la llegada de semillas o individuos juveniles. Los pescadores llaman “el arroz” a esas machas pequeñas que empiezan a aparecer en la playa. Hacia 2002 el banco ya pudo explotarse moderadamente y, desde entonces, la extracción no volvió a detenerse. 

La recuperación probablemente estuvo relacionada con los bancos de Tongoy y Punta Choros, que en ese momento se encontraban saludables. Las larvas de macha permanecen aproximadamente treinta días en el agua, expuestas a las corrientes y a los vientos, por lo que pueden trasladarse entre distintos bancos. 

Coquimbo podría recibir juveniles originados en la misma bahía, pero también  en Tongoy, Punta Choros o de ambos sectores. Perfectamente podríamos tener muchas semillas esta temporada, aunque no provengan de las machas de Coquimbo. El problema es que no podemos predecir cómo se comportarán los vientos y las corrientes. 

La importancia histórica de este banco es excepcional. Desde la década de 1960 ha mantenido una extracción prácticamente permanente, salvo durante el colapso de 1997–1998. Además, existen registros locales de extracciones desde aproximadamente 1850. 

¿Qué monitoreos se están realizando después de las lluvias? 

Nuestro trabajo con estas organizaciones se remonta a 1997, de modo que existe una historia larga de colaboración y muestreos. Ya recorrimos la orilla y tenemos pendiente una evaluación posterior del banco. 

También tomamos muestras de sedimentos para analizar metales pesados y materia orgánica, además de evaluar coliformes fecales. La ventaja es que, en el marco de otro proyecto, habíamos hecho un muestreo similar en enero. No fue diseñado como línea base para esta emergencia, pero nos entrega una fotografía previa con la cual comparar el escenario posterior. 

Se están movilizando recursos y ayudas para el sector pesquero artesanal. Sin embargo, sobre el banco mismo no es mucho lo que podemos hacer, salvo monitorear lo que pasa. No tenemos la capacidad de retirar las machas antes de un temporal, mantenerlas protegidas y después devolverlas al mar. 

Además de los eventos naturales, ¿qué otras amenazas enfrenta el banco? 

Desde hace muchos años existe una extracción ilegal, clandestina o no autorizada de machas que no se ha podido detener. Probablemente el volumen extraído ilegalmente sea incluso mayor que el que obtienen los pescadores autorizados mediante sus cuotas. 

El problema es ecológico porque no sabemos cuántas machas se sacan y no existe respeto por la talla. También es social y económico: como el producto ilegal se vende mucho más barato, satura el mercado y deja a los pescadores autorizados sin compradores. 

No se trata de pesca de subsistencia. Se han detectado plantas clandestinas y hay machas entrando a los mercados de Santiago y Valparaíso. Se realizan decomisos y se quitan camionetas, pero a los pocos días la actividad vuelve a aparecer. También se han dado situaciones de violencia. 

Se hacen esfuerzos para enfrentarla, pero se requieren acciones más permanentes. A los efectos naturales de las lluvias y los sedimentos se suma así una fuerte presión ilegal sobre el banco, con consecuencias para las cerca de 400 personas que integran las organizaciones y para sus familias. 

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