Desde su trabajo como periodista de la Facultad de Ciencias de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), Jean Pierre Molina reflexiona sobre el papel de la comunicación científica para conectar la investigación con las comunidades, contribuir a la comprensión de los desafíos ambientales y fortalecer el desarrollo de los territorios.
Por Carolina Pérez.
Tu vínculo con el periodismo comenzó cuando eras muy pequeño. ¿Cómo nació esa vocación?
Desde niño quería ser periodista. Me gustaba mucho el periodismo y siempre tuve muy clara esa vocación. Soy de Cochrane y, cuando tenía ocho años, comencé a hacer un programa de radio en mi pueblo. El profesor Joaquín me ayudó a hacer el piloto de un programa infantil que se llamaba La Hora de los Niños.
También jugaba a hacer revistas en hojas de papel, escribía mis propias notas, me gustaba el diario mural y siempre estaba animando actividades y eventos. Mis padres fueron fundamentales en ese proceso. Ellos eran de Santiago, pero se fueron al sur y siempre me apoyaron e incentivaron a desarrollar esa vocación. Les estoy muy agradecido, por la confianza que me dieron en ese sentido desde que era niño.
Después estudié Periodismo en la Universidad de Concepción y, con el tiempo, fui encontrando distintos espacios donde desarrollar esta profesión, hasta llegar al ámbito de la ciencia.
¿Cómo fue ese tránsito hacia el periodismo científico?
Mis primeros acercamientos fueron en la Universidad de Concepción y posteriormente trabajé en el Instituto Milenio de Oceanografía, además de vincularme con otras áreas, como psicología y emprendimiento tecnológico. Al principio fue difícil porque no tenía una base científica. Tuve que aprender mucho y convertirme en una especie de esponja para absorber conocimiento constantemente.
Trabajar con científicos implica estudiar, preguntar, equivocarse y volver a preguntar. Con el tiempo fui adquiriendo herramientas y entendiendo mejor cómo funcionan los procesos de investigación, cuáles son sus tiempos y también sus dificultades.
Hoy siento que soy un periodista bastante versátil. Me gusta aprender y moverme por distintos formatos, ya sean prensa, redes sociales, escritura, guiones, podcasts y radio. Pero también me gusta mucho la cercanía y conversar personalmente con las personas. Una entrevista presencial permite preguntar y contrapreguntar, especialmente cuando hay algo que uno no entiende.
Desde tu experiencia como periodista de la Facultad de Ciencias de la UCSC, ¿cómo defines el rol de un periodista científico dentro de una institución académica?
Para mí, el periodista científico es un puente entre los científicos y las personas. Nuestra labor consiste en ayudar a los investigadores a plasmar sus ideas y encontrar formas de comunicar ese conocimiento para que pueda ser comprendido por distintos públicos.
Pero mi trabajo en la Facultad de Ciencias no se limita a la prensa. También participo en redes sociales, publicaciones institucionales, actividades de difusión y vinculación con establecimientos educacionales. Hay mucho espacio para la creatividad.
Creo que nuestro trabajo tiene una responsabilidad importante, que es lograr que el conocimiento no se quede solamente en la academia, sino que pueda llegar a las personas y relacionarse con sus vidas. La ciencia puede ayudarnos a comprender lo que ocurre en nuestro entorno, reconocer problemas y tomar mejores decisiones.
Una parte importante de mi labor tiene que ver con conocer a las personas que están detrás de la investigación. Me interesa mucho el lado humano de la ciencia. Saber qué hacen los estudiantes, qué les gusta, cuáles son sus desafíos y cómo han ido creciendo.
No me gusta tanto decir que “contamos historias”. Prefiero decir que contamos la calidad humana que existe detrás de la ciencia.
Trabajar directamente con investigadores implica traducir conocimientos especializados a un lenguaje comprensible sin perder rigor. ¿Cuáles son los principales desafíos de ese proceso?
Creo que lo primero es tener mucha humildad. Uno tiene que reconocer que no sabe y estar dispuesto a aprender. También es fundamental preguntar y aceptar las correcciones de los investigadores.
Este trabajo se construye desde la confianza y desde ciertos criterios profesionales. No es fácil, porque estamos trabajando con conocimiento especializado, pero en la medida en que nos vamos conociendo se genera un vínculo.
La comunicación científica requiere ser muy responsable. Hay que entender lo que estamos comunicando y, cuando tenemos un artículo científico o una investigación, no basta con repetir lo que dice. Tenemos que ser capaces de llevar ese conocimiento a lo local, relacionarlo con la realidad de las personas y preguntarnos por qué ese estudio es relevante para una comunidad determinada.
Por ejemplo, una investigación sobre escasez hídrica o cambio climático puede entregar información muy valiosa, pero necesitamos explicar cómo esos resultados se relacionan con el territorio y por qué deberían importarle a las personas. Ahí está uno de los desafíos más importantes, comunicar con rigor, pero también con pertinencia.
Por eso creo que un periodista científico tiene que ser una esponja y aprender constantemente, especializarse y perfeccionarse.
Muchas veces la comunicación científica dentro de las universidades queda asociada a difundir resultados o noticias sobre proyectos. ¿Cómo puede contribuir a generar una relación permanente entre la ciencia y la ciudadanía?
Creo que ese es justamente uno de los grandes desafíos. Trabajar en comunicación científica no debería significar solamente comunicar cuando existe un proyecto, una publicación o una actividad puntual.
Durante estos años he visto una evolución importante. Cuando comencé, hace alrededor de once años, era mucho más difícil encontrar académicos disponibles para comunicar. Muchas veces había que esperar a que tuvieran tiempo. Hoy veo que existe una disposición mucho mayor. Hay académicos que están más abiertos a comunicar, a trabajar con comunidades y a mostrar lo que hacen. Eso me parece muy positivo, porque significa que la comunicación está empezando a formar parte de manera más natural de la actividad científica.
También creo que el periodismo científico ha crecido. Muchos medios tienen secciones de ciencia y los medios locales están haciendo un trabajo importante. Esto permite que las personas comprendan mejor fenómenos como la escasez hídrica, el cambio climático y otros desafíos ambientales que afectan directamente a los territorios.
La comunicación científica puede contribuir a que estos temas se discutan con más información, a que las comunidades comprendan sus implicancias y a que exista una mejor base para tomar decisiones. En ese proceso también son fundamentales la educación y las políticas públicas.
El periodista científico cumple un papel de conexión entre investigación, ciudadanía y territorio. No se trata solamente de informar que existe un nuevo conocimiento, sino de ayudar a comprender qué significa y cómo puede aportar a la sociedad.
Actualmente, la desinformación y la inteligencia artificial hacen más difícil distinguir información confiable de contenidos engañosos. ¿Qué responsabilidad adquiere el periodismo científico?
La responsabilidad es enorme. La inteligencia artificial puede ser una muy buena herramienta, pero no puede hacer toda la pega. La búsqueda y selección de información siguen siendo fundamentales, especialmente en este campo profesional.
Tenemos que ser capaces de revisar las fuentes, buscar evidencia y acudir a las fuentes primarias. También tenemos una responsabilidad educativa, porque podemos enseñar a las personas a distinguir entre fuentes y reconocer información confiable. Me encanta que existan muchos medios independientes, porque eso permite un mayor acceso a la información, pero también necesitamos que los periodistas se apoyen entre ellos y trabajen de manera responsable.
Si tenemos una investigación científica, por ejemplo, tenemos que preguntarnos cómo podemos llevarla a las personas y relacionarla con su realidad. No basta con decir que existe un nuevo artículo científico, también hay que explicar qué significa, por qué importa y cómo se conecta con nuestro territorio. En el actual contexto en que circula tanta información, nuestro trabajo no puede limitarse a reproducir contenidos. Debemos verificar, contextualizar y entregar herramientas para que las personas puedan comprender lo que están leyendo y formarse una opinión informada.
¿Cómo imaginas la evolución del trabajo del periodista científico dentro de la academia y qué capacidades se necesitan para generar un mayor impacto social?
Creo que vamos a necesitar más herramientas y mayor especialización. Tenemos que perfeccionarnos, compartir nuestras experiencias y aprender unos de otros. También debemos entender mejor cuáles son los intereses de las personas y qué formatos permiten generar mayor impacto. La comunicación científica tiene que estar en terreno, vinculada con las escuelas, las familias, las comunidades, los científicos y las políticas públicas.
Para mí, es importante que quienes trabajamos en comunicación científica podamos conocer las realidades de los territorios y entender qué necesitan sus comunidades. Tenemos que jugárnosla para estar en terreno y generar vínculos que permitan que el conocimiento llegue a más personas. Me parece muy interesante que hoy existan académicos que quieren comunicar de manera mucho más natural, eso abre nuevas posibilidades y también nuevas oportunidades laborales para los periodistas.
En mi caso personal, estoy muy feliz de que después de mucho tiempo tenga un contrato indefinido y que sea en la UCSC, ha sido un enorme aprendizaje trabajar en esta Universidad. Estoy muy agradecido de los investigadores, de los profesores y de los estudiantes con quienes he podido trabajar y construir vínculos.
¿Qué crees que distingue tu manera de ejercer este trabajo?
Creo que mi aporte está mucho en el lado humano. Como dije antes, me interesa estar pendiente de cómo evolucionan los estudiantes, conocer qué hacen y qué les gusta. Me emociona verlos crecer.
Y también creo que esta profesión es muy noble porque dejas brillar a otros, uno no necesariamente tiene que ser el protagonista. Este trabajo se hace con el corazón y por un fin superior, y eso es algo que me mueve mucho. Por eso también creo que tenemos que dejar de lado los egos, no solamente por el gremio de los periodistas, sino por la sociedad en general.
Necesitamos ser más unidos, compartir herramientas, ayudarnos y aprender unos de otros. Me gustaría que los periodistas científicos pudiéramos construir una comunidad mucho más fuerte, porque eso también puede contribuir a mejorar la forma en que comunicamos la ciencia y el impacto que tiene nuestro trabajo.
Después de más de una década de trayectoria, ¿qué mensaje entregarías a quienes están comenzando en este ámbito?
Que estudien. Que sean curiosos y que nunca dejen de aprender. Y que seamos periodistas unidos por una causa, dejemos los egos de lado y entendamos que estamos haciendo este trabajo por algo que va mucho más allá de nosotros mismos, es una labor social.
También quiero agradecer a los estudiantes que forman parte del equipo de difusión, a los profesores de la Universidad y a todas las personas con las que he tenido la oportunidad de trabajar.
Y, por supuesto, a mi familia, a mi mamá y a mi papá, que desde que era niño creyeron en esta vocación.
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