
Cuando las cosas se ponen difíciles, todos necesitamos una mano amiga, y los árboles no son la excepción. Un equipo de investigadores del Instituto Weizmann de Ciencias ha revelado un sorprendente mecanismo de supervivencia en los cipreses durante sequías prolongadas: la colaboración con bacterias del suelo.
Este estudio, dirigido por el doctor Tamir Klein, sugiere que los árboles y las bacterias coexisten de manera simbiótica, ayudándose mutuamente en condiciones de escasez de agua. Según Klein, «Este descubrimiento tiene una enorme importancia ecológica».

La investigación, liderada por la microbióloga Yaara Oppenheimer-Shaanan, examinó cómo estas bacterias del suelo pueden mejorar la resistencia de los cipreses ante la falta de agua, y el resultado ofrece nuevas herramientas para enfrentar las crecientes sequías vinculadas al cambio climático. «Si perdemos los bosques, lo perderemos todo», afirma Klein. Los árboles juegan un papel crucial en la producción de oxígeno, la absorción de dióxido de carbono y la regulación del clima, por lo que encontrar maneras de apoyarlos frente a las condiciones climáticas extremas es fundamental para la preservación de los ecosistemas.
Un enfoque multidisciplinario
El estudio utilizó un enfoque multidisciplinario que combinó la microbiología, la fisiología vegetal y la química orgánica. Durante un mes, los científicos cultivaron plantones de ciprés en cajas diseñadas a medida en invernaderos del Instituto Weizmann. Estos cipreses se dividieron en dos grupos: uno que fue regado regularmente y otro que enfrentó condiciones de sequía. A su vez, la mitad de los árboles de cada grupo fue expuesto a bacterias recolectadas del suelo del bosque Harel.

Los investigadores examinaron las interacciones entre las raíces de los cipreses y las bacterias mediante varios métodos, como el análisis de las reacciones fisiológicas de los árboles, el conteo de bacterias en las raíces y la evaluación de compuestos emitidos por las plántulas. Los resultados fueron reveladores: los árboles expuestos a las bacterias mostraron una mejor capacidad de resistencia al estrés hídrico, lo que sugiere que esta cooperación microbiana es clave para su supervivencia.
Beneficios mutuos: bacterias y árboles trabajando juntos
La simbiosis entre los árboles y las bacterias parece ir en ambas direcciones. Los árboles expuestos a las bacterias secretaban compuestos a través de sus raíces que alimentaban a las bacterias, aumentando su crecimiento. En particular, la tasa de secreción de estos compuestos fue más del doble en comparación con los árboles que no estaban en contacto con bacterias. Además, los científicos identificaron más de 100 compuestos en las secreciones de las raíces, muchos de los cuales mostraron ser una fuente directa de nutrientes para las bacterias.
Otro hallazgo clave fue la capacidad de las bacterias para ayudar a los árboles a mantener la disponibilidad de nutrientes esenciales en el suelo, como el fósforo, que fue crítico para que los cipreses resistieran la sequía. Esto sugiere que las bacterias no solo benefician la salud inmediata del árbol, sino que también mejoran la calidad del suelo a largo plazo.
Aplicaciones para la ecología y la silvicultura
Los resultados de este estudio tienen importantes implicaciones prácticas para la gestión de bosques y cultivos agrícolas. El conocimiento de estas relaciones simbióticas podría permitir el uso de bacterias específicas para mejorar la resiliencia de los árboles frente al cambio climático. «El siguiente paso es determinar qué bacterias benefician a qué árboles», dice Oppenheimer-Shaanan, quien señala que esto podría abrir la puerta a nuevas técnicas de restauración forestal y manejo de ecosistemas en un clima en constante cambio.
Este estudio no solo amplía nuestra comprensión sobre cómo los bosques se mantienen saludables en entornos hostiles, sino que también ofrece una esperanza tangible para mitigar los efectos de las sequías en ecosistemas vitales. Como concluye Klein, “Cuanto más aprendamos sobre estas interacciones, más capaces seremos de formular estrategias para preservar nuestros bosques y afrontar los desafíos que nos trae el futuro climático”.
Equipo de investigación: El equipo incluyó a Gilad Jakoby, Maya Starr, Maxim Itkin, Sergey Malitsky y dos estudiantes de secundaria seleccionados a través del Programa Alpha, Romiel Karliner y Gal Eilon, quienes participaron activamente en el proyecto bajo la dirección del laboratorio de Klein.










