Electromovilidad en Chillán: estudio proyecta reducción de hasta 60% en emisiones del transporte público

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Bus eléctrico referencial

Una investigación de la Universidad Católica de la Santísima Concepción estima que la electrificación total de los buses urbanos permitiría evitar cerca de 9.400 toneladas de CO₂ al año, además de mejorar la calidad del aire y reducir el ruido en la ciudad.

El transporte público urbano es uno de los principales focos de emisiones de gases de efecto invernadero en las ciudades. En este contexto, un estudio desarrollado por investigadores de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC) proyecta que reemplazar completamente los buses diésel por buses eléctricos en Chillán y Chillán Viejo podría reducir en más de un 60% las emisiones de CO₂ equivalente asociadas a este sistema.

La investigación, titulada “Estimation and Analysis of the Reduction in CO₂ Equivalent from the Replacement of Public Transport Buses with Electric Ones in the Cities of Chillán and Chillán Viejo”, fue publicada en la revista Sustainability y se enmarca en el proyecto FIC-R 40050692 “Plan de acción para la adopción de la electromovilidad en Ñuble”, financiado por el Gobierno Regional de Ñuble y ejecutado por la UCSC.

El equipo, liderado por el Dr. Eduardo Espinosa junto a especialistas del Centro de Energía UCSC, utilizó la metodología internacional ISO 14064 para cuantificar emisiones. Los resultados indican que la electrificación total de la flota permitiría evitar aproximadamente 9.429 toneladas de CO₂ equivalente al año.

Según Espinosa, este impacto es especialmente significativo para ciudades intermedias. “La reducción estimada supera el 60% y podría aumentar a medida que la matriz energética chilena incorpore más energías renovables”, explicó.

De hecho, el estudio plantea que esta reducción podría acercarse al 65% en el futuro, en la medida en que el sistema eléctrico nacional avance hacia una mayor participación de fuentes limpias. En ese escenario, los beneficios ambientales de la electromovilidad serían aún mayores.

Pero los impactos no se limitan al cambio climático. La investigación también destaca mejoras en la calidad del entorno urbano. Aunque la contaminación por leña sigue siendo el principal problema en invierno, la incorporación de buses eléctricos permitiría disminuir otros contaminantes y reducir significativamente el ruido, mejorando la experiencia de los pasajeros y la vida en la ciudad.

El análisis consideró una flota cercana a 291 buses y los recorridos reales del sistema de transporte de ambas comunas, comparando el consumo de combustible actual con la demanda energética de un sistema completamente electrificado.

Sin embargo, el estudio advierte que la transición hacia la electromovilidad enfrenta importantes desafíos. Entre ellos, las limitaciones de infraestructura eléctrica, la necesidad de fortalecer la red de distribución y los altos costos de implementación.

A esto se suman barreras regulatorias. Si bien existen programas como “Renueva tu Micro” que apoyan la renovación de buses, aún no contemplan el financiamiento de infraestructura de carga, un elemento clave para la operación del sistema.

“Existen cuellos de botella técnicos, legales y económicos que deben resolverse para avanzar hacia un transporte público completamente sustentable”, concluyó Espinosa.

El proyecto FIC-R busca precisamente identificar estas brechas en infraestructura, capital humano y políticas públicas, con el objetivo de facilitar la adopción de la electromovilidad en la región de Ñuble.

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