Hallazgo de tres nuevas plantas endémicas de “orejas de zorro” en Chile reescribe la historia de un género botánico único

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Aristolochia vaginans, antes Aristolochia chilensis. Créditos: Diego Almendras.

En los ecosistemas áridos y semiáridos del centro-norte de Chile, un grupo de plantas discretas, de flores inusuales y aroma poco agradable que se cree atrae insectos, ha permanecido durante siglos en relativo anonimato. Conocidas como “orejas de zorro”, las especies del género Aristolochia han sido recientemente objeto de una revisión científica que redefine su diversidad, distribución y relevancia ecológica.

Una investigación internacional liderada por botánicos de Chile y Alemania, publicada en la revista Brittonia, duplicó el número de especies conocidas en el país: de tres a seis. Tres de ellas —Aristolochia distorta, A. juntucha y A. marinae— son nuevas para la ciencia. Todas, además, son endémicas de Chile.

El hallazgo no solo amplía el conocimiento sobre la flora nativa, sino que también advierte sobre la fragilidad de estas especies, muchas de las cuales presentan distribuciones extremadamente restringidas.

Taxonomía en disputa: un problema histórico

Durante décadas, la clasificación de las Aristolochia chilenas estuvo marcada por la confusión. La alta variabilidad morfológica —especialmente en hojas— dificultó su identificación, generando inconsistencias tanto en herbarios como en la literatura científica.

Uno de los cambios más relevantes del estudio fue la redefinición de la especie más conocida: Aristolochia chilensis pasó a ser Aristolochia vaginans, recuperando un nombre asignado en el siglo XVIII por el botánico español Hipólito Ruiz, que había permanecido olvidado hasta la reciente digitalización de sus registros. Este cambio responde a las reglas de prioridad de la nomenclatura botánica internacional.

Cómo distinguir lo invisible cuando las hojas no bastan

El principal desafío del estudio fue identificar caracteres confiables para distinguir especies altamente similares.

“El gran desafío fue determinar qué carácter taxonómico usar para separar las especies”, explica el investigador y uno de los autores de la publicación, Diego Almendras. “Las hojas no son un componente robusto; son extremadamente similares entre especies, lo que ha generado mucha confusión”.

Aristolochia distorta. Créditos: Diego Almendras.

Aunque las flores también presentan variabilidad —en color y presencia de pelos—, su forma resultó ser el rasgo más consistente.

Para resolver este problema, el equipo realizó mediciones detalladas de flores herborizadas en estado de antesis, analizadas mediante modelos morfogeométricos.

“Evaluamos la geometría de las flores y detectamos seis grandes grupos, que corresponden a seis especies”, señala Almendras.

Además, la separación geográfica de las poblaciones ayudó a confirmar estas diferencias. “Las orejas de zorro no se solapan en población, lo que permitió diferenciarlas también por su distribución” explica Almendras.

Tres nuevas especies, microendemismo y alta vulnerabilidad

Las nuevas especies descritas comparten un rasgo clave: son estenoendémicas, es decir, tienen distribuciones extremadamente acotadas.

Aristolochia juntucha: endémica de la meseta de Andacollo
Aristolochia marinae y A. distorta: restringidas a sectores específicos de la provincia del Choapa

Aristolochia marinae. Créditos, Diego Almendras.

Estas especies habitan principalmente en quebradas y laderas precordilleranas de la Región de Coquimbo. Su biología contribuye a su vulnerabilidad. “Son plantas que viven gran parte del tiempo bajo tierra, gracias a un órgano llamado xilopodio, lo que implica un crecimiento lento”, explica Almendras.

Además, su dispersión es limitada, agrega “sus semillas no se alejan mucho de la planta madre; probablemente se dispersan por hormigas o por agua”.

Las poblaciones, por tanto, se organizan en pequeños parches aislados, muchas veces en zonas expuestas que coinciden con áreas de intervención humana.

Conservación para proteger lo que apenas conocemos

Las amenazas son múltiples: actividad minera, pastoreo caprino, expansión agrícola y crecimiento urbano.

“Las poblaciones están restringidas a quebradas y laderas de cerro, que son precisamente zonas intervenidas”, advierte Almendras.

Frente a este escenario, el científico indica que “estas zonas son las que hemos detectado y que podrían ser protegidas en inmediatez. Es complicado generar zonas de exclusión, pero estas poblaciones están identificadas, y deben asegurarse para que al menos no sean tocadas ni alteradas”.

A diferencia de estas especies, Aristolochia vaginans presenta menor riesgo relativo, debido a su amplia distribución y presencia en áreas protegidas.

Un patrón evolutivo marcado por el aislamiento

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que todas las especies chilenas de Aristolochia son endémicas, sin registros compartidos con países vecinos.

Esto refuerza el rol de la cordillera de los Andes como barrera biogeográfica.

“El levantamiento de los Andes habría aislado las poblaciones, favoreciendo la especiación”, explica Almendras.

El desierto de Atacama también habría contribuido a este aislamiento, junto con procesos geológicos como el levantamiento de la cordillera de la costa.

Patrones similares se observan en otros géneros de plantas chilenas, como Adesmia y Phycella, lo que sugiere procesos evolutivos compartidos en la zona mediterránea.

El enigma de la distribución disyunta

La especie más ampliamente distribuida, Aristolochia vaginans, presenta un patrón inusual, un vacío en su distribución entre el sur de Coquimbo y el norte de Valparaíso.

Este fenómeno plantea nuevas preguntas sobre su historia evolutiva.

Aristolochia juntucha. Créditos: Diego Almendras.

Diego Almendras indica que una posible explicación está en su adaptación a condiciones extremas. “La capacidad de permanecer bajo tierra durante períodos secos, como los asociados a eventos de El Niño, podría explicar su éxito en zonas áridas”.

A pesar de los avances, aún quedan interrogantes, en ese sentido agrega que “estudios moleculares permitirían entender cuándo ocurrió la especiación y cómo se relacionan estas especies entre sí”.

También podrían esclarecer vínculos con especies similares de países vecinos, como Aristolochia argentina.

Más allá de la taxonomía

Las “orejas de zorro” no destacan por su abundancia ni por su visibilidad. Sin embargo, representan un ejemplo claro de cómo la biodiversidad aún guarda secretos, incluso en territorios relativamente estudiados.

Este trabajo no solo redefine un grupo botánico, sino que también pone en evidencia la urgencia de conservar ecosistemas frágiles antes de que especies desconocidas desaparezcan.

La crisis climática presiona territorios, por lo que comprender y proteger esta biodiversidad única no es solo un desafío científico, sino también una responsabilidad colectiva.

DOI https://doi.org/10.1007/s12228-025-09871-w 

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