Un río atmosférico de categoría 4 intensificará las precipitaciones entre Coquimbo y Los Lagos durante los próximos días. El fenómeno estará acompañado por fuertes vientos, nevadas en la cordillera y un mayor riesgo de crecidas de ríos, aluviones e inundaciones repentinas, advirtió el agroclimatólogo Patricio González Colville, de la Universidad de Talca.
Desde la tarde de este martes se espera el ingreso de un intenso sistema frontal que afectará gran parte de la zona centro-sur de Chile. De acuerdo con las proyecciones meteorológicas, el evento se prolongaría hasta el sábado y estará asociado a un río atmosférico de categoría 4, considerado fuerte y con potencial para generar impactos significativos.
Los ríos atmosféricos son corredores de vapor de agua que transportan enormes cantidades de humedad desde los océanos hacia los continentes. Cuando interactúan con un sistema frontal, incrementan la intensidad de las precipitaciones y elevan el riesgo de eventos extremos.
«Lo complicado y peligroso es que estos sistemas frontales vienen acompañados de ríos atmosféricos de categoría 4, considerado fuerte y riesgoso porque inyectará gran cantidad de humedad y también temperatura. Lo anterior intensificará las precipitaciones y aumentará el riesgo de emergencias», explicó el agroclimatólogo de la Universidad de Talca, Patricio González Colville.
Lluvias abundantes y riesgo de emergencias
Según el especialista, las precipitaciones más intensas se concentrarían entre las regiones de O’Higgins, Maule, Ñuble y Biobío, donde podrían acumularse entre 100 y 150 milímetros de lluvia durante el evento.
En la Región de Coquimbo se estiman acumulados entre 100 y 120 milímetros, dependiendo de la localidad, mientras que en la Región Metropolitana podrían registrarse entre 70 y 80 milímetros.
El experto advirtió que la precordillera será una de las zonas más vulnerables, debido al riesgo de aluviones y activación de quebradas producto de las intensas precipitaciones.
Vientos intensos y monitoreo de la isoterma cero
Además de las lluvias, el sistema frontal dejará nevadas en la cordillera, donde actualmente persiste un importante déficit de nieve, superior al 95% en algunos sectores.
Los vientos alcanzarán su mayor intensidad durante el jueves, con velocidades entre 40 y 60 km/h en la zona central e incluso hasta 80 km/h en sectores costeros, lo que podría provocar caída de árboles, interrupciones del suministro eléctrico y otros daños asociados.
Otro elemento que los especialistas vigilan es la evolución de la isoterma cero, es decir, la altura donde la lluvia comienza a transformarse en nieve. Actualmente se estima entre 2.300 y 2.500 metros, aunque podría variar durante el evento.
«Si la isoterma asciende, favorecerá el derretimiento de nieve y aumentará la probabilidad de crecidas repentinas, activación de quebradas e inundaciones, como ocurrió en agosto de 2023 en el río Mataquito, que afectó a Licantén y zonas agrícolas de Curicó», indicó González.
El investigador agregó que muchas ciudades chilenas siguen siendo altamente vulnerables frente a lluvias intensas de corta duración debido a la limitada capacidad de evacuación de aguas lluvias, especialmente en pasos bajo nivel y sectores urbanos con infraestructura insuficiente.
Un aporte para enfrentar la sequía, pero con riesgos
Aunque este evento representa una amenaza para la población y la infraestructura, también podría contribuir a disminuir el déficit hídrico que afecta desde hace años a la zona central del país.
«Esto va a dejar una baja en el déficit de lluvia que tenemos. En Santiago llega cerca del 80%, mientras que en Maule, Ñuble, Biobío y O’Higgins está cercano al 60%, por lo que habrá un aporte importante tanto para la nieve como para los embalses destinados al riego y la generación eléctrica», explicó.
No obstante, el especialista insistió en que las jornadas entre el jueves y el sábado concentrarán las condiciones más adversas, por lo que recomendó extremar las medidas preventivas.
En el caso del sector agrícola, llamó a proteger canales, compuertas y sistemas de riego, además de tomar resguardos frente a posibles inundaciones, ya que las crecidas de ríos suelen arrastrar sedimentos, piedras y lodo que pueden afectar cultivos, especialmente huertos frutales.
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