Construir la circulación pública del conocimiento: desafíos para conectar ciencia y territorio

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Dr. Alex Seguel Fuentealba, Profesor Asociado, Facultad de Ciencias Agropecuarias y Medioambiente. Universidad de La Frontera.

Chile produce cada vez más conocimiento científico. Sin embargo, junto con este crecimiento surge una pregunta cada vez más relevante: ¿qué ocurre con ese conocimiento una vez que se publica? Pocos sistemas han construido una infraestructura tan sofisticada como la ciencia para validar y hacer circular lo que produce. Hoy existen revistas especializadas, bases de datos internacionales, sistemas de indexación e indicadores que permiten medir productividad, posicionamiento y visibilidad.

Dr. Alex Seguel

Esa infraestructura, sin embargo, fue diseñada principalmente para circular dentro de la academia, y era necesaria. La publicación científica continúa siendo uno de los pilares fundamentales para validar resultados, construir evidencia y hacer avanzar el conocimiento. El problema no es el artículo científico, sino asumir que publicar equivale automáticamente a hacer circular el conocimiento.

Esto cobra especial relevancia en un escenario en que nunca habíamos tenido tantas capacidades para producir conocimiento, desarrollar tecnologías o comprender problemas complejos. Sin embargo, gran parte de lo que producimos sigue circulando dentro de espacios académicos, lejos de los territorios y comunidades donde podría adquirir valor práctico o social. Como resultado, seguimos comunicando ciencia para quienes ya habitamos el ecosistema científico, mientras los formatos dirigidos a públicos más amplios dependen de esfuerzos individuales, aislados o de corta duración.

Esta situación se expresa con claridad en los formatos no tradicionales. Cápsulas audiovisuales, podcasts, recursos educativos y otros productos divulgativos asociados a proyectos de investigación suelen tener una circulación limitada y, muchas veces, quedan dispersos en redes sociales o espacios institucionales de difícil acceso para públicos no especializados. De ahí surge una pregunta cada vez más recurrente: ¿dónde queda almacenado y cómo se preserva el conocimiento que generamos?

Si durante décadas construimos infraestructura para publicar papers, el desafío actual es construir también modelos de articulación y sistemas para conectar la generación, la circulación y la aplicación del conocimiento. El problema no es solamente comunicacional; también es estructural. Producimos cada vez más contenidos orientados a públicos diversos, pero sin desarrollar con la misma fuerza los ecosistemas necesarios para sostenerlos. Y esa brecha se conecta con uno de los grandes desafíos actuales de las universidades:  fortalecer la relación entre investigación, sociedad y territorio.

Esta mirada ha comenzado a adquirir un mayor reconocimiento en la política científica nacional. La Estrategia Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación para el Desarrollo de Chile 2026 incorpora explícitamente el desafío de una ciencia que se apropia socialmente y plantea la necesidad de profesionalizar la comunicación científica, fortalecer su institucionalidad y reconocer sistemas de conocimiento local. En ese sentido, lo que durante años se sostuvo principalmente a través de esfuerzos dispersos comienza a reconocerse como una tarea estratégica para el país.

Si uno de los desafíos es construir mecanismos para la circulación pública del conocimiento, otro consiste en desarrollar formas de evaluación capaces de reconocer sus contribuciones. La propia estrategia plantea diversificar las formas de medición para capturar procesos y contribuciones, y no solo resultados. Si ya contamos con indicadores para medir la productividad científica, hoy necesitamos desarrollar otros capaces de reconocer su circulación, apropiación y contribución efectiva a la sociedad.

Probablemente, parte importante de la vinculación con el medio del futuro dependerá de la capacidad que tengamos las universidades y los investigadores para construir formas más pertinentes, accesibles y sostenidas de circulación pública de la ciencia. Después de todo, el conocimiento científico no transforma realidades únicamente porque fue publicado. Lo hace cuando logra circular, dialogar con los territorios e incidir efectivamente en las decisiones y desafíos fuera de la academia.

 

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