Microalgas vivas para enfrentar la crisis hídrica: startup chilena expande tecnología agrícola con potencial internacional

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La empresa biotecnológica Tachi, instalada en Coquimbo, desarrolla bioestimulantes a partir de microalgas de agua dulce que buscan mejorar la productividad agrícola, aumentar la eficiencia en el uso del agua y contribuir a la captura de carbono. La tecnología ya ha sido aplicada en más de 400 hectáreas de cultivos en Chile y despierta interés en otros países de Latinoamérica.

En el mundo de hoy marcado por la escasez hídrica, la degradación de los suelos y los efectos cada vez más evidentes del cambio climático sobre la agricultura, diversas iniciativas científicas y tecnológicas buscan aportar soluciones sostenibles para la producción de alimentos. Una de ellas es Tachi, una startup biotecnológica chilena que utiliza microalgas de agua dulce para desarrollar bioestimulantes agrícolas con potencial para mejorar el rendimiento de los cultivos y fortalecer la salud de los ecosistemas productivos.

Fundada por Johanna Contreras y Carlos Araya, la empresa ha extendido durante los últimos meses la aplicación de su tecnología a más de 400 hectáreas de cultivos de exportación en las regiones de Antofagasta, Atacama, Coquimbo, Maule y Biobío. Entre los cultivos evaluados se encuentran uva de mesa, mandarinos y arándanos.

La innovación consiste en la aplicación de microalgas vivas a través de sistemas de fertirriego. Según la empresa, estos microorganismos aportan fitohormonas y compuestos bioactivos capaces de estimular el metabolismo vegetal durante distintas etapas del desarrollo de las plantas. Además, su incorporación al suelo podría contribuir a mejorar propiedades asociadas a la fertilidad y la retención de agua.

Microalgas y captura de carbono

Desde su planta de producción en Coquimbo, Tachi opera una red de más de 20 fotobiorreactores de mil litros cada uno, donde cultiva una cepa nativa de microalgas aislada y escalada para fines agrícolas y ambientales. Estos sistemas aprovechan la capacidad natural de las microalgas para capturar dióxido de carbono (CO₂) mediante fotosíntesis, transformándolo en biomasa y liberando oxígeno al ambiente.

La empresa también trabaja en el desarrollo de soluciones orientadas a la captura y almacenamiento biológico de carbono utilizando biomasa microalgal, una estrategia conocida internacionalmente como BICRS (Biomass Carbon Removal and Storage). Complementariamente, incorpora monitoreo de variables agronómicas como humedad del suelo, vigor vegetativo y procesos de floración o brotación para evaluar el desempeño de los cultivos.

De acuerdo con Carlos Araya, CEO de la startup, durante su primer año de operación la empresa estima haber contribuido a la fijación de cerca de 25 toneladas de carbono. Asimismo, señala que uno de los próximos objetivos será ampliar la validación de la tecnología en nuevos frutales y hortalizas.

Escalamiento y desafíos de certificación

Actualmente, Tachi cuenta con un nivel de madurez tecnológica TRL 6, correspondiente a una fase de demostración en entornos relevantes. La empresa ha recibido apoyo de programas impulsados por CORFO y forma parte de redes de innovación vinculadas al sector agroalimentario y climático.

El creciente interés de productores agrícolas de países como Perú, Ecuador y México ha impulsado a la startup a iniciar un proceso de levantamiento de capital destinado a fortalecer su capacidad productiva y avanzar en certificaciones internacionales. Entre sus principales desafíos para los próximos años se encuentran la validación en nuevos sistemas agrícolas, la protección de la propiedad intelectual y la consolidación de su modelo de negocio en mercados internacionales.

Johanna Contreras, directora de tecnología (CTO) y cofundadora de la empresa, explica que la demanda internacional se relaciona con la búsqueda de alternativas capaces de mejorar el calibre y la productividad de los cultivos, promover la recuperación de los suelos y optimizar el uso del agua en zonas afectadas por condiciones climáticas similares a las de Chile.

Resultados observados en terreno

Agricultores que han participado en ensayos y aplicaciones comerciales reportan resultados asociados a un mayor vigor de las plantas, mejoras en la estructura y fertilidad del suelo, desarrollo radicular y recuperación frente a episodios de estrés. Sin embargo, especialistas coinciden en que la validación científica de estas tecnologías requiere continuar acumulando evidencia en distintos cultivos, condiciones ambientales y escalas productivas para determinar con precisión sus efectos agronómicos y ambientales.

El uso de microalgas en agricultura forma parte de una tendencia global orientada al desarrollo de bioinsumos que permitan reducir la dependencia de fertilizantes convencionales y avanzar hacia sistemas productivos más resilientes frente al cambio climático. En este escenario, iniciativas como Tachi buscan posicionar la biotecnología desarrollada en Chile como una herramienta para enfrentar algunos de los principales desafíos de la agricultura del siglo XXI.

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