Marcel Ramos: «Las olas de calor marinas son cada vez más frecuentes e intensas»

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El oceanógrafo de la Universidad Católica del Norte explica las diferencias entre las olas de calor marinas y El Niño, analiza las anomalías térmicas registradas frente a Chile y advierte sobre los efectos de un océano cada vez más cálido

Desde las tardes interminables en la playa durante su infancia hasta convertirse en uno de los principales especialistas en oceanografía física de Chile, la trayectoria del doctor Marcel Ramos Quezada ha estado marcada por una profunda fascinación por el océano. Profesor del Departamento de Biología Marina de la Facultad de Ciencias del Mar de la Universidad Católica del Norte, Ramos ha dedicado su carrera a comprender los procesos físicos que gobiernan el mar y su influencia sobre los ecosistemas marinos. En esta entrevista para Ecociencias, explica los desafíos que enfrenta la oceanografía para entender un océano cada vez más afectado por el cambio climático.

¿En qué consiste la oceanografía física?

La oceanografía física es una rama de la oceanografía que estudia el comportamiento físico del océano, incluyendo las propiedades del agua de mar, su distribución y variabilidad. Analiza los procesos termodinámicos y dinámicos que ocurren a distintas escalas espaciales y temporales, desde la microestructura de la columna de agua hasta la circulación de grandes cuencas oceánicas, considerando además su interacción con la atmósfera.

Para ello, combina enfoques teóricos, experimentales y observacionales. En términos generales, las condiciones físicas del océano influyen y, en gran medida, determinan la estructura y funcionamiento de los ecosistemas marinos.

Hemos escuchado que existe una ola de calor marina que se arrastra desde el verano pasado. ¿Qué son las olas de calor en el océano?

En términos simples, las olas de calor marinas son períodos prolongados en los que la temperatura del mar en una determinada región se mantiene por encima de los valores considerados normales para la época del año. Estos eventos pueden durar días, semanas e incluso meses.

La definición más utilizada establece que una ola de calor marina ocurre cuando la temperatura supera el percentil 90 de la climatología local durante al menos cinco días consecutivos. No existe una única causa para su aparición; suelen ser el resultado de la combinación de diversos procesos oceánicos, atmosféricos y de la interacción entre ambos.

Marcel Ramos

Por ejemplo, en la zona centro-norte de Chile, los vientos del sur favorecen normalmente el ascenso de aguas frías y ricas en nutrientes desde zonas profundas hacia la superficie, un proceso conocido como surgencia costera. Cuando esos vientos se debilitan, la surgencia disminuye en intensidad y frecuencia, favoreciendo el aumento de la temperatura superficial del mar.

Desde una perspectiva oceanográfica, una ola de calor marina puede entenderse como un desequilibrio temporal en el balance de calor del océano. En estas condiciones, la ganancia de calor —producto de la radiación solar o del transporte de aguas más cálidas— supera durante un período prolongado los mecanismos que normalmente enfrían la superficie marina, como la evaporación o la emisión de radiación hacia la atmósfera.

Durante los últimos años, las olas de calor marinas han aumentado en frecuencia, duración e intensidad en distintas regiones del planeta, una tendencia que la comunidad científica vincula al cambio climático.

¿Estamos frente a una ola de calor marina?

Las condiciones cálidas observadas durante el verano pasado probablemente no correspondieron a una manifestación temprana de un evento El Niño propiamente tal, sino más bien a una acumulación anómala de calor en el océano.

Se sabe que antes del desarrollo de un evento El Niño, el Pacífico tropical suele atravesar una fase de recarga de calor en capas subsuperficiales, proceso descrito por la teoría de recarga-descarga del ENSO. Sobre ese escenario, la ocurrencia de olas de calor marinas y la tendencia global al calentamiento pueden contribuir a generar condiciones oceánicas excepcionalmente cálidas.

Sin embargo, esto no determina por sí solo la aparición de El Niño, ya que su desarrollo depende del acoplamiento dinámico entre el océano y la atmósfera.

En el centro-norte de Chile, entre noviembre de 2025 y marzo de 2026, se registraron anomalías de temperatura superficial del mar que superaron registros previos. Según datos del CEAZA, las olas de calor marinas observadas durante ese período fueron las más prolongadas e intensas desde 2020, alcanzando anomalías cercanas a los 3,3 °C por sobre lo normal.

A diferencia de episodios anteriores, estas anomalías se concentraron durante la primavera y el verano, y no durante el otoño e invierno, lo que sugiere la influencia de factores regionales, probablemente asociados a una disminución de los vientos favorables para la surgencia costera.

Por ello, las condiciones cálidas observadas pueden interpretarse como un factor de preacondicionamiento del sistema océano-atmósfera más que como una consecuencia directa del actual evento El Niño. En otras palabras, aún no existe evidencia suficiente para atribuir de manera directa las anomalías térmicas registradas frente a Chile al fenómeno que actualmente se desarrolla en el Pacífico tropical.

Serie temporal de Olas de Calor Marina (OCM) identificadas entre enero de 2022 y marzo de 2026 en la franja costera de las regiones de Atacama, Coquimbo y Valparaíso. Las áreas sombreadas (rosa y amarillo) corresponden a periodos de OCM. En cada evento se indica la temperatura sobre el promedio (°C), la duración (días) y el área afectada (%). Fuente: David Carrasco (CERFACS) a partir de datos NOAA OISST. Tomada de CeazaMar.

¿Cómo diferenciamos una ola de calor marina de El Niño?

Aunque ambos fenómenos implican temperaturas oceánicas más altas de lo normal, se trata de procesos distintos.

Una ola de calor marina es un fenómeno local o regional que se define exclusivamente por temperaturas anormalmente elevadas durante un período prolongado. Puede ocurrir en cualquier océano del mundo y responder a diversas causas.

El Niño, en cambio, corresponde a la fase cálida del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), un proceso acoplado entre el océano y la atmósfera que se desarrolla principalmente en el Pacífico ecuatorial tropical y cuyos efectos se extienden a escala global.

Durante un evento El Niño suelen debilitarse los vientos alisios, las aguas cálidas se desplazan hacia el Pacífico oriental y disminuye la surgencia de aguas frías frente a las costas de Sudamérica. Estas alteraciones generan cambios significativos en los patrones climáticos y oceanográficos de distintas regiones del planeta.

¿Cuál es la relación entonces entre El Niño y las olas de calor?

Como se mencionó anteriormente, se trata de fenómenos distintos, aunque pueden estar relacionados.

El Niño favorece el calentamiento de las aguas superficiales en amplias regiones del Pacífico y puede aumentar la probabilidad de ocurrencia e intensidad de algunas olas de calor marinas. Estudios recientes muestran que los eventos El Niño pueden amplificar episodios de calentamiento oceánico extremo cuando interactúan con otros modos de variabilidad climática de gran escala, como la Oscilación Decadal del Pacífico, así como con la tendencia de calentamiento asociada al cambio climático.

Por ello, cuando ambos fenómenos ocurren simultáneamente, sus efectos pueden potenciarse y generar condiciones de calentamiento oceánico más extremas que las producidas por cada uno de ellos por separado.

Según los pronósticos de NOAA, podríamos enfrentar un evento El Niño fuerte. ¿Qué podríamos esperar?

Actualmente existen condiciones consistentes con el desarrollo de un evento El Niño, es decir, temperaturas superficiales del mar superiores al promedio en el Pacífico ecuatorial central y oriental.

Si el fenómeno continúa fortaleciéndose, podrían observarse condiciones similares a las registradas durante eventos intensos anteriores, como los de 1982-1983 y 1997-1998. Sin embargo, cada episodio presenta características particulares, por lo que sus impactos pueden variar considerablemente.

De acuerdo con los pronósticos de la NOAA, para el período comprendido entre noviembre de 2026 y enero de 2027 existe una probabilidad cercana al 63 % de que se desarrolle un evento El Niño de gran intensidad.

A pesar de los avances logrados en las últimas décadas, los modelos de predicción aún enfrentan dificultades para estimar con precisión la intensidad final de estos eventos. Esto se debe a que El Niño surge de la interacción entre el océano y la atmósfera, un sistema complejo en el que pequeñas variaciones pueden modificar significativamente su evolución.

Por esta razón, los pronósticos se expresan en términos probabilísticos y niveles de confianza, especialmente cuando se proyectan con varios meses de anticipación.

¿Qué ocurrió durante el evento El Niño de 1997-1998 y qué lecciones deja para la actualidad?

El evento El Niño 1997-1998 es considerado uno de los más intensos registrados instrumentalmente. Durante ese período, las temperaturas superficiales del mar en el Pacífico ecuatorial oriental alcanzaron niveles excepcionalmente altos, afectando también al Pacífico sudoriental frente a las costas de Perú y Chile.

Uno de los procesos más relevantes fue la propagación de ondas Kelvin ecuatoriales de hundimiento, que provocaron una elevación del nivel del mar y una profundización de la termoclina. Al llegar a las costas de América, parte de esa energía se desplazó hacia latitudes más altas mediante ondas atrapadas a la costa, alterando las condiciones oceanográficas regionales.

Entre sus principales efectos destacó una mayor estratificación de la columna de agua, lo que redujo el aporte de nutrientes desde las capas profundas y debilitó significativamente la surgencia costera. Como consecuencia, disminuyó la productividad biológica marina y se produjeron importantes alteraciones en las cadenas tróficas.

Numerosas especies cambiaron su distribución geográfica en busca de condiciones más favorables. Se observaron modificaciones relevantes en la abundancia y distribución de anchovetas, sardinas y otras especies de importancia económica para la pesca.

A escala global, el fenómeno provocó inundaciones severas en algunas regiones y prolongadas sequías en otras, convirtiéndose en uno de los eventos climáticos más impactantes del siglo XX.

Hasta ahora, algunas condiciones observadas durante 2026 presentan similitudes con las registradas en 1997-1998, particularmente en relación con la propagación de ondas Kelvin y el calentamiento frente a las costas de Perú. Sin embargo, esta comparación debe realizarse con cautela.

Hoy el océano se encuentra en un estado climático más cálido que hace tres décadas y el nivel medio del mar ha aumentado debido al cambio climático. Estas modificaciones pueden influir en la forma en que se desarrollan y amplifican los eventos El Niño, alterando potencialmente su intensidad, extensión espacial y efectos regionales.

 

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