Sistema frontal: ¿Por qué algunos ríos crecen en minutos y otros tardan días?

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Académico de la UCSC explica por qué las cuencas responden de manera distinta a las lluvias y cómo comprender su comportamiento permite anticipar mejor las inundaciones.

Mientras un nuevo sistema frontal mantiene bajo alerta a diversas regiones del centro-sur de Chile, con evacuaciones preventivas y monitoreo constante de ríos y esteros, surge una pregunta clave: ¿por qué algunos cursos de agua aumentan su caudal en cuestión de minutos, mientras otros demoran horas o incluso días en reaccionar?

Para el académico de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), Dr. Diego Caamaño, la respuesta no depende únicamente de la intensidad de las precipitaciones.

«Para entender las inundaciones, lo importante no es solo conocer cuánta lluvia cae, sino cuánta agua llega al río y qué tan rápido llega. La misma cantidad de lluvia puede pasar sin consecuencias o provocar una emergencia, dependiendo de algunas condiciones», explica.

Un suelo que deja de absorber agua

Uno de los factores más relevantes es el estado previo del suelo. El investigador compara este proceso con una esponja: al inicio de las lluvias, el terreno absorbe gran parte del agua, pero llega un momento en que se satura. Desde entonces, prácticamente toda la precipitación comienza a escurrir hacia ríos, esteros y quebradas.

Esta situación cobra especial importancia durante eventos como el actual, donde no se trata de un solo frente, sino de una sucesión de sistemas frontales. Las primeras lluvias saturan el suelo y las siguientes encuentran un terreno incapaz de absorber más agua, provocando que un mayor volumen llegue rápidamente a los cauces y aumente el riesgo de inundaciones.

No todas las cuencas reaccionan igual

El comportamiento de los ríos también está determinado por las características de sus cuencas.

Los grandes ríos que nacen en la cordillera de los Andes, como el Biobío o el Itata, presentan tiempos de respuesta más lentos. Parte importante de las precipitaciones permanece almacenada como nieve y sus amplios valles ayudan a amortiguar las crecidas, por lo que el aumento del caudal puede demorar horas o incluso días.

La realidad es distinta en los ríos y esteros que nacen en la cordillera de la Costa, como el Andalién, Nonguén, Bellavista, Pichilo o Carampangue.

«Son cuencas pequeñas y empinadas. No tienen nieve que retenga el agua ni grandes valles que amortigüen las crecidas. El agua baja muy rápido y estos ríos pueden aumentar su caudal en pocas horas», advierte el académico.

Esta diferencia también condiciona la capacidad de anticipar una emergencia. En grandes cuencas existen estaciones de monitoreo ubicadas aguas arriba que permiten proyectar el aumento del caudal con varias horas o incluso días de anticipación. En cambio, en las cuencas costeras el margen de reacción puede reducirse a pocas horas o incluso minutos.

«Si vive junto a un río costero, el tiempo de respuesta puede ser de horas e incluso de minutos. En estas cuencas ya no basta con esperar a que el río suba; es necesario anticiparse utilizando el pronóstico de precipitaciones», señala Caamaño.

Anticipar las inundaciones antes de que ocurran

Actualmente existen herramientas que integran modelos meteorológicos, hidrológicos e hidráulicos para estimar el comportamiento de los ríos antes de que ocurra una crecida.

Mientras los modelos meteorológicos proyectan dónde y cuánto lloverá, los hidrológicos calculan cuánto aumentará el caudal y los hidráulicos estiman la altura y velocidad que alcanzará el agua.

«La diferencia es clave. No se trata de medir el nivel del río cuando ya subió, sino de calcularlo antes de que ocurra», explica.

Sin embargo, el investigador advierte que estas tecnologías dependen de información histórica confiable. Aunque grandes cuencas como la del Biobío cuentan con registros suficientes, muchos ríos y esteros costeros aún carecen del monitoreo necesario para realizar predicciones con la misma precisión.

Planificación territorial: la mejor herramienta preventiva

Más allá de la tecnología, el especialista enfatiza que una adecuada planificación del territorio sigue siendo una de las medidas más efectivas para reducir el riesgo de desastres.

«No construir en quebradas ni en planicies de inundación, porque justamente para eso existen esas planicies».

El académico invita además a cambiar la forma en que se interpretan estos eventos.

«La mayor parte de las veces que decimos que el río se salió, contamos mal la historia. En realidad, el río volvió a donde siempre estuvo y nosotros llegamos después».

Asimismo, plantea la necesidad de actualizar las obras de infraestructura considerando las nuevas condiciones climáticas. Muchos sistemas de evacuación de aguas lluvias y defensas fluviales fueron diseñados con registros hidrometeorológicos de hace varias décadas, que ya no representan la realidad actual.

«Hoy llueve menos que antes, pero llueve distinto: en menos días, con precipitaciones más intensas y con menos nieve. Tenemos menos agua en total, pero mucho peor distribuida».

Para el Dr. Diego Caamaño, la recurrencia de estos eventos representa también una oportunidad para fortalecer la prevención.»Estos temporales se repiten y, muchas veces, afectan los mismos lugares. Aunque parezca desalentador, justamente porque se repiten son fenómenos que podemos conocer mejor y anticipar con mayor precisión».

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