Cohabitar: pedagogías posibles a través del cruce de arte y ecología en una exposición

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Por Fiorella Angelini, coordinadora de mediaciones FMA (Fundación Mar Adentro) y Manuela Méndez, directora de aprendizajes FMA. 

La escuela continúa siendo un lugar donde se aprende a vivir juntos: con las aguas, los vientos, los bosques, los lenguajes y los territorios donde inciden los proyectos educativos. Es ahí donde los docentes despliegan su vocación, enfrentan desafíos y articulan experiencias. Siendo testigos de este camino y motivación, hace un año impulsamos junto a educadores de La Araucanía una exposición y metodología replicable —Conocer el paisaje con las manos— que nos abrió la mirada respecto de cómo una exhibición de arte puede sacar a la luz procesos pedagógicos que unen diversas formas de cohabitar. 

Esta propuesta de Fundación Mar Adentro —materializada por la artista Fiorella Angelini y el diseñador Bastián Pérez— buscó visibilizar y generar reflexiones en torno a proyectos de docentes, quienes habían participado en ediciones del programa gratuito Docente Activo (2021 – 2025) sobre arte y ecología en la educación. En el Centro Cultural Liquen, en Villarrica, se dieron a conocer desafíos socioecológicos abordados con inspiración y esperanza, sobre la erosión del suelo, la contaminación de un río o la desconexión con un humedal, traducido en un recorrido museográfico ilustrado con líneas azules que se encontraban en paredes y vidrios, mostrando cauces de agua de la cuenca del Toltén, intervenidos con preguntas sobre arte y educación, uniendo visualmente las obras en un mapa. 

En diálogo con la historia geológica, ecológica y sociocultural de este territorio, observamos cómo una metodología que apunta a generar cruces disciplinarios en un contexto expositivo —que opera también como lugar de reunión—, permite situar la experiencia educativa en un plano corporal colectivo. Esto revela que somos parte de los ecosistemas, transformando y vivenciando la interdependencia como motor de cuidado propio y mutuo.

Estos cruces ocurren, a la vez, en un contexto de cambio climático y ecoansiedad crecientes, donde la infancia enfrenta una desconexión y en ocasiones angustia cada vez mayor con la naturaleza —lo que autores han llamado la extinción de la experiencia—. Frente a ese escenario, la escuela, la naturaleza y el arte son clave para restituir un vínculo cotidiano con lo vivo.

Al mismo tiempo, concebir una exhibición de arte contemporáneo de este tipo nos llevó a pensar formatos que tomaran su contexto como inspiración, donde diversos puntos de una cuenca se conectaran y afectaran entre sí.  Se dio un encuentro en múltiples capas, sobre visiones de los lugares a través de imágenes, relatos, poemas y visualidades que derivaron en obras artísticas dialogantes.

La exposición contó además con visitas guiadas para escuelas, estudiantes de pedagogía, investigadores, familias y comunidad local. En los momentos significativos vimos a niñas y niños reconocerse en las obras —‘esto lo hice yo’—, a familias recorriendo la muestra, y a docentes acompañados de sus equipos directivos y colegas: se generó un momento para mirar, con el valor que merece, un trabajo que ocurre día a día pero que rara vez se pone en un plano comunitario y menos aún expositivo.

También se realizó el conversatorio Pedagogías sensibles para crear desde el territorio, en el cual se reflexionó sobre experiencias pedagógicas co-creadas, entendiendo la práctica educativa como laboratorio creativo de aprendizaje que favorece la colaboración y regeneración, de la mano de los expertos en educación que son los educadores, cuyos roles se desdibujan para convertirse en artógrafos: artistas, investigadores y docentes.

Las obras ilustraron esa diversidad de caminos, donde el juego y la experimentación ocuparon un lugar central. En Te miro, te observo y te valoro, por ejemplo, estudiantes de la Escuela Juan Bautista Chesta de Pitrufquén registraron con cámara y cuaderno la biodiversidad durante la pandemia, para luego experimentar con proyecciones de mapping y ritmos ancestrales mapuche. Nuestro parque en décimas, del Colegio Pucón, en tanto, instaló cámaras trampa en el Parque Nacional Villarrica y transformó esos registros en versos sobre pumas, zorros y liebres. Ni tan esto ni tan lo otro, del Liceo Politécnico de Villarrica, por otro lado, invitó a estudiantes a explorar la pregunta ¿quién soy desde la diferencia?, generando 40 historias en formato fanzine o cuadernillo. 

Acercar la experiencia artística alineada con el cuidado de la naturaleza, sitúa la práctica educativa en las relaciones con el entorno y la comunidad. Educar para la vida y la convivencia es un principio que, asimismo, orienta el trabajo para conectar el núcleo familiar cotidiano con la experiencia escolar. Día a día, profesores crean, experimentan, dialogan, investigan y realizan un trabajo vital para unir esta red, invitándonos a conocer el paisaje no solo con las manos, sino con todos los sentidos y también desde los afectos, integrando saberes locales y contenidos curriculares.

Estas prácticas pedagógicas abren diversas preguntas, entre ellas, ¿cómo llevar a la práctica una educación transformadora para plantear otros vínculos con los ecosistemas desde el cuidado? o ¿cómo aprender a cohabitar en armonía de maneras más empáticas con todos los seres? 

Un recordatorio importante que surgió de este proceso es la relevancia de la diversidad: un ecosistema sano es un ecosistema diverso, con muchas interacciones, con flujos donde florece la colaboración y se articulan estructuras para la propagación de la vida y sus movimientos continuos. Es así como queremos pensar las comunidades educativas, visibilizando el rol de los docentes como sostenedores de los vínculos.

Los proyectos exhibidos se enmarcaron en el programa Docente Activo de Fundación Mar Adentro, un espacio de formación y acompañamiento que vincula arte y ecología a través del aprendizaje experiencial, acogiendo a duplas provenientes de colegios privados y públicos, rurales y urbanos, de distintas geografías. Con su participación no solo representan a sus comunidades, sino que posibilitan la agencia de los estudiantes expandiéndose más allá de la escuela. 

Lo que queda de este recorrido no se agota en la sala de exhibición. Como el agua que baja de la cordillera y sigue su curso hacia el mar, estas experiencias continúan más allá: en un aula, en un patio, en una conversación entre un docente y su estudiante frente a un árbol. Ahí sigue esta forma de habitar juntos que aprendimos colectivamente en esta exposición que volverá a tener nuevas ediciones, invitando a quienes se motiven en cualquier región, a replicar esta metodología y en La Araucanía, a participar cada año en la convocatoria de Docente Activo.

Columna por:

Fiorella Angelini, coordinadora de mediaciones de Fundación Mar Adentro. Licenciada en artes visuales y Profesora de educación Media mención Artes visuales de la U. Finis Terrae; y Mg. en Artes visuales de University College of London. Desde la instalación, la fotografía análoga y el video, explora problemáticas que afectan la naturaleza, el territorio y la identidad. 

Manuela Méndez, directora de aprendizajes en Fundación Mar Adentro. Bióloga mención en medio ambiente, Mg. en ciencias, Mg. en educación y Doctora en Educación por la Universidad Católica (UC). Sus líneas de investigación abordan los cruces entre ecología, educación y conservación biocultural.

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