Muestra inmersiva permite “explorar” la visión de las abejas en flores nativas

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Jaime Martínez Harms. INIA La Cruz.

A través de una experiencia de Realidad Virtual (VR), acompañada por mediación en sala, la exposición llega al Museo de Historia Natural de Valparaíso para indagar en nuevas formas de percibir la biodiversidad y la naturaleza. La propuesta permite “sobrevolar” un jardín de flores nativas del desierto florido de Atacama y conocer cómo las abejas utilizan patrones ultravioleta, invisibles para el ojo humano, para orientarse hacia sus fuentes de alimento.

¿Qué pasaría si por unos minutos pudieras experimentar el mundo como una abeja? ¿Si pudieras “ver” cómo este diminuto insecto percibe flores tan especiales como las que brotan durante el desierto florido? Esa es justamente la propuesta de “Visión de Abeja: experiencia floral inmersiva”, una exposición que combina arte, ciencia y tecnología para acercar al público a una dimensión de la naturaleza que normalmente permanece fuera del alcance de nuestros sentidos.

Mediante un recorrido guiado de Realidad Virtual (VR), cada participante podrá explorar, a una escala aproximada a la de una abeja, un jardín de flores que recrea dos especies nativas del desierto de Atacama: Cistanthe longiscapa (pata de guanaco) y Argylia radiata (flor del jote).

La experiencia de comunicación científico-humanista fue desarrollada por la diseñadora e investigadora en artes mediales Viviana Álvarez Chomón y el biólogo de INIA La Cruz, Jaime Martínez Harms. La propuesta cuenta además con la curatoría y mediación de Mónica Araus Sieber y estará disponible para el público entre el 24 de septiembre y el 7 de noviembre en el Museo de Historia Natural de Valparaíso.

“Nuestra propuesta busca acercar al público a una interpretación de cómo las abejas (Apis mellifera) perciben las flores y, al mismo tiempo, poner en valor la importancia de la polinización y de las flores nativas. Pero también es una invitación a preguntarnos por nuestra propia manera de percibir el mundo”, señala Viviana Álvarez.

A través de este desplazamiento perceptivo, complementa la especialista en artes mediales, es posible descubrir que un mismo paisaje puede ser experimentado de maneras muy diferentes según las capacidades sensoriales de cada especie. “La experiencia nos recuerda que aquello que vemos no es necesariamente todo lo que existe, sino solo una parte del mundo a la que nuestros sentidos nos permiten acceder”.

Un diálogo invisible

Durante la muestra, los visitantes podrán alternar entre distintas formas de observar el entorno del desierto florido: la visión humana, la visión ultravioleta y una interpretación de la percepción cromática y óptica de las abejas.

Esta diferencia resulta especialmente relevante en la relación entre las flores y sus polinizadores. Para las abejas, algunas flores presentan patrones ultravioletas que el ojo humano no puede detectar y que contribuyen a orientar su desplazamiento hacia zonas donde pueden encontrar alimento.

Según el equipo a cargo de la exposición, existe una sofisticada interacción entre las plantas y sus polinizadores que involucra señales que muchas veces escapan a nuestros sentidos. Colores, patrones, aromas y otras señales participan en este intercambio y contribuyen a hacer posible la polinización, un proceso fundamental para la reproducción de numerosas plantas y, en último término, para la generación de nueva vida.

Así, la experiencia no solo propone mirar las flores de otra manera, sino también cuestionar los límites de nuestra propia percepción. Al situarnos, aunque sea por unos minutos, en el lugar de otro organismo, la exposición abre una pregunta más amplia: ¿cuánto de la naturaleza que nos rodea permanece invisible simplemente porque no tenemos los sentidos para percibirla?

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