Elias 2-24 b, el exoplaneta más joven detectado hasta ahora, abre nuevas posibilidades para estudiar la formación de planetas gigantes

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Representación artística de Elias 2-24 b. Crédito: W. M. Keck Observatory/Adam Makarenko, vía NASA Science.

El planeta tiene una masa comparable a la de Júpiter y una edad inferior al millón de años. Todavía se encuentra inmerso en el disco de gas y polvo de su estrella, lo que ofrece una oportunidad excepcional para estudiar las primeras etapas de la formación planetaria.

Un equipo internacional liderado por Andrea Bernardi, estudiante de doctorado del Núcleo Milenio sobre Exoplanetas Jóvenes y sus Lunas (YEMS), confirmó la existencia de Elias 2-24 b, considerado el exoplaneta más joven detectado hasta ahora. Con una masa similar a la de Júpiter y menos de un millón de años de antigüedad, este objeto continúa inmerso en el disco de gas y polvo que rodea a su estrella, donde se desarrolla el proceso de formación planetaria.

Bernardi realiza su investigación doctoral en la Universidad Diego Portales y forma parte de YEMS, iniciativa financiada por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), a través de la Iniciativa Científica Milenio. Los resultados del estudio fueron publicados en la revista científica The Astrophysical Journal Letters y destacados por NASA en un comunicado difundido el 16 de septiembre de 2026.

Representación artística de Elias 2-24 b creciendo dentro del disco de gas y polvo de su estrella.
Representación artística de Elias 2-24 b mientras crece dentro del disco de gas y polvo que rodea a su estrella. Crédito: W. M. Keck Observatory/Adam Makarenko, vía NASA Science.

Un planeta ubicado en la brecha de su disco natal

El sistema Elias 2-24 se encuentra a aproximadamente 450 años luz de la Tierra. Las observaciones realizadas con el radiotelescopio ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array) revelaron una brecha en el disco de polvo que rodea a la estrella. Posteriormente, el Very Large Telescope (VLT), del Observatorio Europeo Austral (ESO), detectó una débil fuente de luz en el interior de esa región.

Sin embargo, todavía era necesario determinar si esa señal correspondía efectivamente a un planeta.

«Los planetas deberían encontrarse dentro de las brechas, ya que son ellos los que las están excavando», explica Bernardi en el comunicado de NASA. «Y es exactamente allí donde encontramos a Elias 2-24 b».

La ubicación del objeto coincide con una región del disco cuya estructura puede explicarse por la interacción gravitacional de un planeta en formación con el material que lo rodea.

Continuo de ALMA a 1,3 mm del disco Elias 2-24, con regiones magenta, azul y dorada que delimitan la posición del compañero.
Observación del continuo de ALMA a 1,3 mm del disco Elias 2-24, correspondiente al programa DSHARP. Las regiones magenta, azul y dorada delimitan el área que contiene la posición del compañero, de acuerdo con los resultados del estudio y trabajos previos. Elias 2-24 b es responsable de la brecha y de la acumulación de polvo en el borde interno del disco exterior. Crédito: Bernardi et al. (2026).

Los archivos del Observatorio Keck permitieron confirmar su existencia

Para verificar la naturaleza del objeto, el equipo recurrió a observaciones de los años 2018 y 2020, conservadas en los archivos del Observatorio W. M. Keck, en Hawái.

Al analizar y combinar estos registros, los investigadores pudieron seguir el movimiento de la fuente luminosa a lo largo del tiempo. Esta evidencia permitió respaldar su identificación como un planeta asociado al sistema Elias 2-24, descartando explicaciones alternativas como un artefacto instrumental o una estrella de fondo.

La investigación integró observaciones de tres instalaciones astronómicas: ALMA, el VLT y el Observatorio Keck. En conjunto, estos datos permitieron relacionar las características estructurales del disco con la presencia del objeto que estaría modificando su distribución de material.

El trabajo también pone de relieve el valor de los archivos astronómicos: observaciones realizadas años atrás pueden adquirir nueva relevancia cuando se analizan en conjunto con datos más recientes y permiten responder preguntas que inicialmente permanecían abiertas.

Una oportunidad para estudiar cómo nacen los planetas

Elias 2-24 b se encuentra a una distancia de su estrella equivalente a unas 55 veces la separación entre la Tierra y el Sol. La presencia de un planeta gigante tan joven a esa distancia representa un desafío para los modelos actuales de formación planetaria, que deben explicar cómo estos objetos pueden alcanzar masas comparables a la de Júpiter en regiones tan alejadas de sus estrellas.

De acuerdo con NASA, los anteriores planetas que ostentaban el récord de juventud tenían edades superiores a los cinco millones de años. La detección de Elias 2-24 b amplía, por tanto, las posibilidades de estudiar objetos planetarios en etapas extremadamente tempranas de su evolución.

Uno de los principales obstáculos para investigar estos sistemas es el material que los rodea. El gas y el polvo del disco pueden dificultar la observación directa de los planetas en formación.

«En gran medida, seguimos sin poder ver estos planetas bebés», señala Lucas Cieza, coautor del estudio, en el comunicado de NASA.

En este contexto, el descubrimiento representa una oportunidad para contrastar las teorías científicas con observaciones de planetas que todavía se encuentran en proceso de formación.

«Es emocionante sumar otro sistema a la pequeñísima muestra de planetas que podemos estudiar mientras todavía se están formando. Estos sistemas nos dan una oportunidad muy poco común de confrontar los modelos de formación planetaria con el proceso mismo, y no solamente con sus productos finales», señala Sebastián Pérez, investigador de YEMS en la Universidad de Santiago de Chile.

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