Una enfermedad silenciosa entre los zorros del centro de Chile: la sarna sarcóptica y su vínculo con los perros rurales

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Por Carolina Pérez M.

En los paisajes rurales del centro de Chile, entre cerros cubiertos de matorrales espinosos, bosques esclerófilos y plantaciones forestales, una enfermedad silenciosa se propaga entre la fauna silvestre. Se trata de la sarna sarcóptica (SS), una afección cutánea altamente contagiosa causada por el ácaro Sarcoptes scabiei. Invisible a simple vista, este parásito excava túneles en la piel de sus hospedadores, provocando picazón intensa, pérdida de pelo, heridas abiertas, debilitamiento generalizado e incluso la muerte en casos graves.

Aunque su presencia se extiende por todo el mundo y puede afectar a más de un centenar de especies de mamíferos —incluidos los humanos—, su impacto ecológico completo aún no se comprende con claridad. En la vida silvestre, la enfermedad puede alterar las relaciones tróficas, reducir la capacidad de caza de los depredadores o modificar el comportamiento de las poblaciones afectadas.

Un reciente estudio liderado por investigadores chilenos, publicado en Journal of Wildlife Diseases, abordó la ocurrencia de esta enfermedad en dos especies nativas de zorros del género Lycalopex —el zorro culpeo (Lycalopex culpaeus) y el zorro chilla (Lycalopex griseus)— en el centro rural de Chile. El objetivo fue analizar la presencia de sarna sarcóptica en distintos tipos de hábitats y explorar su posible relación con los perros domésticos y la actividad humana.

El trabajo de campo se desarrolló en tres localidades separadas por unos 56 kilómetros: Alto Colorado, una zona dominada por plantaciones de árboles exóticos en monocultivo; y La Estrella y Callihue, representativas del bosque costero mediterráneo nativo, con matorral espinoso y bosque esclerófilo respectivamente. En cada sitio, el equipo instaló diez cámaras trampa dentro de cuadrículas de 1000 hectáreas, que permanecieron activas durante trece meses consecutivos.

Los resultados fueron tan reveladores como preocupantes. Los zorros fueron detectados en todas las estaciones de muestreo, y individuos con signos visibles de sarna —como pérdida de pelo y costras en la piel— aparecieron en 24 de las 30 estaciones monitoreadas. En total, el 10,4% de las 3.140 imágenes registradas correspondió a zorros con lesiones compatibles con la enfermedad, lo que evidencia una prevalencia significativa.

Los perros domésticos fueron observados en 28 estaciones, desplazándose incluso a casi ocho kilómetros de los asentamientos humanos. Aunque la asociación directa entre la presencia de perros, humanos y zorros enfermos fue débil en el análisis estadístico, los investigadores sugieren que los perros siguen siendo la fuente más probable de introducción del ácaro en la fauna silvestre local. Su libre circulación por áreas rurales favorece el contacto directo o indirecto con zorros, ya sea mediante encuentros ocasionales, el uso de madrigueras compartidas o la interacción con presas y cadáveres infectados.

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que tanto los zorros como los zorros enfermos y los perros se detectaron en todos los tipos de macrohábitats, aunque tendieron a ser más abundantes en paisajes con vegetación nativa. Esto demuestra que la enfermedad no está limitada a ambientes alterados, sino que también afecta a ecosistemas naturales, donde los zorros cumplen roles ecológicos fundamentales como controladores de roedores y dispersores de semillas.

El investigador Diego Ramírez Álvarez, parte del equipo del estudio, destaca que las zonas rurales “son interfases de interacción entre el ecosistema silvestre y el ecosistema antropizado o periurbano, con todos sus impactos y vectores de transmisión, por lo tanto, estas son áreas prioritarias para comenzar a ejercer control poblacional y sanitario en animales domésticos para reducir la transmisión de estas enfermedades infectocontagiosas”.

Ramírez también destaca la importancia de estos hallazgos desde un enfoque de Una Salud (One Health), concepto que integra la salud humana, animal y ambiental. “Es relevante destacar el impacto de estos resultados en el marco de Una Salud, sobre todo por su expresión detrimental de la salud ecosistémica en el medio silvestre del Chile mediterráneo. Además, la disminución de los carnívoros nativos podría provocar un aumento de sus presas, como lagomorfos y roedores, lo que a su vez podría incrementar zoonosis mediadas por estas especies, como el hantavirus o la leptospirosis”, explica el investigador.

El análisis espacial del estudio mostró que la ocurrencia de sarna, de zorros y de perros domésticos fue más frecuente cerca de los asentamientos rurales, pero más alejada de las zonas urbanas. Esto refleja una relación compleja con la presencia humana: las comunidades rurales mantienen una convivencia más directa con el entorno natural, lo que genera puntos críticos de contacto entre animales domésticos y silvestres.

Más allá de las cifras, esta investigación pone en evidencia la necesidad urgente de comprender los procesos de transmisión de enfermedades en escalas locales. La sarna sarcóptica, pese a su tamaño microscópico, puede tener consecuencias profundas en la conservación de la biodiversidad. Una población de zorros debilitada no solo enfrenta un riesgo sanitario, sino también una disminución en su capacidad para cumplir funciones ecológicas vitales.

En un contexto donde la frontera entre lo doméstico y lo silvestre se vuelve cada vez más difusa, estudios como este nos recuerdan que la salud del ecosistema, de los animales y de las personas está profundamente conectada. Proteger a los zorros del centro de Chile de la sarna sarcóptica no es solo un desafío de conservación, sino un llamado a repensar nuestra relación con los entornos rurales y las especies que los habitan.

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