Una investigación liderada por el Dr. Eduardo Guajardo-Rubilar del Núcleo Milenio MASH, del Centro i~mar, de la Universidad de Los Lagos combinó casi una década de imágenes satelitales Sentinel-2 con modelación bayesiana avanzada para mapear, por primera vez, la dinámica del huiro flotador (Macrocystis pyrifera) a lo largo de los ~3.000 km de costa chilena.
¿Cómo cambian los bosques de huiro a lo largo de Chile? Esa fue la pregunta que motivó el estudio «Spatio-temporal dynamics of giant kelp forests in the Humboldt current system revealed by satellite data and hierarchical Bayesian modeling», publicado en Ecological Informatics y desarrollado junto a Alejandra Mora-Soto, Alejandro H. Buschmann y Sylvain Faugeron.
El equipo analizó imágenes satelitales Sentinel-2 entre 2016 y 2025, aplicando una grilla sistemática de 5 km sobre toda la costa y procesándolas mediante modelos bayesianos jerárquicos (INLA-SPDE). Esta metodología permitió observar patrones que hasta ahora eran invisibles, dada la enorme extensión espacial y los rápidos cambios que caracterizan a estos bosques marinos.
Un gradiente de norte a sur
Los resultados muestran que los bosques de huiro no se distribuyen de manera uniforme. La ecorregión Araucana (sur de los 33°S) concentra el mayor dosel flotante promedio del país (~3.136 m² por sitio), seguida por Chile Central (1.983 m²) y la ecorregión Humboldtiana en el norte (1.948 m²).
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En el sur, los ciclos estacionales son marcados, con picos en verano y otoño.
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En el norte, la dinámica es más variable entre años pero estacionalmente más estable, gracias a una surgencia costera persistente aunque irregular.
Dos escalas que gobiernan el ecosistema
El hallazgo más novedoso fue identificar dos escalas espaciales de organización:
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Escala local (~7 km): donde dominan procesos biológicos como el crecimiento, el reclutamiento y el desprendimiento de algas.
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Escala regional (~225 km): donde son las condiciones oceanográficas las que sincronizan el comportamiento de bosques distantes.
«Existen diferencias entre sitios separados por tan solo 7 km, pero que cambian coordinadamente con sitios alejados hasta unos 225 km», explica el Dr. Guajardo-Rubilar.
El rol clave de la surgencia costera
El estudio demostró que los bosques más extensos y estables se concentran cerca de los principales centros de surgencia del país: Península de Mejillones, Punta de Choros y Punta Lavapié. Allí, el ascenso de aguas frías y ricas en nutrientes desde el fondo marino sostiene un crecimiento más vigoroso del huiro, un dato relevante tanto para la conservación como para el cultivo sustentable.

Una buena noticia, con matices
Durante el período analizado (2016–2025), no se detectaron señales de un declive generalizado. La cobertura se mantuvo relativamente estable a escala de país, pese a la alta variabilidad regional. Sin embargo, los autores subrayan que este trabajo establece una línea base: contar con esta referencia será fundamental para detectar cambios futuros frente a olas de calor marinas u otras perturbaciones.
Es importante señalar que el método satelital detecta únicamente el dosel que aflora en superficie, por lo que podría subestimar bosques en aguas turbias o cubiertos por la marea. Aun así, ofrece la primera mirada coherente de gran escala para el sistema de la Corriente de Humboldt.
Ciencia satelital y conocimiento local
Estos avances dialogan con iniciativas como Mapeadores de Macroalgas, donde investigadores y comunidades costeras observan estos ecosistemas en terreno. El Dr. Guajardo-Rubilar presentó allí los resultados, destacando cómo el monitoreo satelital se complementa con el trabajo local: una articulación entre tecnología, ciencia y participación ciudadana que fortalece la comprensión y gestión de los bosques de huiro.
En un escenario donde las algas adquieren creciente relevancia ecológica y productiva, esta información se vuelve esencial para avanzar hacia un manejo sustentable de los ecosistemas marinos chilenos.
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