Plantas tóxicas en Chile: estudio identifica especies de riesgo y advierte vacíos en la prevención sanitaria

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Floripondio

Una investigación desarrollada en la Universidad de Chile identificó 16 especies nativas y endémicas con antecedentes de toxicidad, aportando nueva evidencia para fortalecer la prevención de intoxicaciones, actualizar registros oficiales y mejorar la educación sobre los riesgos asociados a la flora chilena.

Las plantas tóxicas forman parte de la historia natural y cultural de Chile desde tiempos coloniales. Sin embargo, pese a los antecedentes históricos y científicos disponibles, aún existen importantes brechas de conocimiento sobre los riesgos que muchas de estas especies representan para la salud humana y animal.

Con el objetivo de contribuir a la prevención de intoxicaciones y fortalecer la información sanitaria disponible en el país, el estudiante de Química y Farmacia de la Universidad de Chile, Bastián Alfonso Caro Moreira, desarrolló la memoria de título «Inclusión de Nuevas Especies Nativas y Endémicas Chilenas en el Listado de Plantas Tóxicas del Instituto de Salud Pública (ISP)», bajo la dirección de la académica Gabriela Valenzuela Barra y de la Dra. Mirtha Parada Valderrama, del Instituto de Salud Pública de Chile.

La investigación, presentada durante su examen de título en enero de este año, recopiló y analizó evidencia científica, clínica y regulatoria sobre especies vegetales chilenas con potencial tóxico, con el propósito de aportar antecedentes para futuras actualizaciones de los registros oficiales y fortalecer las estrategias de salud pública.

Un riesgo conocido desde hace siglos

Según explicó Caro, los registros sobre plantas tóxicas en Chile se remontan al menos al siglo XVII. Entre ellos destaca la descripción realizada por el cronista Diego de Rosales en 1655, quien documentó el uso del látex de especies de colliguay para impregnar puntas de lanzas y provocar heridas letales.

También existen referencias históricas sobre plantas con propiedades alucinógenas, como el chamico, el floripondio y la tupa, además de especies utilizadas tradicionalmente como venenos o raticidas, entre ellas el matarratones, el palqui y el palán-palán.

Actualizar la información disponible

Aunque el Listado de Plantas Tóxicas para Chile elaborado por el Instituto de Salud Pública mantiene vigencia y constituye una herramienta relevante para el reconocimiento de especies y el manejo clínico de intoxicaciones, el investigador sostiene que es necesario continuar fortaleciendo la evidencia científica disponible.

«Actualmente existen estudios sobre algunas especies nativas y endémicas chilenas, pero son escasos y, en muchos casos, antiguos. La mayoría se limita a la caracterización fitoquímica, por lo que resulta necesario realizar nuevos ensayos de toxicidad para comprender mejor los riesgos que estas plantas representan para las personas y los animales», señaló.

Especies de preocupación sanitaria

Entre las 16 especies analizadas, una de las más relevantes es el palán-palán (Nicotiana glauca), debido a un caso de intoxicación fatal ocurrido en 2025 en la Región de Valparaíso.

La planta contiene anabasina, un alcaloide capaz de afectar el sistema nervioso y provocar parálisis muscular severa. Asimismo, el estudio destaca al matarratones (Coriaria ruscifolia), especie que produce compuestos neurotóxicos que pueden resultar fatales en seres humanos.

El investigador advierte que estas plantas son comunes en distintas zonas del país, especialmente en la zona centro-norte, y que muchas personas desconocen sus efectos. Incluso detectó la presencia de ricino, una de las plantas más tóxicas del mundo, que actualmente no figura en el listado oficial del ISP.

«Representan un peligro latente para la salud pública. Por eso es fundamental que la población conozca estas especies y los riesgos asociados a su manipulación o consumo accidental», afirmó.

Ciencia aplicada para la salud pública

El trabajo se desarrolló en estrecha colaboración con el Instituto de Salud Pública, particularmente con la Unidad de Régimen de Control Sanitario y Medicinas Complementarias de ANAMED, que facilitó acceso a bases de datos, material bibliográfico y apoyo técnico para la investigación.

Para la profesora Gabriela Valenzuela Barra, el estudio constituye un ejemplo del impacto que puede generar la investigación universitaria cuando se articula con organismos públicos.

«La investigación permitió identificar y documentar 16 especies vegetales nativas y endémicas con antecedentes de toxicidad, integrando información botánica, química, toxicológica y sanitaria. Además, evidenció que algunas especies actualmente incluidas en listados regulatorios deberían ser reconsideradas desde una perspectiva de seguridad», señaló.

La académica destacó que este tipo de investigaciones generan conocimiento aplicado que contribuye directamente a la protección de la salud de la población y a una gestión responsable de la biodiversidad chilena.

Un aporte pionero en América Latina

De acuerdo con Caro, Chile destaca a nivel internacional por disponer de información oficial relativamente completa sobre plantas tóxicas, una situación poco frecuente en otros países.

En ese contexto, el investigador considera que este trabajo aporta nuevos antecedentes sobre especies nativas y endémicas que hasta ahora habían recibido escasa atención científica, contribuyendo a mejorar la prevención de intoxicaciones y a fortalecer las políticas de vigilancia sanitaria asociadas a la flora nacional.

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