Vientos extremos revelan la evidencia más sólida de campos magnéticos en exoplanetas

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Reproducción artística de un exoplaneta con campo magnético (Crédito: ESO/M. Kornmesser, L. Calçada)

Científicos detectan la evidencia más sólida de campos magnéticos en exoplanetas gracias al estudio de vientos extremos observados con telescopios en Chile y Hawái.

Vientos que superan los 25.000 kilómetros por hora han permitido a un equipo internacional de astrónomos obtener la evidencia más sólida hasta la fecha de la existencia de campos magnéticos en exoplanetas. El descubrimiento, publicado en la revista Nature Astronomy, representa un importante avance para comprender cómo evolucionan estos mundos y qué condiciones podrían favorecer la habitabilidad más allá del Sistema Solar.

La investigación fue liderada por Julia Seidel, astrónoma del Laboratorio Lagrange del Observatorio de la Costa Azul (Francia), quien destacó que este hallazgo abre una nueva etapa en el estudio de planetas extrasolares.

“Es la primera vez que podemos comparar los entornos magnéticos de otros mundos, un paso fundamental para comprender qué planetas pueden conservar su atmósfera, mantener agua líquida e incluso, potencialmente, albergar vida”, señaló.

Los campos magnéticos desempeñan un papel crucial en la protección de las atmósferas planetarias frente a la radiación y las partículas energéticas emitidas por sus estrellas. En la Tierra, este escudo invisible contribuye a preservar las condiciones necesarias para la vida. Aunque se sabe que gigantes gaseosos como Júpiter y Saturno poseen intensos campos magnéticos, medir este fenómeno en exoplanetas había sido un desafío durante más de una década.

Midiendo vientos para descubrir magnetismo

Curiosamente, el objetivo inicial del estudio no era medir campos magnéticos, sino analizar los patrones de viento en siete exoplanetas gigantes gaseosos similares a Júpiter. Estos mundos orbitan extremadamente cerca de sus estrellas y están acoplados por marea, por lo que siempre muestran la misma cara a su astro anfitrión, tal como la Luna lo hace con la Tierra.

Esta configuración genera diferencias extremas de temperatura entre el lado iluminado y el lado oscuro, provocando algunos de los vientos más intensos conocidos. Las velocidades registradas oscilaron entre 7.200 y más de 25.000 km/h, muy por encima de los aproximadamente 1.500 km/h observados en Júpiter.

Para realizar las mediciones, el equipo utilizó datos obtenidos con el instrumento ESPRESSO, instalado en el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral, ubicado en el desierto de Atacama, además de observaciones realizadas con el telescopio Gemini North, en Hawái.

Sin embargo, los resultados revelaron una tendencia inesperada: los planetas más calientes presentaban vientos más lentos.

“Es un comportamiento completamente contraintuitivo. Los planetas más calientes disponen de más energía para impulsar los vientos, por lo que algo debe estar frenándolos”, explicó el coautor Vivien Parmentier, profesor del Laboratorio Lagrange.

Un freno magnético en mundos lejanos

Tras analizar distintas hipótesis, los investigadores concluyeron que la explicación más consistente es la presencia de campos magnéticos planetarios. Estos actúan como un freno sobre las partículas cargadas de la atmósfera, reduciendo la velocidad de los vientos.

A partir de estos datos, el equipo pudo estimar la intensidad de los campos magnéticos en cada uno de los exoplanetas estudiados. Los resultados indican que son comparables a los de los gigantes gaseosos de nuestro Sistema Solar: aproximadamente cuatro veces más intensos que los de Saturno y cerca de la mitad de la fuerza del campo magnético de Júpiter.

Auroras más espectaculares que las de la Tierra

Además de influir en la dinámica atmosférica, estos poderosos campos magnéticos podrían generar auroras de enorme intensidad.

“En la Tierra observamos auroras cuando partículas procedentes del Sol interactúan con nuestro campo magnético y chocan con los gases de la atmósfera, creando espectáculos de luz de distintos colores”, explicó Bibiana Prinoth, coautora del estudio y astrónoma del Observatorio Europeo Austral (ESO).

Según la investigadora, en estos exoplanetas las auroras podrían ser aún más impresionantes debido a la intensidad de sus campos magnéticos y a las condiciones extremas de sus atmósferas.

El próximo gran paso llegará con la entrada en operación del Extremely Large Telescope (ELT) de ESO, actualmente en construcción en Chile. Este observatorio permitirá estudiar con mayor detalle no solo gigantes gaseosos, sino también planetas rocosos similares a la Tierra, e incluso detectar gases atmosféricos asociados a fenómenos aurorales.

“Me gusta imaginar algunos de estos mundos con cielos iluminados por enormes cortinas de luz de colores, danzando sobre planetas donde una mitad vive en un día perpetuo y la otra permanece en una noche interminable”, concluyó Prinoth.

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