Nueva Evaluación Mundial de los Océanos alerta sobre crecientes desigualdades en el acceso a los beneficios del mar

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El informe más importante de Naciones Unidas sobre el estado del océano reúne el trabajo de más de 500 especialistas de 86 países y advierte que la sostenibilidad marina depende también de avanzar en equidad, justicia y gobernanza.

Aunque millones de personas viven lejos de la costa, el océano influye directamente en sus vidas. Regula el clima del planeta, absorbe gran parte del exceso de calor generado por las actividades humanas y captura importantes cantidades de dióxido de carbono, ayudando a amortiguar los efectos del cambio climático. Su estabilidad resulta fundamental para la seguridad alimentaria, las economías y el bienestar de las sociedades en todo el mundo.

Con el objetivo de evaluar el estado de este sistema vital y orientar las decisiones internacionales para su conservación, Naciones Unidas presentó recientemente la tercera edición de la Evaluación Mundial de los Océanos (World Ocean Assessment), el informe más completo elaborado hasta la fecha sobre la salud de los ecosistemas marinos y los desafíos que enfrenta el océano global.

El documento, publicado en el marco del Día Mundial de los Océanos, actualiza la información recopilada en la edición anterior de 2021 e incorpora evidencia científica generada principalmente entre 2018 y 2023. Su elaboración reunió durante casi cinco años a más de 500 expertos y expertas provenientes de 86 países.

La evaluación aborda múltiples presiones que afectan al océano, entre ellas la contaminación, las especies invasoras, la erosión costera, la sobreexplotación de recursos y los efectos acumulativos del cambio climático. Sin embargo, uno de los aspectos más innovadores de esta nueva edición es la incorporación de una mirada socioecológica que analiza cómo estos cambios impactan de manera desigual a distintos grupos humanos.

Más allá de la conservación: el desafío de la equidad

El informe concluye que los beneficios que provee el océano —como alimentos, empleo, recreación y medios de vida— se distribuyen de forma desigual entre países, comunidades y sectores productivos. Entre las principales causas identificadas se encuentran las limitaciones en los sistemas de gobernanza, la desigualdad en el acceso a los recursos marinos y la escasa participación de diversos actores en la toma de decisiones.

Las brechas incluyen diferencias en la asignación de cuotas pesqueras, restricciones de acceso para pescadores artesanales, mujeres y pueblos indígenas, así como una participación limitada de países de menores ingresos en actividades desarrolladas en alta mar. A ello se suma una creciente concentración de la economía oceánica en grandes empresas transnacionales.

Uno de los autores de la sección dedicada a la equidad fue Stefan Gelcich, académico de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Católica y director del Instituto Milenio en Socio-Ecología Costera (SECOS).

“La sociedad recibe múltiples beneficios del océano, como alimentos, nutrientes esenciales, recreación y medios de subsistencia. Sin embargo, estos beneficios no llegan a todas las personas por igual, y avanzar hacia una distribución más justa constituye uno de los grandes desafíos para la sostenibilidad”, señala el investigador.

Según explica Gelcich, los problemas de equidad terminan reproduciendo desigualdades socioeconómicas ya existentes, afectando especialmente a comunidades costeras que dependen directamente de los ecosistemas marinos para su bienestar y seguridad alimentaria.

Cambio climático e inequidad: una amenaza creciente

Los autores advierten que las presiones derivadas del cambio climático podrían profundizar aún más estas brechas. El calentamiento de los océanos, la acidificación, la contaminación y la disminución de recursos pesqueros amenazan con impactar con mayor fuerza a las poblaciones más vulnerables y dependientes del mar.

“Si no avanzamos hacia una distribución más justa de los beneficios y recursos marinos, los efectos del cambio global afectarán de manera desproporcionada a comunidades costeras y países que dependen estrechamente de los ecosistemas marinos para vivir”, advierte Gelcich.

La evaluación concluye que incorporar principios de equidad social, justicia y derechos humanos en la gobernanza oceánica será clave para enfrentar los desafíos que enfrenta el océano durante las próximas décadas. Un llamado urgente a reconocer que la sostenibilidad marina no depende únicamente de proteger ecosistemas, sino también de garantizar que los beneficios que estos generan lleguen de manera justa a toda la sociedad.

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