La ciencia detrás de los deslizamientos: ¿por qué las lluvias intensas pueden hacer colapsar una ladera?

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Académico de la UCSC explica cómo el agua modifica la estabilidad del suelo y entrega recomendaciones para reducir el riesgo durante los sistemas frontales.

Las intensas precipitaciones asociadas a un nuevo sistema frontal, reforzado por un río atmosférico de categoría 4 a 5, mantienen bajo alerta a gran parte de la zona centro-sur de Chile. Lluvias persistentes, fuertes vientos y nevadas ya han provocado inundaciones en comunas como Tomé y Penco, mientras crece la preocupación por la ocurrencia de deslizamientos de tierra. Pero, ¿qué ocurre bajo nuestros pies para que una ladera aparentemente estable termine colapsando?

El Dr. José Miguel Montenegro, académico de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), explica que la respuesta está en la forma en que el suelo interactúa con el agua. Cuando las precipitaciones son intensas o se prolongan durante varios días, el agua comienza a infiltrarse progresivamente, aumentando la humedad del terreno hasta alcanzar un punto crítico.

«Cuando el suelo se satura, disminuye su resistencia al corte, lo que favorece la ocurrencia de remociones en masa», explica el investigador.

En términos simples, la resistencia al corte corresponde a la capacidad del suelo para mantenerse unido y soportar su propio peso. A medida que aumenta la cantidad de agua entre sus partículas, esa cohesión disminuye, haciendo que las laderas sean mucho más susceptibles a deslizarse.

Quebradas: corredores naturales de alto riesgo

El especialista señala que las quebradas representan uno de los sectores más vulnerables durante eventos de lluvia extrema. Allí, el agua puede descender a gran velocidad, arrastrando barro, rocas, troncos y otros materiales, generando los denominados flujos de detritos.

Estos fenómenos tienen un gran poder destructivo, ya que pueden afectar viviendas, caminos e infraestructura crítica, además de poner en riesgo la vida de las personas.

Comunas como Tomé, Penco y diversos sectores del Gran Concepción presentan características geográficas que favorecen este tipo de procesos, debido a la presencia de laderas pronunciadas y a los antecedentes históricos de remociones en masa registrados en la zona.

El rol protector de la vegetación

La cobertura vegetal también desempeña un papel fundamental en la estabilidad de los suelos. Los árboles interceptan parte de la lluvia antes de que llegue al terreno y, mediante sus raíces, absorben agua que de otro modo aumentaría la saturación del suelo.

Cuando esa vegetación desaparece, especialmente tras incendios forestales, el escenario cambia considerablemente.

«Cuando esa cobertura desaparece, una mayor cantidad de agua ingresa al terreno, aumentan las presiones de agua en el suelo y disminuye aún más su resistencia. Como consecuencia, aumenta la probabilidad de deslizamientos, especialmente durante lluvias intensas o prolongadas», advierte Montenegro.

Esta es una de las razones por las que las zonas afectadas por incendios requieren un monitoreo especial durante las temporadas de lluvias.

La prevención comienza antes de la emergencia

Para el académico, reducir el riesgo depende en gran medida de las acciones preventivas. La primera recomendación es mantenerse informado sobre los pronósticos meteorológicos y las alertas emitidas por las autoridades, especialmente cuando se anuncian eventos de precipitaciones intensas.

También es importante mantener despejados los cauces naturales y los sistemas de evacuación de aguas lluvias, evitando que la acumulación de basura o escombros dificulte el escurrimiento del agua.

Otro aspecto clave es aprender a reconocer señales tempranas de inestabilidad del terreno, entre ellas aparición de grietas en el suelo; pequeños deslizamientos; árboles o postes inclinados; aumento repentino del caudal de las quebradas; presencia de mayor cantidad de barro y sedimentos en los cursos de agua.

«En sectores donde anteriormente se han registrado deslizamientos o remociones en masa, es fundamental estar preparados para una evacuación preventiva y seguir oportunamente las instrucciones de las autoridades», enfatiza el investigador.

Ciencia para anticipar los desastres

Además de las medidas de prevención ciudadana, el Dr. Montenegro destaca la importancia del monitoreo científico de las laderas mediante instrumentos especializados, como los piezómetros, que permiten medir de forma continua el nivel de agua subterránea y comprender cómo responde el terreno frente a eventos de lluvia.

Esta información resulta clave para evaluar el riesgo en tiempo real y fortalecer los sistemas de alerta temprana.

«Contar con esa información permite evaluar mejor el riesgo y apoyar la toma de decisiones preventivas antes de que ocurra un deslizamiento», concluye el académico.

Comprender cómo interactúan la lluvia, el suelo y la vegetación permite no solo explicar por qué ocurren los deslizamientos, sino también avanzar hacia estrategias de prevención más efectivas. En un contexto donde los eventos meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes, la investigación científica se convierte en una herramienta fundamental para proteger a las comunidades y reducir el impacto de futuros desastres.

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