Alto Maule bajo tensión: la evidencia científica detrás del debate por la interconexión eléctrica entre Chile y Argentina

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Valle Los Cóndores
Por Revista Ecociencias

En la alta cordillera de la Región del Maule se desarrolla una discusión que trasciende el tradicional conflicto entre desarrollo e impacto ambiental. El proyecto Interconexión Internacional de Interés Privado Los Cóndores (Chile)–Río Diamante (Argentina) propone construir una línea de transmisión eléctrica de 500 kV que conecte ambos países mediante una nueva subestación en el sector Los Cóndores y un tendido de aproximadamente 27 kilómetros en territorio chileno. Sin embargo, el trazado se emplazaría en uno de los paisajes de mayor valor ecológico, geológico y patrimonial del centro-sur de Chile, donde convergen humedales altoandinos, especies amenazadas, geositios, patrimonio arqueológico y una creciente actividad científica y turística.

Tras casi cinco años de evaluación ambiental, el proyecto continúa generando observaciones técnicas relacionadas con biodiversidad, humedales, patrimonio arqueológico, paisaje e impactos acumulativos, mientras organizaciones territoriales sostienen que aún persisten incertidumbres relevantes sobre sus efectos ambientales. Según la documentación elaborada por el Movimiento Salvemos Alto Maule, el debate también involucra la coherencia entre la expansión de infraestructura energética y las políticas públicas que buscan consolidar este territorio como un polo de conservación, investigación científica y turismo de naturaleza.

Humedales altoandinos: ecosistemas clave para la regulación hídrica

Uno de los principales focos de preocupación corresponde a las vegas y bofedales que serían intervenidos por el proyecto. Desde la ecología de montaña, estos ecosistemas cumplen funciones mucho más complejas que albergar vegetación. Actúan como reservorios naturales capaces de almacenar agua proveniente del deshielo y liberarla gradualmente, regulando el caudal de los ríos, estabilizando el suelo y sosteniendo una elevada diversidad biológica.

La alteración física del terreno mediante excavaciones para fundaciones, construcción de caminos y movimiento de maquinaria puede modificar la conectividad hidráulica del subsuelo. Diversos estudios en hidrología de montaña muestran que cambios aparentemente puntuales pueden generar procesos de drenaje o desecación progresiva cuando se interrumpen los flujos subterráneos que alimentan estos humedales.

Para Bárbara Meneses, guía de montaña e integrante del Movimiento Salvemos Alto Maule, este constituye uno de los aspectos que aún requiere mayor respaldo científico.

«Una de las principales preocupaciones es que la información disponible no permite comprender con suficiente profundidad cómo la instalación de las torres podría afectar ecosistemas altoandinos especialmente sensibles, como las vegas y los bofedales. Estos ambientes cumplen funciones ecológicas fundamentales, actuando como reservorios naturales de agua que regulan los flujos hídricos que alimentan la cuenca del río Maule y sostienen una alta biodiversidad».

La dirigenta sostiene además que la evaluación ambiental no incorpora un modelo hidrogeológico suficientemente detallado para estimar cómo la construcción podría modificar los flujos subterráneos que mantienen estos ecosistemas.

«Nos preocupa que la evaluación no incorpore un modelo hidrogeológico que permita estimar cómo las fundaciones de las torres, la construcción de caminos y la alteración del suelo podrían modificar los flujos subterráneos que mantienen estos humedales. En este tipo de ecosistemas, pequeñas intervenciones pueden generar procesos de drenaje y desecación que terminan afectando hábitats críticos para especies altamente vulnerables».

Biodiversidad bajo observación científica

El Alto Maule es reconocido por albergar especies de distribución restringida y ecosistemas de alta montaña donde todavía continúan realizándose descubrimientos científicos.

Entre las especies presentes en el área destaca Alsodes pehuenche, conocido como sapo de pecho espinoso, catalogado en peligro crítico de extinción, cuyo ciclo de vida depende precisamente de ambientes asociados a vegas y bofedales.

Alsodes pehuenche.

Pero la biodiversidad del sector continúa entregando nuevos antecedentes. Durante los últimos años investigadores han descrito nuevas especies vegetales y redescubierto otras que permanecían sin registros durante más de un siglo.

Meneses considera que ese potencial científico constituye uno de los principales argumentos para aplicar un enfoque precautorio.

«El Alto Maule constituye un verdadero laboratorio natural, donde investigadores de distintas disciplinas continúan descubriendo nuevas especies, registrando sitios arqueológicos y estudiando geositios que permiten reconstruir millones de años de historia geológica y evolución del paisaje».

Como ejemplo menciona Viola imbricata, descrita recientemente para la ciencia, y Pinasa humilis, especie vegetal que no había vuelto a registrarse desde fines del siglo XIX y que fue nuevamente observada en este territorio.

«Si un territorio con estas características es transformado antes de ser estudiado en profundidad, existe la posibilidad de perder información científica irrecuperable».

Desde la perspectiva de la biología de la conservación, este punto adquiere relevancia porque la calidad de una línea base ambiental depende, entre otros factores, de la representatividad temporal de las campañas de terreno. Cuando los muestreos no coinciden con períodos de floración, reproducción o mayor actividad biológica, existe el riesgo de subestimar la riqueza real de especies presentes.

Un territorio donde convergen geología, arqueología y conservación

La relevancia del Alto Maule no se limita a su biodiversidad. La cordillera maulina concentra geositios asociados a la evolución volcánica de los Andes, registros arqueológicos de ocupación humana y un paisaje que forma parte de la candidatura del Geoparque Mundial UNESCO Pillanmapu.

De acuerdo con la minuta ejecutiva presentada por organizaciones territoriales, el Estado ha comprometido cerca de 912 millones de pesos en iniciativas vinculadas a investigación científica, conservación patrimonial, educación ambiental e infraestructura para el desarrollo del Geoparque.

Paralelamente, el movimiento ciudadano señala contar con el respaldo de más de 70 organizaciones relacionadas con turismo, conservación, investigación, deporte de montaña y desarrollo local, reflejando una preocupación transversal sobre el futuro del territorio.

Más allá de la energía: el desafío de planificar el territorio

La discusión sobre el proyecto también plantea una interrogante de mayor alcance: ¿cómo compatibilizar la transición energética con la conservación de territorios ecológicamente estratégicos?

Desde la literatura científica, la expansión de infraestructura eléctrica constituye un componente necesario para avanzar hacia sistemas energéticos más descarbonizados. Sin embargo, especialistas en planificación territorial advierten que la localización de estas obras resulta determinante para minimizar la fragmentación de hábitats, la pérdida de biodiversidad y los conflictos socioambientales.

En ese contexto, Meneses sostiene que la discusión debe ir más allá de la infraestructura específica.

«Como comunidades, creemos que la discusión trasciende la construcción de una línea de transmisión. También implica preguntarnos qué modelo de desarrollo queremos para el Alto Maule y cómo compatibilizar la infraestructura energética con la conservación de un territorio reconocido por su patrimonio natural, geológico y cultural».

Añade que existe una percepción de desconfianza construida a partir de experiencias previas con proyectos energéticos desarrollados en la zona.

«La planificación energética debe responder a una visión territorial de largo plazo y basarse en información científica robusta. La evaluación de proyectos de esta magnitud debiera incorporar de manera integral los efectos sobre la biodiversidad, los humedales altoandinos, el patrimonio arqueológico y geológico, así como la vocación turística y de conservación que distintas políticas públicas buscan fortalecer en el Alto Maule».

Ciencia para decidir

El caso de la interconexión Los Cóndores–Río Diamante ilustra uno de los principales desafíos de la planificación ambiental contemporánea: cómo integrar la necesidad de fortalecer la infraestructura energética con la conservación de ecosistemas de alta fragilidad ecológica y elevado valor científico.

Más allá del resultado de la evaluación ambiental, el debate ha puesto sobre la mesa preguntas que trascienden este proyecto específico: ¿cuánta información científica es suficiente para intervenir un territorio de alta montaña?, ¿cómo incorporar la incertidumbre ecológica en la toma de decisiones?, ¿y de qué manera compatibilizar los compromisos de transición energética con la protección de paisajes donde aún continúan realizándose descubrimientos científicos?

Responder esas interrogantes exigirá una evaluación basada en evidencia, capaz de integrar hidrología, ecología del paisaje, biología de la conservación, geología, arqueología y planificación territorial, disciplinas que convergen precisamente en uno de los ecosistemas más singulares de la cordillera del Maule.

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