Ranita del Pehuenche: una especie única que podría guardar respuestas para el futuro

0
61

La ranita del Pehuenche (Alsodes pehuenche) vuelve a estar en el centro de la discusión ambiental tras la campaña internacional para proteger a esta especie, a la que se sumó el actor y activista Leonardo DiCaprio. Endémico de los ambientes altoandinos del Maule y clasificado en peligro crítico de extinción, este anfibio enfrenta amenazas asociadas al proyecto de transmisión eléctrica Los Cóndores-Río Diamante, que contempla infraestructura en zonas donde habita la especie.

Pero la importancia de la ranita del Pehuenche va mucho más allá de su condición de especie amenazada. Su desaparición podría afectar el equilibrio de los ecosistemas altoandinos y, al mismo tiempo, significar la pérdida de información científica que aún desconocemos sobre la adaptación de los organismos a ambientes extremos.

Una pieza del equilibrio ecológico

Como parte de los ecosistemas altoandinos, la ranita del Pehuenche cumple funciones dentro de la cadena alimentaria. Su desaparición podría alterar las relaciones entre distintas especies y desencadenar efectos difíciles de anticipar.

Así lo explica el académico de la Facultad de Ciencias de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), Dr. Carlos Zamora: “Perder una especie también significa modificar el equilibrio del ecosistema y generar efectos que muchas veces son difíciles de anticipar. En el fondo están controlando otras poblaciones. Si eliminamos a una especie, estamos generando un desbalance trófico”, señala.

Durante su etapa larval, los renacuajos se alimentan principalmente de algas y material vegetal, contribuyendo al control de estas poblaciones. En su etapa adulta, en tanto, la ranita depreda sobre invertebrados y macroinvertebrados presentes en los cursos de agua, mientras también forma parte de la alimentación de otros organismos.

Su desaparición podría modificar, por ejemplo, las relaciones de competencia entre distintas especies y favorecer cambios en la composición del ecosistema. Esto resulta especialmente relevante en ambientes altoandinos, donde las condiciones ambientales son extremas y la diversidad de especies es más acotada.

“El perder un depredador puede favorecer el aumento de determinadas poblaciones e incluso facilitar el establecimiento de especies invasoras. Si nosotros alteramos parte del ecosistema, va a haber una repercusión que incluso no sabemos cuál va a ser, no la podemos predecir”, advierte Zamora.

Adaptada a condiciones extremas

A su importancia ecológica se suma su particular valor científico. La ranita del Pehuenche es una especie endémica de ambientes altoandinos, caracterizados por bajas temperaturas, nieve y condiciones que imponen importantes desafíos para la supervivencia.

Además, sus parientes cercanos se encuentran principalmente asociados a ambientes de bosque templado. Su capacidad para vivir en la alta cordillera convierte, por tanto, a esta especie en un caso especialmente interesante para comprender cómo los organismos responden y se adaptan a condiciones ambientales extremas.

“Son especies que vale la pena estudiar, vale la pena conocer su historia y aspectos fisiológicos”, plantea el académico.

Los organismos capaces de sobrevivir en ambientes extremos pueden desarrollar mecanismos fisiológicos particulares para tolerar esas condiciones. Comprender estos procesos podría ampliar nuestro conocimiento sobre la adaptación biológica y, eventualmente, abrir nuevas posibilidades de aplicación en áreas como la biotecnología.

“Podríamos encontrar la respuesta a problemas actuales y futuros de la medicina en las especies que se nos están perdiendo”, plantea Zamora. Como ejemplo, menciona organismos capaces de producir proteínas que les permiten tolerar condiciones ambientales extremas y que, una vez estudiadas, podrían tener potenciales aplicaciones biotecnológicas.

Un patrimonio que todavía falta descubrir

La historia de la ranita del Pehuenche también revela cuánto queda por conocer sobre la biodiversidad chilena. Su descripción científica relativamente reciente es una muestra de que todavía existen especies, adaptaciones y procesos biológicos por descubrir, particularmente en territorios poco explorados como la alta cordillera.

“Nos dice mucho de cuánto nos falta explorar la alta cordillera del Maule, pero en general cuánto nos falta explorar la biodiversidad de Chile”, afirma Zamora.

Desde esta perspectiva, conservar la biodiversidad también significa proteger un patrimonio nacional cuyo valor no siempre conocemos de antemano. Cada especie representa un reservorio genético que puede contener información científica aún desconocida.

“Mientras no estudiamos toda la especie que tengamos, no sabemos cuánto tenemos”, sostiene el académico.

Por eso, la pérdida de una especie no implica únicamente la desaparición de un organismo. También puede significar perder la oportunidad de comprender mejor cómo funciona la naturaleza y qué soluciones podrían encontrarse en ella para enfrentar desafíos futuros.

La discusión sobre la ranita del Pehuenche trasciende, así, la protección de una especie particular. Su conservación pone en evidencia el desafío de compatibilizar el desarrollo de infraestructura con la protección de ecosistemas únicos y, al mismo tiempo, resguardar un patrimonio biológico cuyo potencial ecológico y científico todavía está lejos de ser completamente conocido.

- Publicidad -