Estudio revela cómo los peces óseos del pasado ayudan a entender el futuro de la biodiversidad marina en Chile

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Fosil vertebra istiofórido

Un reciente estudio publicado en la revista científica Palaeontología Electrónica presentó, por primera vez, una revisión exhaustiva de los peces óseos fósiles del Neógeno (entre 23 y 2,6 millones de años atrás) en el territorio chileno. La investigación profundiza en la diversidad y distribución histórica de estos peces, y en cómo los cambios climáticos y oceanográficos del pasado moldearon la biodiversidad marina que conocemos hoy.

El trabajo fue liderado por un equipo multidisciplinario de investigadores pertenecientes a la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), el Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA), el Museo Nacional de Historia Natural (MNHN), la Consultora THERIUM, la Corporación CIAHN Atacama, la Universidad Austral de Chile (UACh) y la Universidad Alberto Hurtado (UAH). El Dr. Jaime Villafaña, investigador postdoctoral de la Facultad de Ciencias UCSC, participó activamente en el estudio.

Fosil rostro de Makaira (Marlin)

La revisión abordó el registro fósil de 88 taxones de peces óseos, clasificados en 67 géneros, 51 familias y 21 órdenes, con hallazgos distribuidos en 22 localidades desde Antofagasta hasta Coyhaique. Algunas de las especies más conocidas hoy, como el jurel, la sardina, el pejerrey, la corvina o el lenguado, pertenecen a este grupo, que incluye tanto peces pelágicos como de aguas profundas y costeras.

Pablo Oyanadel-Urbina

“El objetivo fue vincular el pasado con el presente, y aportar datos clave sobre la evolución y adaptabilidad de los peces óseos, un grupo abundante en Chile, pero poco estudiado en el ámbito fósil”, explicó el Dr. Villafaña. Este tipo de peces se caracteriza por poseer esqueletos óseos y habitar tanto ecosistemas marinos como de agua dulce.

El Neógeno fue escogido por ser un período de importantes transformaciones geológicas y climáticas, como la intensificación de la Corriente de Humboldt y el levantamiento de la Cordillera de los Andes. Según el Dr. Villafaña, este período puede considerarse un “análogo climático” del presente, lo que permite establecer paralelos con el actual proceso de calentamiento global. “Muchas de las especies fósiles tienen parientes vivos hoy en día, lo que convierte al Neógeno en un excelente modelo para estudiar cómo los organismos responden al cambio ambiental”, añadió.

Hallazgos principales

Entre los resultados destacados, se observó que el 60% de los géneros fósiles analizados aún persisten en Chile, mientras que el 40% se ha extinguido localmente o a nivel global. Además, apenas el 3% de los géneros actuales cuentan con fósiles registrados, lo que evidencia una brecha importante en el conocimiento.

Jaime Villafaña y Pablo Oyanadel

Una de las dificultades de la investigación fue la fragmentación ósea de los ejemplares fósiles, lo que complica su identificación precisa. Sin embargo, se logró confirmar una coincidencia directa con una especie viva de importancia comercial: la sardina española.

El estudio también reveló que un 20% de las familias actuales tiene registro fósil en Chile. “Esto nos dice que aún queda mucho por descubrir, se estima que podrían encontrarse hasta 32 géneros adicionales si se continúa con esta línea de investigación”, señaló el investigador.

Perspectivas futuras

El análisis de extinciones sugiere que factores como la disminución de la temperatura, el cambio en el nivel del mar y la pérdida de hábitat (especialmente para especies asociadas a rocas) influyeron significativamente en la desaparición de ciertos géneros. También se consideran importantes los patrones migratorios como posibles causas.

A futuro, los investigadores buscan profundizar en cómo estas especies se distribuyeron y desaparecieron a lo largo del tiempo, con el fin de proyectar posibles escenarios futuros y aportar al diseño de estrategias de conservación. “Comprender el pasado es clave para anticiparnos al futuro. Estos cambios no solo afectan a los peces óseos, sino también a otros organismos que forman parte de la cadena trófica marina”, concluyó el Dr. Villafaña.

DOI del artículo: https://doi.org/10.26879/1385

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