El calor extremo puede acelerar nuestro envejecimiento

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La exposición repetida a olas de calor no solo incrementa la mortalidad a corto plazo: también acelera el envejecimiento biológico. Un nuevo estudio advierte que sus efectos se acumulan y pueden acompañarnos toda la vida. Los más vulnerables son los trabajadores manuales, quienes viven en zonas rurales y las personas sin acceso a aire acondicionado en sus hogares.

El aumento en la frecuencia e intensidad de estos fenómenos, impulsado por el cambio climático, representa un riesgo creciente para la salud global. Comprender cómo la exposición prolongada a temperaturas extremas incide en el envejecimiento ayuda a dimensionar sus consecuencias a largo plazo.

En Europa, más de 61.000 personas murieron en 2022 y casi 47.000 en 2023 por causas relacionadas con el calor. Según la OMS, la mortalidad asociada a altas temperaturas ha aumentado un 30% en las últimas dos décadas. Hasta ahora, la mayoría de los estudios se había centrado en efectos inmediatos como golpes de calor o fallecimientos durante los episodios extremos.

La huella del calor en el cuerpo

Una investigación publicada en Nature Climate Change y liderada por la científica Cui Guo (Universidad de Hong Kong), analizó datos de 24.922 adultos en Taiwán entre 2008 y 2022, con una edad biológica promedio de 46,3 años. A partir de pruebas médicas —función hepática, presión arterial, inflamación o colesterol— calcularon la edad biológica y la compararon con la edad cronológica.

El hallazgo fue claro: quienes habían estado más expuestos a olas de calor mostraban un envejecimiento biológico acelerado, con un incremento de entre 0,023 y 0,031 años por cada ola de calor acumulada.

“Hallamos efectos adversos de las olas de calor sobre el envejecimiento biológico estadísticamente significativos y que pueden persistir durante décadas”, explica Guo.

Aunque se observó cierta adaptación de la población a lo largo de los 15 años estudiados, los efectos negativos permanecieron. “Las personas pueden adaptarse en parte —a través de mecanismos biológicos, conductuales o tecnológicos—, pero los riesgos subyacentes para la salud no desaparecen”, advierte la investigadora.

Un problema de salud global

Las olas de calor no son un riesgo individual, sino un desafío mundial. El equipo comparó su impacto con factores de riesgo más conocidos, como dieta o estilo de vida, y concluyó que las altas temperaturas representan una amenaza externa de magnitud similar.

Además, los efectos pueden acumularse. “Las olas de calor han ocurrido durante décadas, y sus impactos sobre la salud pueden volverse sustanciales con el tiempo. Todo apunta a que en el futuro serán más frecuentes y duraderas”, señala Guo.

Desigualdad y vulnerabilidad

El estudio identificó a los residentes rurales y a las personas sin acceso a aire acondicionado como los grupos más expuestos. Los trabajadores manuales, por su parte, requieren medidas de protección específicas: educación, recursos de enfriamiento y ajustes en los horarios laborales durante episodios extremos.

“Sugerimos que se adopten medidas diferenciadas que consideren las desigualdades socioeconómicas”, enfatiza Guo.

A nivel comunitario, los autores recomiendan facilitar el acceso a tecnologías de refrigeración y promover estrategias de salud pública, como reducir las actividades al aire libre en días de calor extremo o fortalecer infraestructuras de sombra y espacios frescos.

Evidencia en crecimiento

El trabajo se suma a otras investigaciones que apuntan a los efectos del calor en distintas etapas de la vida. Un estudio previo mostró que la exposición en los primeros años de vida puede afectar al desarrollo cerebral infantil, sobre todo en niños de barrios más vulnerables. Otro, realizado en Madrid y Varsovia, concluyó que las ciudades aún no están preparadas para proteger a las personas mayores del calor.

Los expertos coinciden en la necesidad de más investigaciones que integren factores como el entorno doméstico, el tiempo de exposición al aire libre y los hábitos de uso de tecnologías de refrigeración.

Referencia:
Cui Guo et al. Long-term impacts of heatwaves on accelerated ageing. Nature Climate Change.

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