La antropóloga Emiliana Cereceda estudia cómo se despliega la vida entre las secuelas de los incendios que han arrasado con comunidades enteras en Chile central. El megaincendio de febrero de 2024 en la Región de Valparaíso, que devastó 8.500 hectáreas de interfaz urbano-rural, destruyó más de mil viviendas y cobró la vida de 138 personas, marcó un hito doloroso: fue el incendio más mortífero en la historia del país y el segundo del siglo a nivel mundial. Esta catástrofe —provocada de manera intencional— se superpone con otras capas temporales que la anteceden y exceden: la recurrencia de incendios y desastres en la zona, y las huellas más profundas de la violencia política, la sequía y la crisis habitacional.
Cereceda cursa actualmente su doctorado en University College London, bajo la supervisión de Tone Walford y con la co-tutela de Marjorie Murray (VioDemos). Su investigación analiza cómo la combustión no solo destruye hogares, sino que reactiva historias sedimentadas de privación socioeconómica ligadas a la larga duración de la dictadura y sus reverberaciones en el presente.
“Tejiendo estos nudos está la secuela, un marco temporal en el que las cenizas permanecen mientras las personas buscan comprender lo que les sucedió y reconstruir no solo sus hogares, sino también sus vidas presentes y por venir”, explica la antropóloga.
En este marco, su trabajo doctoral indaga en cómo los habitantes de mundos incendiados interactúan con los restos físicos y afectivos del fuego, transformando y resignificando lo ocurrido. A través de etnografía, trabajo de archivo y métodos visuales, explora tres registros donde se cruzan materialidad y temporalidades: convivir con los restos, reconstruir vidas y cartografías afectivas de la sobrevivencia.
Para Cereceda, la investigación busca aportar a una comprensión del presente como un entramado de capas históricas y emocionales. Propone la cicatriz como concepto, metáfora y método intelectual: una marca que da testimonio tanto de la reiteración de la violencia y lo irreversible de la pérdida, como de la capacidad de los cuerpos y comunidades para transformar lo que queda y, con ello, continuar la vida.














