Durante la última década, los denominados bosques Miyawaki —también conocidos como bosques de bolsillo— se han posicionado como una solución verde innovadora para enfrentar el cambio climático en ciudades. Estas pequeñas áreas urbanas, reforestadas densamente con especies nativas, prometen acelerar la restauración ecológica, aumentar la biodiversidad, capturar más carbono y mejorar la calidad del aire y la reducción del ruido. Sin embargo, un reciente estudio científico pone en duda que estos beneficios estén realmente respaldados por evidencia sólida.
La investigación, publicada en la prestigiosa revista británica Journal of Applied Ecology, fue desarrollada por un equipo internacional integrado por Dylan Craven, investigador asociado de Data Observatory y académico de la Universidad Mayor; Leonardo Durán, de la misma casa de estudios; el Dr. Narkis Morales, del New Zealand Institute for Bioeconomy Science Limited; y el Dr. Ignacio Fernández, de la Universidad Adolfo Ibáñez. El trabajo cuestiona de manera crítica la efectividad del método Miyawaki, ampliamente difundido en proyectos urbanos a nivel global.
El método fue desarrollado en la década de 1970 por el botánico japonés Akira Miyawaki y se basa en la plantación intensiva de especies nativas para imitar la estructura de bosques naturales. Entre sus principales promesas se encuentra un crecimiento hasta diez veces más rápido que el de una reforestación convencional, la autosuficiencia del ecosistema en apenas tres años y la madurez del bosque en dos o tres décadas. No obstante, el nuevo estudio revela una brecha significativa entre estas afirmaciones y la evidencia científica disponible.
Según los resultados de la revisión, existe evidencia débil o inexistente para respaldar la mayoría de los beneficios atribuidos a los bosques Miyawaki, incluyendo el crecimiento acelerado, una mayor captura de carbono o su supuesta autosostenibilidad temprana. Además, los autores advierten que se trata de una técnica costosa en comparación con otras alternativas de restauración ecológica o paisajismo urbano con respaldo empírico. “Nuestros resultados indican claramente la brecha entre la eficacia que se atribuye a los bosques Miyawaki y lo que realmente muestran los datos científicos disponibles”, señaló el Dr. Dylan Craven.
El equipo de investigación aplicó los protocolos ROSES (Reporting standards for Systematic Evidence Syntheses), un estándar internacional que busca transparentar todas las etapas de las revisiones sistemáticas y garantizar evaluaciones objetivas tanto cuantitativas como cualitativas. En este proceso, los investigadores incorporaron no solo literatura científica revisada por pares, sino también la llamada “literatura gris”, que incluye informes técnicos, tesis, documentos gubernamentales, actas de congresos y preimpresiones.
El Dr. Craven destaca que este tipo de literatura puede aportar perspectivas relevantes desde sectores que no siempre están representados en revistas académicas, aunque también plantea desafíos en términos de rigurosidad. Como parte del enfoque metodológico, toda la información utilizada en la revisión se encuentra disponible como material suplementario, cumpliendo con los principios FAIR (Encontrable, Accesible, Interoperable y Reutilizable), lo que fortalece la transparencia, reproducibilidad y reutilización de los datos. Además, el artículo fue publicado en acceso abierto, ampliando su alcance a investigadores, profesionales de la restauración y tomadores de decisiones.
Uno de los hallazgos más críticos del estudio es la baja calidad metodológica de gran parte de la evidencia disponible. De los 51 documentos analizados, solo 21 incluían mediciones reales, lo que implica que cerca del 60% no aportaba datos cuantitativos. Aún más preocupante, únicamente siete estudios contaban con grupos de control y solo tres replicaban el experimento, un requisito fundamental para validar resultados científicos.
Para los autores, esta falta de monitoreo sistemático y de planes de evaluación a largo plazo representa una de las principales debilidades del método. “En cualquier proyecto de restauración, el valor más importante es el dato que demuestra su eficacia. El monitoreo implica un gasto, pero es indispensable para validar las decisiones tomadas”, explicó Craven, subrayando la necesidad de evaluar críticamente intervenciones ambientales que suelen implementarse con recursos públicos.
Entonces, si la evidencia es limitada y los costos son elevados, ¿por qué los bosques Miyawaki se han vuelto tan populares? El estudio sugiere que gran parte de sus afirmaciones provienen de literatura gris, como informes de ONG, sitios web de empresas y publicaciones no sometidas a revisión por pares, lo que dificulta evaluar su rigor científico y contribuye a su rápida difusión sin un sustento empírico robusto.
Frente a este escenario, los investigadores llaman a la prudencia y recomiendan priorizar estrategias de restauración ecológica y paisajismo urbano respaldadas por evidencia científica sólida. Asimismo, enfatizan la importancia de exigir informes transparentes y evaluaciones rigurosas, especialmente cuando estas iniciativas son financiadas con fondos públicos y presentadas como soluciones frente a la crisis climática.
Referencia del estudio: Journal of Applied Ecology.











