El Centro UC Observatorio de la Costa alertó que la combinación de un río atmosférico de categoría 5, marejadas y el aumento del caudal de ríos y esteros puede provocar inundaciones, erosión costera, aperturas naturales de humedales y daños a la infraestructura. Especialistas llaman a evitar sectores expuestos y a fortalecer el monitoreo científico durante estos eventos.
Mientras gran parte de la atención se concentra en las intensas precipitaciones pronosticadas para la zona central del país, asociadas a un río atmosférico de categoría 5, investigadores del Centro UC Observatorio de la Costa advirtieron que estos sistemas frontales también desencadenan una serie de procesos en el borde costero que pueden incrementar significativamente el riesgo para las personas y los ecosistemas.
Las lluvias intensas, cuando coinciden con marejadas anormales, mareas de sicigia y el aumento del caudal de esteros y ríos que desembocan en el mar, pueden generar anegamientos en zonas bajas, erosión acelerada de playas, sobrepasos del oleaje sobre costaneras y paseos costeros, además de modificar la dinámica natural de humedales y desembocaduras.
Un fenómeno que va más allá de la lluvia
La directora del Centro UC Observatorio de la Costa y académica del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Dra. Carolina Martínez, explicó que durante un sistema frontal distintos procesos ocurren de manera simultánea y deben ser considerados al evaluar los riesgos.
«En la costa ocurren distintos procesos al mismo tiempo durante un sistema frontal. No solo debemos preocuparnos por la lluvia, sino también por el comportamiento del mar, la respuesta de las playas, los acantilados blandos, los cerros que reaccionan al aumento del caudal en las desembocaduras y la lluvia intensa o concentrada. Los efectos que todo esto puede tener sobre las personas, la infraestructura y los ecosistemas costeros son muy variados y pueden generar graves daños, como muestra la historia de nuestros desastres hidrometeorológicos», señaló.
La investigadora indicó que este tipo de eventos suele favorecer procesos de erosión costera, inundaciones en sectores bajos y una mayor presión sobre humedales y desembocaduras. Asimismo, en zonas con pendientes pronunciadas aumenta la probabilidad de remociones en masa y socavones, como los registrados anteriormente en cerros de Valparaíso, Viña del Mar y en las dunas de Concón.
La importancia de las desembocaduras y humedales
Uno de los sectores más sensibles corresponde a las desembocaduras de esteros y humedales costeros. Durante lluvias intensas, el incremento del caudal puede abrir de forma natural las barras de arena que separan estos cuerpos de agua del mar, modificando rápidamente la dinámica del ecosistema.
En algunos casos también se realizan aperturas artificiales para facilitar el drenaje y reducir el riesgo de inundaciones en sectores urbanos. Sin embargo, la Dra. Martínez advirtió que estas intervenciones requieren criterios científicos y ambientales.
«Las aperturas artificiales de barras deben responder a protocolos técnicos y ecológicos. Alteran bruscamente el funcionamiento de humedales y desembocaduras, modificando procesos naturales cuyos efectos sobre la biodiversidad y la dinámica costera aún no se conocen completamente», explicó.
Como ejemplo, recordó lo ocurrido en el humedal San Jerónimo, en Algarrobo, donde en años anteriores se abrió manualmente la barra de arena para facilitar el escurrimiento del agua tras intensas precipitaciones. Situaciones similares se repiten en distintos puntos del país, muchas veces impulsadas por las propias comunidades, exponiendo a las personas a riesgos y generando impactos ecológicos que aún no han sido suficientemente evaluados.
Llamado a la prevención
Frente al sistema frontal, el Centro UC Observatorio de la Costa recomendó mantenerse informado mediante los canales oficiales y evitar acercarse a playas, costaneras, roqueríos, desembocaduras y zonas de rompiente mientras persistan las condiciones de peligro.
Además, hizo un llamado a no ingresar a sectores anegados o afectados por el sobrepaso del oleaje, ya que las condiciones del litoral pueden cambiar rápidamente incluso una vez que disminuyen las precipitaciones.
«La prevención sigue siendo la principal herramienta para reducir el riesgo. El monitoreo permanente y una adecuada planificación territorial son fundamentales para proteger tanto a las personas como a los ecosistemas costeros», concluyó la Dra. Martínez.
El Centro UC Observatorio de la Costa informó que continuará monitoreando la evolución del sistema frontal y sus efectos sobre el litoral, poniendo a disposición de las autoridades y de la comunidad información científica que contribuya a una mejor gestión del riesgo costero.
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