Un trekking patrimonial con aroma a jarilla

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Naturaleza, patrimonio e historia se entrelazan en el sendero Las Jarillas, una experiencia que invita a descubrir la riqueza biocultural de la precordillera del Limarí.

Por Eduardo Jaime

En la comuna de Monte Patria, región de Coquimbo, un grupo de visitantes participó en un trekking por el sendero Las Jarillas, un recorrido que pone en valor el patrimonio natural y cultural de la precordillera del Limarí. La actividad permitió a los asistentes conocer de cerca la biodiversidad del territorio y reflexionar sobre la importancia de conservar los ecosistemas y la memoria de los pueblos originarios.

El sendero recibe su nombre por la presencia de la jarilla, un arbusto nativo y endémico de las zonas áridas de Chile, reconocido por su gran adaptación a las condiciones de sequía. Tradicionalmente, las comunidades rurales han utilizado esta especie en la medicina popular, especialmente para aliviar dolencias asociadas al reumatismo, convirtiéndola en parte del patrimonio biocultural de la zona.

La caminata fue guiada por Eduardo Jaime Muñoz, guía turístico local y conocedor del territorio, quien compartió con los participantes relatos sobre la historia, la naturaleza y las tradiciones de Monte Patria. Bajo un cielo despejado, el grupo recorrió antiguos senderos mientras descubría la riqueza paisajística y cultural que caracteriza al valle del Limarí.

Uno de los momentos más significativos del recorrido fue la visita a un sector donde se conservan petroglifos, valiosos testimonios del legado de las culturas ancestrales que habitaron el territorio, especialmente del pueblo Diaguita y de la posterior influencia del Imperio Inca. Las figuras talladas en la roca despertaron gran interés entre los asistentes, quienes destacaron la necesidad de proteger este patrimonio arqueológico y promover iniciativas de turismo sustentable que contribuyan a su conservación y difusión.

Aprender desde el territorio

Para Maribel Castillo, profesora y participante de la actividad, el trekking demostró el enorme potencial educativo que posee la naturaleza.

«Más que disfrutar de un recorrido turístico, esta experiencia permite comprender que la naturaleza puede transformarse en un verdadero laboratorio de aprendizaje. Es una forma entretenida y significativa de conocer nuestro patrimonio”.

Eduardo Jaime junto a turistas.

Una impresión similar compartió Zaleny Guerra, quien visitaba por primera vez el lugar.

«No conocía este sector ni sabía que existían petroglifos. Descubrir este patrimonio me emocionó profundamente. Siempre hemos pensado que podríamos tener raíces diaguitas, por lo que conocer estos vestigios fue muy especial. Además, el guía generó un ambiente muy participativo, invitándonos a hacer preguntas y compartir lo que sabíamos sobre el territorio y su historia”.

Turismo que conecta con la identidad

Más allá del recorrido, la experiencia destacó por el valor de la narración oral. Los cuentos, leyendas e historias personales compartidas por el guía, junto con las vivencias de antiguos habitantes del sector, enriquecieron la interpretación del paisaje y permitieron comprender que cada sendero conserva no solo especies nativas y vestigios arqueológicos, sino también la memoria de las comunidades que han dado vida a este territorio.

Experiencias como esta demuestran que el turismo de naturaleza puede convertirse en una herramienta para la educación ambiental, la puesta en valor del patrimonio cultural y el desarrollo sustentable de las comunidades rurales, fortaleciendo el vínculo entre las personas y el extraordinario legado natural e histórico del valle del Limarí.

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