Proyecto multidisciplinario de la UCSC busca construir una cartografía digital junto a personas mayores de Hualpén

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Jean Pierre Molina, periodista Facultad de Ciencias UCSC.

La iniciativa reúne capacidades del Centro de Investigación en Biodiversidad y Ambientes Sustentables (CIBAS) y del Centro de Investigación en Educación y Desarrollo (CIEDE) de la UCSC, a través del trabajo de la Dra. Claudia Troncoso, de la Facultad de Medicina, y el Dr. Pedro Rossel, de la Facultad de Ingeniería. El proyecto busca desarrollar, junto a personas mayores de Hualpén, una herramienta que permita geolocalizar experiencias, necesidades, recursos y elementos de identidad vinculados con su territorio.

Las experiencias cotidianas, los recuerdos asociados a determinados lugares, las dificultades de movilidad, los recursos disponibles en los barrios y las necesidades identificadas por quienes han habitado durante décadas un territorio contienen información que difícilmente puede ser representada por un mapa convencional.

Recuperar ese conocimiento y transformarlo en una herramienta construida junto a la comunidad es precisamente el propósito de “Geolocalizando experiencias de vida: diseño de una cartografía digital co-construida con las personas mayores de la comuna de Hualpén”, proyecto que busca integrar tecnología, territorio y experiencia comunitaria.

La iniciativa corresponde al Fondo para el Trabajo Colaborativo en I+D+i con entidades externas a la UCSC 2025 y articula el trabajo de la Dra. Claudia Troncoso Pantoja, académica de la Facultad de Medicina UCSC, y del Dr. Pedro Rossel Cid, académico de la Facultad de Ingeniería UCSC. Ambos investigadores aportan desde sus respectivas áreas de especialización a una propuesta que integra gerontología, territorio y tecnología.

El proyecto surgió a partir de necesidades planteadas desde el territorio y de conversaciones con profesionales de la Dirección de Salud de Hualpén, donde surgió el interés por incorporar herramientas de georreferenciación. Para la Dra. Troncoso, esto abrió una oportunidad para sumar la mirada tecnológica del Dr. Pedro Rossel a un trabajo que requería, desde su origen, una aproximación interdisciplinaria.

“Este proyecto tiene un componente gerontológico que se responde desde la tecnología y que nos une como centros de investigación”, explicó la académica.

El diagnóstico inicial permitió identificar que las necesidades del territorio van mucho más allá del acceso o uso de herramientas digitales. También involucran dimensiones sociales, seguridad, recursos y redes de apoyo, además de elementos relacionados con la identidad y la historia de la comuna.

Escuchar antes de desarrollar la tecnología

Una de las principales características de la iniciativa es que la herramienta no fue definida previamente para luego ser presentada a las personas mayores. El equipo comenzó, en cambio, con un diagnóstico participativo destinado a conocer cómo las personas viven, recorren y significan su territorio, y qué características debería tener una futura cartografía digital.

Para ello se realizaron tres grupos de discusión independientes con personas mayores de distintos perfiles, incluyendo dirigentes vecinales, usuarios de atención primaria de salud y participantes de talleres comunitarios. Mediante la metodología de grupos focales (focus group), el equipo pudo caracterizar percepciones, experiencias y necesidades territoriales, información que posteriormente fue utilizada para orientar el diseño del protocolo de cartografía digital.

Entre los resultados se identificaron cinco grandes dimensiones que podrían formar parte de esta cartografía: recursos y apoyos; barreras y obstáculos; oportunidades y mejoras; memoria e identidad territorial; y seguimiento de gestiones.

A estas dimensiones se sumaron necesidades relacionadas con accesibilidad, transporte, seguridad, salud, participación comunitaria y acompañamiento tecnológico.

El diagnóstico también permitió cuestionar algunos prejuicios asociados al vínculo entre las personas mayores y la tecnología. Según explicó la Dra. Troncoso, existen realidades muy diversas, determinadas, entre otros factores, por las posibilidades de acceso y los niveles de alfabetización digital. Sin embargo, herramientas como WhatsApp forman actualmente parte de la vida cotidiana de muchas personas mayores.

Por ello, los participantes plantearon la importancia de combinar herramientas digitales con instancias presenciales y materiales físicos. La propuesta apunta así hacia un modelo híbrido, que considere lenguaje sencillo, acompañamiento y metodologías accesibles, evitando que la tecnología se transforme en una nueva barrera para la participación.

La tecnología al servicio de las experiencias

Desde el ámbito de la Ingeniería, el Dr. Pedro Rossel destacó que la tecnología puede aportar soluciones a necesidades concretas del territorio, siempre que estas sean desarrolladas considerando desde el comienzo a quienes finalmente utilizarán las herramientas.

“Cuando uno como especialista crea software, este se construye con personas y pensando también en que esas personas lo usarán posteriormente. Este software que estamos construyendo debe crearse de esa misma forma”, señaló.

Para el investigador, uno de los principales valores de la iniciativa se encuentra precisamente en la co-construcción. Las personas mayores no son entendidas únicamente como futuras usuarias de una aplicación, sino también como participantes activas en su proceso de creación.

“Al ser co-construido, quiere decir que además las personas pasan a ser integrantes o creadores también”, agregó Rossel, quien destacó el potencial de la herramienta para contribuir también al sentido de pertenencia de quienes participan en ella.

Este enfoque coincide con los resultados obtenidos durante el diagnóstico. Las personas mayores manifestaron disposición a utilizar herramientas tecnológicas, pero señalaron que estas deben estar acompañadas por espacios presenciales de aprendizaje y participación.

Asimismo, el proyecto contempla formatos como fotografías, audios, videos y ubicación geográfica, buscando facilitar distintas formas de registrar y compartir las experiencias vinculadas con el territorio.

Memoria e identidad como punto de partida

Tras el diagnóstico, el equipo desarrolló una segunda instancia junto a líderes de la comuna para presentar los resultados y priorizar aquellos elementos considerados importantes y urgentes por la propia comunidad. A partir de este proceso, la iniciativa avanzará hacia un piloto acotado asociado a la dimensión histórica y de identidad territorial.

La propuesta busca que las propias personas mayores puedan registrar sus historias vinculadas a distintos lugares mediante recursos como audios, textos o fotografías, contribuyendo a conservar experiencias que forman parte de la memoria colectiva de Hualpén.

“Las personas mayores tienen historias de vida que merecen ser contadas desde los territorios, que van cambiando. La desembocadura del Biobío no es la misma de hace 30 o 40 años. Es importante que protejamos nuestra historia y nuestra cultura, y que lo realicemos desde el relato de una historia de vida de alguien que estuvo ahí”, explicó la Dra. Troncoso.

De este modo, los registros podrían transformarse también en un legado para las familias y las futuras generaciones, incorporando al mapa una dimensión que habitualmente queda fuera de los catastros tradicionales: el significado afectivo, histórico y cultural que las comunidades atribuyen a los lugares que habitan.

Actualmente, el proyecto avanza en el desarrollo de la aplicación y posteriormente contempla la realización de un piloto para evaluar su funcionamiento. El objetivo será recoger nuevos aprendizajes directamente desde sus usuarios y, eventualmente, avanzar hacia un escalamiento que permita incorporar otras necesidades identificadas durante el diagnóstico.

Colaboración interdisciplinaria desde la UCSC

La iniciativa representa también una experiencia de colaboración entre el CIBAS y el CIEDE de la UCSC, además de vincular capacidades de las Facultades de Medicina e Ingeniería.

Para los investigadores, abordar desafíos territoriales requiere integrar conocimientos provenientes de distintas disciplinas.

“Los problemas finalmente, o las oportunidades que surgen en este territorio, no son temáticas necesariamente simples, entonces obviamente tienen que abordarse desde distintos puntos de vista”, sostuvo el Dr. Pedro Rossel, quien agregó que la diversidad de formaciones y enfoques constituye un aporte para generar soluciones pertinentes.

Una mirada compartida por la Dra. Claudia Troncoso, quien destacó que la riqueza de la interdisciplinariedad se encuentra precisamente en complementar perspectivas y reconocer los límites que posee cada disciplina cuando intenta responder de manera aislada a problemas complejos.

Así, más que desarrollar únicamente una nueva herramienta tecnológica, el proyecto busca demostrar que la innovación también puede comenzar escuchando.

La experiencia de Hualpén pone a las personas mayores en el centro de la construcción de conocimiento sobre su propio territorio, reconociendo sus historias, necesidades y capacidades como elementos fundamentales para diseñar soluciones que tengan sentido para quienes finalmente las utilizarán.

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