La ranita de Darwin (Rhinoderma darwinii) es uno de los anfibios más emblemáticos y singulares de los bosques templados de Chile y Argentina. Conocida por sus tonalidades verdes y cafés y por su extraordinaria estrategia reproductiva —la neomelia, mediante la cual el macho transporta las larvas en su saco vocal—, la especie continúa sorprendiendo a quienes estudian sus poblaciones.
Un reciente hallazgo en la Reserva Elemental Melimoyu, en la Patagonia de la Región de Aysén, registró por primera vez, dentro del monitoreo de la ONG Ranita de Darwin, un individuo con una inusual pigmentación azulada.
El descubrimiento fue realizado por Jaime Beltrand, fotógrafo y educador ambiental, durante una jornada de trabajo de campo. “Al acercarme, me di cuenta de que era una ranita de Darwin única, con patrones de colores azules nunca antes vistos durante 12 años de investigación de nuestra organización”, relata.
El ejemplar corresponde a un macho de 1,83 gramos y 27,01 milímetros de longitud, que además se encontraba en pleno proceso reproductivo, transportando aproximadamente cuatro larvas en su saco vocal.
Un hallazgo único tras 12 años de monitoreo
Beltrand fotografió al ejemplar en su hábitat y posteriormente lo liberó, procurando reducir al mínimo la manipulación y el estrés del animal.
El registro adquiere especial relevancia debido al extenso trabajo de monitoreo desarrollado por la ONG Ranita de Darwin. Durante más de una década de observación sistemática de poblaciones de esta especie, no se había documentado una variación cromática similar.
Más allá de lo llamativo de su coloración, el hallazgo constituye un nuevo antecedente sobre la variabilidad fenotípica de la especie. Esta información puede ser especialmente relevante en un anfibio que enfrenta distintas amenazas, entre ellas la pérdida y transformación de su hábitat y la presencia de enfermedades emergentes.
¿Por qué esta ranita es azul?
La coloración poco habitual del ejemplar plantea una pregunta central: ¿qué explica la presencia de tonos azules en una especie conocida principalmente por sus colores verdes y cafés?
Andrés Valenzuela, presidente de la ONG Ranita de Darwin, explica que una de las hipótesis está relacionada con una alteración en la pigmentación de la piel conocida como hipoxantismo.
En términos generales, el color verde de muchas ranas se produce por la interacción de diferentes pigmentos y estructuras presentes en la piel. Cuando disminuyen o están ausentes determinados pigmentos amarillos, puede hacerse más visible una tonalidad azul.
En el caso del ejemplar encontrado en Melimoyu, la presencia simultánea de zonas verdes y azules podría ser compatible con una reducción parcial de estos pigmentos.
Sin embargo, la causa exacta de esta coloración todavía debe determinarse. El hecho de que el ejemplar haya sido recapturado meses después y mantuviera su tonalidad azulada permite descartar, al menos preliminarmente, que se trate únicamente de un cambio pasajero asociado al estrés.
Esto abre nuevas posibilidades de investigación, entre ellas determinar si la característica está relacionada con procesos del desarrollo o si posee algún componente genético.
Un macho que además estaba cuidando a sus crías
El hallazgo resulta aún más particular porque el individuo fue encontrado mientras cumplía una de las funciones más extraordinarias de la especie.
En la ranita de Darwin, el macho participa activamente en el desarrollo de las crías. Después de la eclosión, incorpora las larvas a su saco vocal, donde permanecen durante parte de su desarrollo antes de completar su proceso de metamorfosis.
Esta estrategia reproductiva, conocida como neomelia, distingue a la especie de muchos otros anfibios y constituye uno de los ejemplos más singulares de cuidado parental dentro de este grupo.
Así, el ejemplar azul no solo representa un registro excepcional por su apariencia. También permite observar a un macho en una etapa fundamental de su ciclo reproductivo.
Una nueva pieza para comprender a la ranita de Darwin
En especies amenazadas, los monitoreos de largo plazo cumplen un papel fundamental. Permiten conocer la distribución de las poblaciones, identificar cambios y registrar características que podrían pasar inadvertidas durante observaciones aisladas.
El descubrimiento de esta ranita azul demuestra, además, que incluso después de años de investigación todavía pueden aparecer características desconocidas dentro de una especie.
Por ahora, la pregunta permanece abierta: ¿estamos frente a una variación individual poco frecuente o ante una característica que podría repetirse en otros ejemplares?
Responderla requerirá más observación, nuevos registros y, eventualmente, estudios que permitan conocer el origen de esta particular coloración.
En la Patagonia, una pequeña rana de apenas unos centímetros acaba de entregar una nueva razón para seguir mirando con atención los bosques que habita.













