Parientes del luche: nuevas especies de algas revelan la diversidad oculta del Pacífico y su rol frente al cambio climático

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Un grupo de algas tan cotidiano como el luche —presente en la cocina del sur de Chile— está ayudando a revelar una historia mucho más compleja sobre la biodiversidad marina del Pacífico. Un reciente estudio publicado en Phycologia identificó seis especies de algas rojas del orden Bangiales en la costa de Perú, incluyendo tres completamente nuevas para la ciencia.

El hallazgo, liderado por el biólogo Diego Márquez en colaboración con el Núcleo Milenio MASH del centro i~mar de la Universidad de Los Lagos, no solo amplía el conocimiento taxonómico de estas especies, sino que también abre una puerta clave: entender cómo la diversidad “invisible” del océano puede ser determinante en un escenario de cambio climático.

Lo que no se ve: especies distintas, casi idénticas

Durante décadas, muchas de estas algas pasaron desapercibidas. A simple vista, varias especies del grupo Bangiales son prácticamente indistinguibles. Sin embargo, al analizar más de 100 muestras recolectadas a lo largo de 1.800 kilómetros de costa peruana, los científicos combinaron herramientas de biología molecular con observaciones morfológicas para revelar una diversidad mucho mayor de la esperada.

Así, lograron identificar especies pertenecientes principalmente a los géneros Porphyra y Pyropia, incluyendo tres nuevas: Pyropia humboldtii, Porphyra acletoi y Porphyra tavari. Este tipo de descubrimientos confirma que aún existe una biodiversidad oculta en los océanos, especialmente en grupos donde las diferencias no son evidentes a simple vista.

Del luche a los bosques submarinos: por qué importa esta diversidad

En Chile, este grupo es ampliamente conocido por incluir al luche (Porphyra columbina), un alga comestible rica en proteínas, hierro y yodo, profundamente arraigada en la cultura y economía de las comunidades costeras.

Pero más allá de su valor gastronómico, estas algas cumplen funciones ecológicas clave. Son parte de redes tróficas, contribuyen a la productividad marina y sostienen sistemas de vida que dependen del equilibrio del océano.

Y aquí es donde la ciencia comienza a conectar puntos.

Adaptarse o desaparecer: la lección desde la Patagonia

Mientras en Perú se descubre nueva diversidad, en el sur de Chile otra investigación aporta una pieza fundamental del puzzle: no todas las algas responden igual a los cambios ambientales, incluso dentro de una misma especie.

Un estudio reciente sobre el huiro gigante (Macrocystis pyrifera) en la Patagonia chilena demostró que existen poblaciones localmente adaptadas a condiciones extremas. En los fiordos, donde la salinidad puede cambiar drásticamente por el aporte de agua dulce de lluvias, ríos y deshielo glaciar, algunas algas han desarrollado verdaderas “estrategias de supervivencia”.

Los experimentos mostraron que los huiros provenientes de ambientes estuarinos mantienen su crecimiento y fotosíntesis incluso bajo baja salinidad, mientras que aquellos del océano abierto pueden ver reducido su crecimiento hasta en un 43% bajo las mismas condiciones. La diferencia no está en la especie, sino en su adaptación local.

Cambio climático: el nuevo filtro invisible

Estos hallazgos tienen implicancias profundas. A medida que el cambio climático intensifica fenómenos como el deshielo glaciar y las lluvias extremas, los ecosistemas marinos están cambiando rápidamente. En lugares como la Patagonia, esto significa una disminución progresiva de la salinidad en los fiordos.

En este contexto, la diversidad —incluida aquella que recién estamos descubriendo— puede ser la clave para la resiliencia de los océanos. Algunas especies o poblaciones tendrán las herramientas biológicas para adaptarse, mientras que otras podrían desaparecer.

Macrocystis

Lo que hoy parece una diferencia mínima entre algas casi idénticas, podría definir qué ecosistemas sobreviven en el futuro.

Ciencia colaborativa para un océano cambiante

La participación de investigadores vinculados a Chile y Perú en estos estudios refleja el carácter colaborativo de la ciencia en el Pacífico sudoriental. Comprender la biodiversidad, su distribución y sus capacidades de adaptación no solo es un desafío académico, sino también una necesidad urgente para la conservación y el uso sustentable de los recursos marinos.

En un océano cada vez más presionado por el cambio climático, la sobreexplotación y la contaminación, conocer estas especies —incluso las más pequeñas o invisibles— es el primer paso para protegerlas.

Porque en ellas podría estar la clave para sostener la vida marina… y también la nuestra.

 

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