Un equipo internacional liderado por científicos del CATA y la Universidad Andrés Bello descubrió que esta galaxia cercana se formó a partir de una gran fusión ocurrida hace 6.000 millones de años.
La historia de la Pequeña Nube de Magallanes (SMC), una de las galaxias más próximas a la Vía Láctea, acaba de adquirir una nueva dimensión. Un estudio reciente, parte del proyecto internacional VISCACHA Survey, reveló que esta pequeña galaxia se formó tras una antigua fusión galáctica que ocurrió hace aproximadamente 6.000 millones de años, alterando su estructura y composición química.
El trabajo, titulado “The VISCACHA survey XIV: Chemical evolution history of the SMC – The Southern Bridge Clusters”, fue liderado por Saroon Sasi, investigador adscrito al Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA) y estudiante de doctorado en la Universidad Andrés Bello (UNAB), junto a Bruno Dias, investigador adjunto del CATA y académico UNAB. También participó Dante Minniti, investigador principal del CATA.
Los resultados muestran que los cúmulos estelares de las regiones Southern Bridge (SB) y West Halo (WH) de la SMC comparten la misma huella química, lo que constituye una fuerte evidencia de que ambas zonas tienen un origen común. Esta similitud apunta a un evento de fusión galáctica que redefinió la identidad de la Pequeña Nube de Magallanes.
“Los cúmulos estelares son fósiles ideales de la evolución galáctica, ya que conservan las condiciones químicas y físicas del entorno en el que nacieron”, explica Sasi. “En regiones complejas como Southern Bridge y West Halo, estos cúmulos funcionan como cápsulas del tiempo que nos permiten reconstruir la línea evolutiva de la galaxia”.
El análisis abarcó el 67% de los cúmulos conocidos del Southern Bridge, aplicando una metodología homogénea basada en observaciones de alta calidad. Los investigadores identificaron un patrón de evolución química prácticamente idéntico en ambas regiones, caracterizado por una abrupta caída de metalicidad hace 6.000 millones de años, seguida de un periodo de enriquecimiento acelerado.
“La única forma de explicar esta disminución tan marcada es que la galaxia recibió una gran inyección de gas pobre en metales proveniente de otra galaxia. No fue un evento menor, sino una fusión a gran escala”, destaca Bruno Dias.
Una fusión que cambió la historia galáctica
La Pequeña Nube de Magallanes es una galaxia enana irregular, rica en detalles estructurales y químicos. Según los autores, esta gran fusión no solo redefinió sus afueras, sino que dio forma a su estructura actual y a su identidad química.
“Nuestros hallazgos muestran que esta fusión introdujo gas prístino que provocó una caída de metalicidad y un brote de formación estelar. Esto hace que la SMC no sea una simple galaxia irregular, sino el resultado de un proceso de formación mucho más complejo”, explica Sasi.
Este fenómeno guarda paralelos con la evolución de otras galaxias mayores. “Por ejemplo, el halo de la Vía Láctea se formó en parte tras una gran fusión con la galaxia Gaia-Sausage-Enceladus, hace entre 8.000 y 10.000 millones de años. A diferencia de esos sistemas, la SMC está cerca y es significativamente más pobre en metales, lo que nos permite estudiarla con gran detalle”, añade el investigador.
Próximos pasos del estudio
El equipo planea ahora extender la investigación hacia zonas poco exploradas de la SMC, como las regiones Counter Bridge y Northern Bridge, para determinar si también conservan la huella de aquella fusión galáctica o si evolucionaron de manera distinta.
“Queremos realizar estudios espectroscópicos de alta resolución en cúmulos clave de esas regiones para precisar la naturaleza y el impacto de la fusión en la historia completa de la galaxia”, adelanta Sasi.
Este trabajo se enmarca en el VISCACHA Survey, un proyecto internacional que busca comprender la evolución química y estructural de las galaxias más cercanas a la nuestra, liderado desde Chile por Bruno Dias.
“Cada cúmulo que estudiamos nos entrega piezas de un rompecabezas que revela cómo se formaron las primeras galaxias. Que podamos hacerlo desde Chile, contribuyendo a la astronomía mundial, es un orgullo y una motivación para seguir investigando”, concluye el investigador CATA.











