Contaminación por metales pesados y cambios estacionales amenazan la reproducción del huiro negro en Quintero-Puchuncaví

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Un estudio liderado por investigadores del Instituto Milenio en Socio-Ecología Costera (SECOS) reveló que la contaminación por metales pesados y los efectos de la estacionalidad afectan las etapas reproductivas tempranas del huiro negro (Lessonia spicata), un recurso clave para pescadores artesanales. Los hallazgos advierten consecuencias ecológicas y económicas en la bahía de Quintero-Puchuncaví, y refuerzan la necesidad de integrar la variable ambiental en las políticas de manejo costero.

La bahía de Quintero-Puchuncaví, en la Región de Valparaíso, ha sido durante décadas un emblema de la contaminación industrial en Chile. En su territorio se instaló un complejo industrial que incluyó fundiciones de cobre, termoeléctricas a carbón y descargas de hidrocarburos, generando una degradación ambiental crónica ampliamente documentada por la ciencia. Estudios previos han reportado concentraciones de metales pesados muy por sobre los estándares internacionales de calidad de agua y evidencias de transferencia de contaminantes desde algas hasta invertebrados marinos.

Ahora, un nuevo estudio científico entrega evidencia inédita sobre cómo la combinación entre contaminación y variabilidad estacional compromete la reproducción del huiro negro, una de las algas pardas más importantes del país, tanto en términos ecológicos como económicos.

Una especie clave en riesgo

La investigación, publicada recientemente en la revista Journal of Applied Phycology, fue liderada por Loretto Contreras, investigadora del Instituto SECOS, CAPES y académica de la Universidad Andrés Bello, junto a un grupo de investigadores del Instituto Milenio SECOS y distintas universidades.

El equipo estudió dos sitios contrastantes: Horcón, una bahía de Puchuncaví expuesta a altos niveles de contaminación, y Quintay, considerada de bajo impacto. En ambos lugares se recolectaron esporas en primavera de 2023 y otoño de 2024, para evaluar el esfuerzo reproductivo de la especie durante 28 días en condiciones controladas.

Los resultados muestran que, si bien el huiro negro alcanza su máximo reproductivo en otoño, esta ventana natural de éxito se ve fuertemente interrumpida por la contaminación, generando un efecto de “cuello de botella” que reduce drásticamente las poblaciones en sus fases más vulnerables. En zonas afectadas como Horcón, las etapas iniciales del ciclo de vida del alga se ven seriamente comprometidas, disminuyendo su capacidad de regeneración y persistencia en el tiempo.

“En sitios contaminados como Horcón observamos menor sobrevivencia de gametofitos, desequilibrio de sexos y necrosis de esporofitos. Aunque puede parecer que hay alta fecundidad, es un efecto artificial producto de la mortalidad de muchos individuos”, explica Loretto Contreras.

El ciclo de vida bajo presión

El estudio destaca la importancia de las fases microscópicas del ciclo de vida de las algas, un momento crítico que suele pasar desapercibido en la investigación y en la gestión ambiental.
“Las algas tienen más de un evento reproductivo al año, pero buscan condiciones ideales en otoño. En Horcón vimos que esas condiciones se interrumpen por factores estresantes como la contaminación, provocando blanqueamiento y necrosis en etapas tempranas”, señala Geraldine Véliz, investigadora SECOS-UNAB, quien desarrolló su tesis de pregrado en esta investigación.

Según Véliz, la vulnerabilidad de las fases iniciales puede generar un efecto dominó: “Si las fases tempranas no se desarrollan bien, disminuye la diversidad genética y la resiliencia de la especie frente a otros eventos de estrés, como el aumento de temperaturas producto del cambio climático”.

Más allá del impacto ecológico, el hallazgo tiene implicancias socioeconómicas relevantes. En Chile, la recolección de algas es una fuente de ingresos para miles de familias. “Si las poblaciones no logran renovarse, la disponibilidad de huiro disminuye, afectando directamente a los pescadores y recolectores artesanales que dependen de este recurso”, advierte Contreras.

A mediano plazo, los investigadores anticipan una reducción en la cantidad de algas disponibles para cosecha, y a largo plazo, el riesgo de pérdida de bancos naturales en zonas como Quintero-Puchuncaví.

Por ello, el equipo enfatiza que los resultados deben servir como base para ajustar las políticas de manejo y conservación de los recursos marinos en Chile.

“Las políticas deben reconocer que la contaminación no solo daña la salud de los ecosistemas, sino también los medios de vida locales. Se requieren planes de manejo diferenciados, límites de extracción adaptados e iniciativas de restauración de bosques marinos”, concluye Contreras.

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