Un simple examen de tres minutos basado en ondas cerebrales podría transformar la detección temprana del Alzheimer. Así lo sugiere un ensayo clínico que demuestra que esta prueba es capaz de identificar alteraciones de memoria vinculadas a la enfermedad mucho antes del diagnóstico habitual, abriendo camino a intervenciones farmacológicas tempranas.
El método, conocido como Fastball, es un tipo de electroencefalograma (EEG) que registra la actividad eléctrica del cerebro mientras la persona observa una secuencia rápida de imágenes. Durante el ensayo, la prueba detectó patrones anormales en personas con deterioro cognitivo leve (DCL), especialmente en quienes presentan la variante amnésica, considerada la de mayor riesgo para desarrollar Alzheimer.
Cómo funciona la prueba
Desarrollado por investigadores de la Universidad de Bath, el test emplea sensores sobre el cuero cabelludo para captar la respuesta cerebral automática a imágenes previamente vistas. Antes del examen, los participantes observan ocho objetos y los nombran, sin necesidad de memorizarlos. Luego, durante la prueba, cientos de imágenes se proyectan a gran velocidad y cada cierto número aparece una de las vistas anteriormente.

La clave está en la reacción neuronal: en personas sanas, el cerebro muestra una respuesta característica al reconocer imágenes familiares. En individuos con DCL amnésico, esa señal aparece debilitada.
Resultados prometedores
El ensayo, realizado junto a la Universidad de Bristol, incluyó 54 personas sanas y 52 pacientes con DCL. Los resultados, publicados en Brain Communications, muestran que la prueba distingue con claridad entre personas con DCL amnésico, con DCL no amnésico y personas sin alteraciones cognitivas. Aunque no permite predecir con certeza quién desarrollará Alzheimer, sí ofrece una herramienta para identificar a quienes se encuentran en mayor riesgo.
Esta información adquiere especial relevancia en el contexto de nuevos tratamientos como donanemab y lecanemab, cuya eficacia aumenta cuando se administran en etapas muy tempranas de la enfermedad.
Un avance hacia diagnósticos más accesibles
Un aspecto destacado es que todos los exámenes se realizaron en los hogares de los participantes, algo que, según los investigadores, podría facilitar el acceso, reducir la ansiedad y permitir implementaciones a gran escala.
Especialistas externos valoran el avance, pero enfatizan que aún es necesario evaluar si la prueba puede anticipar la evolución clínica a lo largo del tiempo y complementar otras herramientas diagnósticas como exámenes cognitivos o futuros análisis de sangre.
Desde Alzheimer’s Research UK, la Dra. Julia Dudley subraya que “las nuevas terapias son más efectivas cuando se administran en fases tempranas, por lo que este tipo de exploraciones es clave”. Sin embargo, advierte que la memoria puede verse afectada por múltiples condiciones, por lo que se requieren estudios más amplios y diversos.












