Bajo la superficie del océano Pacífico, a lo largo de las costas de Perú y Chile, se extienden verdaderos bosques submarinos que sostienen la vida marina, protegen el borde costero y aportan a la economía local. Sin embargo, estos ecosistemas —formados por grandes algas pardas conocidas como huiros o kelp— enfrentan un escenario alarmante: el cambio climático podría hacer desaparecer más del 60% de su hábitat actual en las próximas décadas.
Así lo advierte una investigación reciente publicada en la revista científica PLOS ONE, que analizó cómo el aumento de la temperatura del mar y los cambios en la salinidad afectarían la distribución futura de dos especies clave de huiro intermareal: Lessonia berteroana y Lessonia spicata. Ambas son endémicas del Pacífico sudamericano y cumplen un rol ecológico comparable al de los bosques terrestres.
Ingenieros ecosistémicos bajo presión climática
Los huiros no solo son algas de gran tamaño. Funcionan como ingenieros ecosistémicos, creando estructuras tridimensionales que ofrecen refugio, alimento y zonas de reproducción para cientos de especies marinas, incluidas aquellas de alto valor comercial como el loco, la lapa, el erizo y diversos peces costeros. Además, capturan dióxido de carbono, contribuyen a la productividad pesquera y atenúan la energía del oleaje, protegiendo las costas frente a la erosión.
“En el ambiente acuático cumplen un rol similar al de los bosques terrestres: cuando desaparecen, también se pierden los servicios ecosistémicos que sostienen la biodiversidad y las actividades humanas”, explica Fadia Tala, académica de la Universidad Católica del Norte y una de las autoras del estudio.
Modelar el futuro del océano
Para evaluar el impacto del cambio climático, el equipo científico utilizó modelos de distribución de especies, una herramienta que permite proyectar dónde podrían sobrevivir estas algas en el futuro bajo distintos escenarios climáticos. El análisis abarcó un amplio rango latitudinal, desde Marcona, en Perú, hasta Chiloé, en Chile, combinando registros georreferenciados de presencia de las especies con variables ambientales como temperatura y salinidad del agua superficial.
Los resultados son contundentes. Lessonia berteroana podría perder más del 60% de su hábitat actual, especialmente en el norte de su distribución, con escasas posibilidades de expansión hacia nuevas áreas. En tanto que Lessonia spicata también enfrentaría una fuerte contracción en el norte, aunque mantendría parte de su distribución en el sur de Chile e incluso podría desplazarse hacia zonas más australes.
“La zona donde hoy ambas especies coexisten, particularmente en la región de Coquimbo, podría dejar de existir hacia 2050”, advierte Alejandra González, académica de la Universidad de Chile y coautora del estudio.
Cuando el océano se calienta, los bosques se fragmentan
El estudio también revela que cada especie responde de manera distinta a los cambios ambientales. Mientras L. berteroana es especialmente sensible a la temperatura promedio y a variaciones extremas de salinidad, L. spicata responde más a las temperaturas máximas y medias del agua. Estas diferencias reflejan límites fisiológicos y capacidades adaptativas específicas, que condicionan su supervivencia futura.
La fragmentación de los bosques de huiro no solo implica una pérdida de superficie. También aumenta el aislamiento de las poblaciones, dificultando su recuperación natural, ya que estas algas tienen una capacidad de dispersión limitada.
Amenazas que se superponen
Aunque el modelamiento se centró en variables climáticas, las investigadoras advierten que existen presiones adicionales de origen humano que agravan el problema: la sobreexplotación para la industria de alginatos, la contaminación costera asociada a actividades mineras y el avance de proyectos inmobiliarios en el borde costero.
“Las algas no reconocen fronteras políticas, sino límites fisiológicos”, subraya Tala. “Cuando a la presión climática se suman impactos locales, el riesgo se amplifica”.
Conservación, manejo y comunidades costeras
La investigación destaca la urgencia de estrategias de manejo y conservación basadas en evidencia científica, adaptadas a las particularidades de cada especie. Entre las medidas más efectivas se encuentran la cosecha sostenible y rotativa, el fortalecimiento de áreas marinas protegidas y la prohibición de extracción en zonas clave.
En Chile, experiencias de cogestión con pescadores artesanales han demostrado ser una vía prometedora. A través de proyectos de repoblamiento y escuelas de manejo, las comunidades locales participan activamente en la restauración de los bosques de algas.
“Buscamos que la conservación no sea impuesta desde la ciencia, sino construida desde los territorios”, señala González.
Un punto de inflexión para los bosques submarinos
El estudio advierte que, sin acciones rápidas y coordinadas, la pérdida de los bosques de huiro podría desencadenar efectos ecológicos y sociales difíciles de revertir. No obstante, también identifica zonas del sur de Sudamérica —como la Patagonia— que aún mantienen poblaciones saludables y podrían convertirse en reservorios de esperanza frente al declive global de estos ecosistemas.
En un océano cada vez más cálido, el futuro de los bosques submarinos del Pacífico sudamericano dependerá tanto de la reducción de las emisiones globales como de la capacidad local para proteger, manejar y restaurar estos ecosistemas esenciales.
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Fuentes Mongabay Latam











